Fuera de contrato Capítulo 23
33%

Capítulo 23

Contraataque final: Aprovechar la última oportunidad para cambiar el rumbo del juego.

Amber

—¿Qué haces?

Juro que he intentado no preguntar, pero llevo más de tres minutos viendo a Henry apoyado en la cocina, viendo en su tablet el vídeo que circuló por las redes sociales.

Conforme escucha mi pregunta, bloquea la pantalla y se gira hacia las escaleras. Luego, se limpia las manos en el pantalón negro deportivo que lleva. Porque sí, al parecer, de buena mañana, este chico no sabe lo que es llevar camiseta.

—Henry —digo su nombre a propósito, a ver si eso le obliga a hablar.

—¿Has descansado?

—Sí, pero no me estás respondiendo.

Echa la cabeza hacia atrás mientras resopla. Me acerco a la mesa de la cocina, quedándome justo al otro lado.

—Sigo sin entender el hate de la gente, en serio. Y encima estos comentarios tan…

—Es peor leerlos, ¿nunca te lo han dicho o qué? —Me quedo analizando su rostro, por un segundo. ¿De verdad le preocupan tanto unos comentarios hacia mí? No tiene sentido—. ¿Quieres preguntarme algo, Henry? Porque creo que hay algo que te ronda por la cabeza.

—No soy quién para preguntarte nada.

—Bueno, te estoy dando la oportunidad.

—¿Cuánto lleváis? —pregunta, mirándome a los ojos.

Me descoloca. ¿Cuánto llevo con quién? Si no soy capaz de fingir una relación como para tener otra real. Intento mantener mis rasgos faciales inmóviles, pero me resulta imposible aguantar la risa.

—¿He dicho algo gracioso? —suelta, desconcertado.

—Te crees esos comentarios —indico, riéndome—. ¿Crees que estoy saliendo con ese chico?

—No te he preguntado eso, porque puedes hacer lo que quieras con tu vida, Amber. Solo estoy intentando que nuestra farsa… —Se lleva la mano a la nuca—. Bueno, tendré que saber con quién está saliendo realmente «mi novia». —Entrecomilla con los dedos.

—No estoy saliendo con nadie. A decir verdad, contigo sí, por contrato.

—Creo que he leído demasiadas veces los comentarios, porque la forma en la que…

—Somos amigos de la infancia, Henry. Llevábamos meses sin vernos, y es normal que ambos estemos contentos. Y ahora, ¿la próxima vez puedes preguntarme a mí directamente?

—Lo mejor será que continúe haciendo ejercicio —comenta, alejándose de la cocina—. Por cierto, tienes zumo de naranja natural en la nevera. Asher me dijo que te gusta.

Después de decir eso, se gira y voy directa a llenarme un vaso.

La verdad es que la visita durante el día de ayer de Asher ha aliviado la tensión en el ambiente. Aunque puede que lo único que necesitara fuera despejar la mente, y él, con la simple idea de ver uno de mis partidos, lo consiguió.

Con mi vaso en mano, subo las escaleras, sintiendo aún la tranquilidad que dejó la presencia de mi hermano.

Una vez estoy arriba, me doy cuenta de que no sé qué hacer conmigo ahora.

Mientras camino por el pasillo, escucho el bajo murmullo de música y el sonido característico de pesas siendo levantadas y bajadas. Sigo el ruido hasta la puerta entreabierta del gimnasio, donde Henry está terminando su rutina.

Me detengo en la entrada y lo observo de manera discreta. Henry está de espaldas a mí, enfocado en sus ejercicios. Continúa sin llevar una camiseta puesta, pero al menos ha puesto una toalla en la máquina. Odio a las personas que, siendo obligatorio, no lo hacen.

De manera involuntaria, me quedo mirando el movimiento de sus brazos mientras levanta las pesas.

Los bíceps esculpidos casi a la perfección se pronuncian ante la tensión del ejercicio.

Estoy acostumbrada a ver cuerpos así. Al fin y al cabo, la mayoría de los futbolistas llevamos una rutina de entrenamiento y una dieta estricta. Sobre todo, en período de competición.

Mientras mi cabeza está recordando que hace tres días estaba en el gimnasio compartiendo máquina con una persona que ni conocía, Henry se gira para cambiar de pesa y me descubre en la puerta.

Nuestros ojos se encuentran y él parece intentar adivinar qué hago ahí de pie con un vaso de zumo en la mano.

—¿Amber?

—Solo estaba pasando y escuché un ruido, y bueno, nada, me voy por donde he venido.

—¿Me estabas mirando el cuerpo? —pregunta, sonriendo.

—No, no… Claro que no —respondo de manera rápida.

—¿Seguro? —insiste, acercándose un poco—. Porque me parece que tus ojos han analizado cada uno de mis músculos.

Lo sabía. Tenía que haber desviado la vista antes de que se girase; tenía que haber dejado de mirar ese maldito bíceps. Mejor aún, no debería haber entrado aquí.

—Imaginaciones tuyas —digo con una sonrisa—. Estaba más preocupada por el ruido. Pensé que alguien estaba derribando la casa o entrando, yo qué sé, pero ahora que sé que está todo en orden y claramente no hay ninguna emergencia…

—¿Ibas a solucionar la emergencia con un zumo? —pregunta, divirtiéndose por la situación. Su sonrisa se ensancha mientras cruza los brazos sobre su pecho desnudo.

—Bueno, nunca subestimes el poder de la vitamina C. —Juego con el vaso en mi mano.

Henry asiente, sonriendo.

—Voy a dejar que continúes con tus ejercicios mientras yo… —Muevo la mano hacia el pasillo para indicar que me marcho—. Por cierto, ¿puedo bañarme? Es que te va a parecer una tontería, pero… no sé qué hacer.

—Si te apetece bañarte, adelante —indica, dándome la espalda.

Con su aprobación, me alejo del gimnasio y camino por el pasillo hacia mi habitación. Una vez allí, cierro la puerta detrás de mí y me dirijo a la maleta, que todavía no he colocado. En realidad, dudo que saque la ropa porque, para estar un par de días, no creo que sea necesario.

Mientras me cambio, no puedo evitar que mi mente divague hacia la imagen de Henry en el gimnasio. A los músculos de su espalda, trabajando con cada levantamiento, a la forma en que su piel se estiraba sobre ellos… Sacudo la cabeza, tratando de dispersar los pensamientos.

—Es un cuerpo normal, Amber —me miento a mí misma, intentando convencerme.

Aunque de manera objetiva sé que tiene un físico impresionante, trato de minimizarlo en mi mente para mantener las cosas en perspectiva.

Me pongo el único bikini que he traído. El cual, es uno de mis favoritos por cómo resalta el color de mi piel. Una idea comienza a formarse en mi cabeza. Entiendo que, aunque la situación actual pueda parecer complicada debido a que estoy en casa de Henry, también puede ser una gran oportunidad.

La idea es simple, pero efectiva: sacar una foto en la piscina que, de manera sutil, revele que estoy en la casa de Henry.

Esta imagen no solo serviría para calmar rumores y especulaciones sobre nuestra relación, sino que también podría mostrar a mis seguidores y al público en general que todo está bien entre nosotros.

Con mi teléfono en mano, me dirijo hacia la piscina, donde el sol brilla con intensidad en un cielo despejado, creando el escenario perfecto.

Con cuidado, selecciono un lugar junto a la piscina que no solo me capture a mí y al vibrante color de mi bikini, sino que también incluya en el fondo elementos reconocibles de la casa de Henry.

—Será mejor que salgamos los dos.