Capítulo 25
Tiempo de descuento: Los minutos adicionales que pueden ser decisivos.
Amber
Salto. Me tiro y me arrastro por el sofá para luego empezar a subir las escaleras.
Una vez estoy arriba, lo veo brincar de aro en aro.
No voy a permitir que llegue antes que yo.
Esta vez, ni de coña. Acelero hasta que mi cuerpo está lo suficientemente cerca del suyo.
Juro que en mi cabeza el plan era fácil: lanzarme hacia él y aprovechar la colchoneta que hemos situado a la izquierda.
La realidad es que no consigo mover su cuerpo y él se queda mirándome con cara de «¿Qué haces?».
—Prescott —me dice con tono serio—, ¿has intentado tumbarme en la colchoneta?
—No, no. He calculado mal mi movimiento.
—En serio, tienes que practicar lo de mentir.
Aunque suene ridículo, hemos creado una carrera de obstáculos por la casa. A pesar de que en un inicio estaba bastante reacia, tengo que retractarme y admitir que es bastante divertido.
De pronto, en un giro inesperado, Henry me agarra por la cintura y, antes de que pueda procesar lo que sucede, nos lanza a ambos sobre la colchoneta que hemos colocado como parte del recorrido.
El impacto es suave, pero el mundo parece ralentizarse cuando me doy cuenta de que Henry ha quedado encima de mí, con su peso ligeramente presionando contra mi cuerpo.
—Prefiero empatar, a que ganes —susurra.
Su pecho sube y baja en un ritmo que parece sincronizarse con el mío, y la expresión en su rostro, tan concentrada y a la vez relajada, me hace sentir una extraña mezcla de nerviosismo y… algo más que no quiero identificar en este momento.
Puedo sentir su respiración cálida contra mi piel; una sensación que envía escalofríos por mi cuerpo. Su peso sobre mí es firme, pero no opresivo. Su mirada, profunda y penetrante, está fija en la mía, como si intentara descifrar cada uno de mis pensamientos.
—No juegas limpio, Henry.
—Dijo la que ha tratado de tirarme. Por cierto, un intento bastante cutre.
—¿Para qué hemos puesto si no las colchonetas? —me justifico—. Y ni se te ocurra llamarme débil.
—No he dicho eso —responde, arqueando una ceja.
Por más que intento controlar la situación, hay algo en su proximidad, en la manera en que sus ojos se clavan en los míos, que hace que mantener el control sea un reto mucho mayor de lo que esperaba.
Intento desviar mis pensamientos, enfocándome en cualquier cosa que no sea el hecho de que Henry está tan cerca.
Este me observa durante un momento más, como si estuviera decidiendo algo, y luego, se aparta. La tensión que había entre nosotros se disipa cuando su peso desaparece, pero la sensación de su proximidad aún me persigue.
—Voy a la ducha —dice con un tono casual, como si nada hubiera pasado, mientras se levanta y se sacude las manos. Me lanza una última mirada antes de girarse y salir de la habitación, dejándome sola en la colchoneta.
Me quedo allí, tumbada por unos segundos más, tratando de procesar lo que acaba de suceder. El silencio de la casa parece más intenso ahora, casi opresivo. Finalmente, me incorporo, notando cómo el latido de mi corazón se va normalizando.
Paseo por las habitaciones, dejando que mis ojos se deslicen por los detalles que antes no había notado. La casa de Henry es grande, moderna, pero con un toque personal en la decoración. Es como si cada espacio reflejara una parte diferente de su personalidad.
Al abrir una de las puertas, me encuentro con su cine privado. Hay filas de butacas de cuero oscuro, a diferentes niveles, para asegurarse una vista perfecta desde cualquier ángulo. La pantalla ocupa casi toda la pared frontal.
Me siento en una de las butacas, hundiéndome en el confort. Miro la pantalla, y la enciendo. Es imposible tenerla delante y no hacerlo. Con un gesto rápido, el cine cobra vida y la pantalla se ilumina con una luz suave y blanca, esperando que decida qué ver. Empiezo a buscar opciones para mirar.
Tomo el mando y comienzo a navegar. La interfaz es intuitiva, y me muestra una impresionante variedad de géneros y títulos. Sin embargo, mi cabeza tiene bastante claro qué ver: cualquier película de Disney.
Me detengo un momento, sopesando las opciones, cuando de repente escucho la voz de Henry resonando desde algún lugar cercano.
—¿Amber? —pregunta, con un tono algo dubitativo, como si se estuviera preguntando dónde me he metido.
Ignoro el impulso de responder de inmediato, con mis ojos aún fijos en la pantalla mientras sigo buscando entre los títulos de Disney. Pero, cuando vuelvo a escuchar su voz, un poco más cerca, esta vez, sé que tengo que responderle.
—Aquí, cine —indico en voz alta, levantándome de la butaca y dirigiéndome hacia la puerta. Salgo al pasillo y me encuentro con Henry, que parece un poco desconcertado al verme aquí.
Él me sigue de vuelta al interior de la sala, y cuando sus ojos se fijan en la pantalla, levanta una ceja con una mezcla de sorpresa y diversión.
—¿Disney? —pregunta, sin poder ocultar el asombro en su voz.
—¿Algún problema? —respondo, cruzándome de brazos, para enfrentarlo con un tono desafiante.
—No, no, para nada —se apresura a decir.
De repente, Henry se deja caer en una de las butacas al lado mío, acomodándose. Se reclina hacia atrás, extendiendo las piernas, y pareciendo perfectamente cómodo, como si no tuviera ninguna intención de irse.
—¿Te vas a quedar aquí? —pregunto, medio en broma, medio en serio.
Henry gira la cabeza hacia mí, con una sonrisa tranquila en su rostro.
—¿Hay algo mejor que hacer? —responde con naturalidad, encogiéndose de hombros—. Además, tengo curiosidad por saber qué película vas a elegir.
Sus palabras me pillan desprevenida y, por un momento, no sé si reírme o seguir con mi actitud desafiante. Pero su expresión relajada y la manera en que se ha acomodado en la butaca me hacen pensar que no tiene intención de moverse.
—Bueno, si tanto te interesa… —respondo finalmente, dejando que mi actitud se suavice mientras vuelvo a enfocarme en la pantalla—. Voy a poner Big Hero .
—Buena elección —dice Henry, sorprendiéndome con la rapidez de su aprobación.
—¿En serio? —pregunto, levantando una ceja mientras selecciono la película—. No te veía como fan de Disney, y mucho menos de películas animadas.
—No me veías viendo tus partidos, tampoco películas Disney… ¿Qué soy? ¿Un vampiro o qué?
Su comentario me hace reír, y es algo que no esperaba en este momento. Hay algo en su capacidad para tomarse a la ligera cualquier situación que me desarma un poco. Es como si no fuera necesario mantener siempre la guardia alta con él. Es un pensamiento que no quiero analizar demasiado ahora.
—Dale al play , anda —indica con tono ligero.
Obedezco, presionando el botón y dejando que la película comience a llenar la pantalla.