Fuera de contrato Capítulo 33
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Capítulo 33

Fuera de banda: Cuando la acción se desvía del campo principal y todo parece salirse del plan.

Amber

Las risas de Sam y Alex llenan la cocina mientras terminamos de preparar la cena.

El aroma de las verduras asadas y el pollo al horno invade el ambiente y, por un momento, todo parece sencillo y tranquilo.

Es como si el caos de los últimos días no existiera.

Nos hemos reunido para una cena casual, para desconectar y disfrutar de un rato juntas, sin preocupaciones.

Sam se inclina sobre la encimera, cortando el pan con precisión, mientras Alex organiza los platos en la mesa, colocando todo con un cuidado que siempre me ha parecido exagerado, pero que hoy agradezco.

—Esto huele increíble —comenta Sam, inhalando con profundidad—. Si cocinas así todos los días, Amber, me mudo aquí mañana mismo.

—Bueno, siempre hay una habitación libre, pero tendrás que ganártela.

Alex, desde el comedor, lanza una risa sarcástica mientras ajusta uno de los cubiertos.

—¿Ganar? ¿Con qué? —pregunta Sam, arqueando una ceja, claramente interesada.

—Con tus habilidades de limpieza, por supuesto —respondo, divertida—. Porque aquí, la que cocina no limpia.

Sam suelta una carcajada y mira a Alex, quien está terminando de alinear los platos en la mesa.

—Oye, Alex, creo que a ti también te toca un turno en la cocina, ¿no? —dice Sam con un tono pícaro.

—¿A mí? —Alex se gira desde el comedor y la mira con una expresión de fingida sorpresa—. ¿No he hecho ya bastante? Mira estas líneas perfectamente alineadas —bromea, señalando los cubiertos que ha colocado con precisión quirúrgica.

—Sí, sí —le respondo con un gesto teatral—. Siempre tan perfeccionista. Pero te aseguro que lo que realmente importa es lo que se cocina y no cómo se colocan los platos.

Justo cuando estamos a punto de sentarnos a la mesa, el timbre de la puerta suena.

Alex se adelanta para abrirla.

Escucho un murmullo de voces en la entrada y, al cabo de unos segundos, Alex vuelve al comedor.

—Amber, creo que será mejor que vayas tú.

Un ligero nerviosismo se instala en mi pecho mientras me acerco a la puerta.

Al llegar, la sorpresa me golpea de lleno: Henry está aquí. De pie en el umbral, con bolsas en las manos y una expresión en su rostro que me deja sin palabras.

Va vestido de manera casual, con una camiseta gris que resalta sus hombros anchos y unos vaqueros oscuros que caen con la misma facilidad con la que él parece enfrentarse a cualquier situación.

Hace nada estaba en su casa por el tema del cargador y ahora está aquí, frente a mi puerta. Mi mente se queda en blanco por un segundo. No entiendo qué está haciendo aquí.

—¿Ocurre algo? —pregunto, desconcertada.

—No, no —responde, pasando la única mano libre por su nuca—. Es solo que… Después de lo de antes, pensé en ir a comprar algo para cenar y, no sé, cenar juntos. No sabía que tenías compañía.

—¿Y eso es la cena?

—Sí. —Eleva las bolsas—. Sushi.

Antes de que pueda decir algo más, Sam interviene desde el comedor con un tono entusiasta:

—¿Sushi? ¡Dios mío, tienes que dejarle entrar, Amber!

Una sonrisa se dibuja en mis labios ante la espontaneidad de mi amiga.

Me giro hacia Henry, soltando un suspiro, pero con un brillo de diversión en los ojos.

—Pasa —le invito, haciendo un gesto para que entre.

Henry asiente, visiblemente aliviado, y cruza el umbral de la puerta. Mientras se acomoda, no puedo evitar añadir:

—Aquí no tenemos que fingir. Ellas saben lo del contrato.

Henry asiente de nuevo, pero esta vez con una sonrisa más relajada, mientras mira a Sam y Alex, quienes ya están sonriendo.

—Deberíamos escaparnos a una playa desierta, hacer una hoguera y cantar canciones cursis bajo las estrellas.

La mesa se queda en silencio durante un segundo, y luego estalla en carcajadas.

—¿Qué? —protesta Sam, riéndose también—. ¡Lo digo en serio! Imagina lo épico que sería.

—Claro, y después podemos construir una balsa y zarpar hacia lo desconocido —añade Alex, siguiéndole el juego mientras sirve lo que queda de vino en su copa.

—Sam, creo que deberías no beber más —le digo, intentando sonar lo más seria posible.

—¿Quién, yo? —responde, haciéndose la ofendida, pero su sonrisa delata que está a punto de soltar una broma—. Amber, querida, te olvidas de que soy una profesional en esto.

La risa que sigue es contagiosa, y pronto todos nos reímos.

Durante la temporada, no tocamos una gota de alcohol; las restricciones son estrictas y todos nos ceñimos a ellas. Pero ahora, en vacaciones, todo se siente un poco más permisivo, un poco más libre.

Estamos todavía en la mesa, aunque la comida hace tiempo que se ha terminado.

Ninguno de nosotros parece tener prisa por levantarse; es como si todos estuviéramos intentando prolongar este momento un poco más, disfrutando de la compañía y de la tranquilidad que solo se encuentra en noches como esta.

—Es que al final hacéis buena pareja y todo. —La defensora de mi equipo nos señala con la copa de vino a Henry y a mí.

Él y yo nos miramos al mismo tiempo, sorprendidos por el comentario. Hay un segundo de silencio antes de que me atreva a responder.

—¿Nosotros? —pregunto, negando con la cabeza.

—Creo que estamos haciendo un buen trabajo —dice él, sonriendo con aire despreocupado.

Sam se ríe y sacude la cabeza, disfrutando de la situación.

Asiento, más para mí misma que para nadie más, mientras tomo un sorbo de mi copa de vino.

Es curioso cómo una cena que empezó siendo una excusa para desconectar ha acabado reuniéndonos aquí, con Henry incluido, como si esto fuera lo más natural del mundo.

Pero claro, no hay nada natural en nuestra relación.

Es un guion construido de manera cuidadosa, y nosotros somos los actores que intentan parecer genuinos.

Por suerte, Sam y Alex no necesitan actuar.

—¿Y cómo va eso de «hacer un buen trabajo»? —pregunta Alex, inclinándose ligeramente hacia Henry.

—Bueno, no nos hemos matado todavía —responde este.

Por un instante, dejo caer la guardia y me permito disfrutar de la ironía de sus palabras, de la ligereza que suelta el ambiente, como si todo fuera normal entre nosotros.

Pero no lo es.

Y, cuando la actuación termine, todo lo que quedará será el silencio incómodo entre dos extraños que compartieron demasiado sin conocerse en realidad.