Capítulo 24
Cambio de juego: Un giro inesperado que transforma completamente la estrategia.
Henry
—Será mejor que salgamos los dos.
He intentado concentrarme en mi entrenamiento, en el ritmo constante de las pesas y en mi respiración, pero la imagen de Amber disfrutando del sol, tan cerca y al mismo tiempo tan fuera de alcance, me distraía una y otra vez.
Sé que debería mantenerme al margen, concentrado en mis propias actividades para evitar cualquier tensión adicional.
Pero, sinceramente, no he podido resistirme a la tentación de estar cerca de ella, aunque solo sea desde la distancia.
—¿Te vas a meter sudado y con pantalón de chándal?
Niego con la cabeza, y le señalo la ducha que está al fondo de la piscina. La abro y me pongo debajo. Después del entrenamiento, el agua se siente aún más fría.
Cuando todo mi cuerpo está empapado de agua, cierro el grifo.
—No te preocupes por el chándal. Tengo un montón iguales —digo mientras me acerco donde está ella—. Será mejor un reel , ¿sabes?
Se queda dubitativa, mirándome.
—¿Qué propones?
—Deja la cámara ahí, grabando, y te lo muestro.
—No vamos a besarnos.
—Te prometo que no lo haré.
Amber parece considerarlo un momento más antes de asentir y colocar el teléfono en un trípode improvisado. Asegura que está grabando y luego se vuelve hacia mí, aún con cierta incertidumbre en su mirada.
Una vez que confirma que la cámara está en posición, me giro hacia ella, ofreciéndole mi sonrisa más tranquilizadora.
Me acerco y, en un gesto suave, paso mi mano por su nuca.
Puedo imaginar los pensamientos que deben estar cruzando por su mente, la sospecha de que romperé mi promesa.
Sin embargo, en lugar de cualquier movimiento hacia un beso, mi mano desciende de manera lenta por su cuerpo, deslizándose hacia sus piernas.
En lugar de llevar el momento hacia algo más íntimo o espectacular, tomo su mano suavemente y sonrío con complicidad.
—Vamos a hacer algo divertido —murmuro.
Guiándola unos pasos hacia atrás, hacia el borde de la piscina, mantenemos el contacto visual, creando un momento de anticipación. La cámara captura cada gesto, cada mirada cómplice. Saltamos al agua, entrando con un gran chapoteo, pero con nuestros dedos entrelazados.
El agua nos envuelve en su frescura. Al emerger, veo que está sonriendo y sé que he hecho bien en cambiar de planes, ya que, mi principal idea era que se colocara a horcajadas sobre mi cuerpo.
—Creo que con eso bastará —comento, mientras se dirige hacia el borde de la piscina.
Cuando Amber emerge de la piscina, la luz del sol captura a la perfección los tonos suaves de su bikini amarillo pastel.
Me gustaría decir que me he aprendido de memoria la forma que tiene la parte de arriba y, sobre todo, el corte alto de la parte inferior, pero la realidad es que he prestado atención a otras cosas, como su cuerpo.
—¡Es perfecto! —exclama, elevando el pulgar de su mano—. ¿Quieres verlo?
Y justo en ese momento, mientras mi culo toca el bordillo, es cuando me doy cuenta de que mi pene no ha podido ignorar el cuerpo de Amber. Aprovecho que ella todavía sigue mirando la pantalla de su móvil para recolocar mi entrepierna y que el bulto se note menos.
Necesito que mi mente se vaya a otra parte.
—¿Qué prefieres, un día sin móvil o sin poder hablar?
—Sin móvil —dice mientras sus manos están deslizándose, escribiendo la descripción del vídeo antes de subirlo.
—Demuéstralo.
—¿Quieres que esté en tu casa sin teléfono? —Me mira, desconcertada.
—¿Por qué no?
—No creo que sea la mejor idea.
Cuando se tumba y deja el teléfono al otro lado, sé que ha subido el reel y que me ha etiquetado.
—Ahí tienes razón. Mis ideas nunca son buenas.
—Me aburriría.
A pesar de que su respuesta suena sincera, me cuesta creerlo. No creo que sea una chica aburrida, para nada. Además, estoy seguro de que encontraría qué hacer con su tiempo libre en esta casa.
—Eso significa que Amber Prescott no tiene ovari…
—Ni se te ocurra acabar la frase —me interrumpe.
Me esfuerzo en aguantar la carcajada, y al final solo sonrío. La situación me hace gracia porque Asher reacciona igual ante este tipo de provocaciones.
Amber se gira hacia mí, quedándose sentada y llevándose las manos a la cara. Suspira y luego eleva la vista. No recordaba la profundidad de sus ojos azules.
—Ninguno de los dos.
—¿Cómo?
—Ni tú ni yo estaremos con los móviles.
—Me parece justo. —Alargo mi brazo para que estreche mi mano.
Ambos nos damos un apretón y luego me levanto para buscar una caja. Cojo la primera que encuentro y, cuando salgo a la terraza, meto mi teléfono delante de ella para que lo vea.
—¿Por qué te estoy haciendo caso? Joder, es que debería de haberte…
—Estás a tiempo de retirarte —le corto.
—¿Retirarme? —Se ríe—. Se nota que no has visto ningún partido mío.
Tras eso, muestra una cara amarga y deja el teléfono. Cierro la caja, y, por supuesto, la guardo en un estante de la cocina que sé que no va a abrir.
Cuando vuelvo a salir, la veo cruzada de brazos y mirando el movimiento del agua.
—Para que lo sepas, sí que he visto tus partidos.
—No voy a cambiar la idea que tengo de ti porque hayas visto dos partidos míos.
Dos partidos, dice. Es evidente que Asher se ha guardado el secreto, porque en lo que llevo de año en los Galácticos, cuando el entrenador quiere analizar y que aprendamos diferentes estrategias, vemos los partidos del Estrella Negra.
Sí, su equipo. He visto a Amber luchar por jugadas que daba por perdidas, animar al equipo como si fuera la capitana y tomar la iniciativa en momentos críticos.
—Recuerdo un partido contra las Estrellas de la Capital, estabas en el centro del campo y recuperaste un balón que parecía imposible. Lanzaste un contraataque que terminó en gol. Eso no se ve todos los días.
Amber me mira con sorpresa. Su rostro refleja una mezcla de incredulidad y curiosidad.
—¿Cómo…? —empieza a decir, claramente confundida, sobre cómo sé tanto detalle.
—Sí, he visto más que solo un par de tus partidos —aclaro, sonriendo de manera ligera.
«Tu juego es impresionante, Amber. No es algo que se olvide fácilmente».
Ella parece procesar la información, con la incredulidad aún visible en su rostro mientras asimila lo que le acabo de decir.
—No tenía ni idea de que te interesabas tanto por el fútbol femenino, o que habías visto esos partidos.
—Tampoco me lo habías preguntado. —Me encojo de hombros—. ¿Me has visto jugar?
Por supuesto que sí. Habrá visto a Asher y, por consiguiente, a mí. Sin embargo, he hecho a propósito la pregunta porque la estoy poniendo a prueba.
—No lo recuerdo.
—No recuerdas, ¿eh? —digo con sarcasmo—. Se te da fatal mentir, Amber. —Me río—. ¿Quieres que probemos como en aquel evento? —Me apoyo en la tumbona para acercarme más a ella—. Dime una verdad, Prescott.
—Vuestros partidos se emiten en televisión pública… Es difícil no verlos.
—Eso no me vale como verdad. Eso es algo evidente.
—Suspiro—. ¿Tengo que volver a empezar yo?
—Por la manera en la que me mira sé que no va a decir nada—.
Como sé que ahora estoy demasiado cerca, después de esa afirmación me voy a levantar y me voy a tirar a la piscina.
—Frunce el ceño—. Verte en ese bikini ha borrado cualquier pensamiento coherente.
Tras decir eso, sin permitirme ni un segundo más para observar su reacción, me levanto con rapidez para lanzarme de cabeza al agua.