Capítulo 21
Gol en propia puerta: Un error que cambia todo el juego, pero que puede ser una oportunidad para redimirte.
Henry
Me recuesto en la tumbona de la piscina. Mark está en el agua, nadando de un lado a otro con una energía que parece incansable. Cierro los ojos, tratando de despejar mi mente, pero el sonido de las notificaciones de mi teléfono interrumpe cualquier intento de desconexión.
Al principio, lo ignoro, pensando que serán las típicas notificaciones de las redes sociales o algún mensaje sin importancia.
Pero, cuando la pantalla del teléfono se ilumina por tercera vez en menos de un minuto, mi curiosidad me vence.
Tomo el teléfono y veo que las notificaciones no paran de llegar.
Decenas de alertas, la mayoría de ellas de Twitter e Instagram.
Frunzo el ceño y deslizo el dedo para desbloquear la pantalla.
En cuanto lo hago, un vídeo encabeza mi feed como una bofetada.
Es Amber. En el vídeo se ve cómo está hablando con un tipo que no reconozco.
Están muy cerca, riendo y, si no supiera que todo esto es una farsa, podría pensar que hay algo más entre ellos.
Pero lo que realmente me molesta no es el vídeo en sí, sino la manera en que la gente ya ha decidido lo que está pasando.
Sin querer darle demasiada importancia, bajo la vista a los comentarios que hay debajo.
@soffff
¿Ya le está poniendo los cuernos?
@manu3r
Vaya, Harrington, ¿no puedes mantener a una mujer ni una semana?
@luis_lm
Siempre supe que ella no era de fiar… ¿Con quién está riéndose así?
El vídeo sigue reproduciéndose en bucle mientras leo más comentarios. Siento un nudo en la garganta y una mezcla de rabia e impotencia. A pesar de saber que todo esto es una farsa, que se supone que estamos fingiendo, la situación me molesta más de lo que debería.
Mark sale del agua, sacudiéndose como un perro mientras camina hacia mí. Su expresión relajada cambia cuando nota mi cara.
—¿Qué pasa, tío? —pregunta, frotándose el cabello con una toalla.
Le paso el teléfono, sin decir una palabra. Cuando ve el vídeo y lee los comentarios, su expresión cambia.
—Joder, ¿cuánto tiempo lleva esto en las redes? —me pregunta, devolviéndome el teléfono.
—Desde esta mañana, creo. No he hablado con Amber desde… —finjo que tengo que hacer memoria, y me quedo unos segundos, pensativo—. Solo le mandé un par de mensajes hace unos días.
Mark se deja caer en la tumbona junto a la mía; su rostro está más serio de lo habitual.
—Tienes que hablar con ella, Henry. Esto va a explotar si no lo manejas ahora.
La rabia comienza a arder en mi interior.
Puedo sentir cómo se va acumulando en el pecho, extendiéndose por mis venas.
Esta situación me lleva al límite, y la idea de quedarme de brazos cruzados, mientras la gente se regodea en sus suposiciones malintencionadas, me consume.
Es como si una parte de mí estuviera dividida en dos: una que me dice que lo deje estar, que todo esto es temporal y que no vale la pena gastar energía en responder a la basura que se publica en internet, y otra, la más impulsiva, que quiere salir al frente y apagar el fuego con más fuego.
Antes de que pueda pensarlo demasiado, me encuentro abriendo la aplicación de Twitter.
Mi dedo duda sobre el teclado. Sé que lo que estoy a punto de hacer no es lo más inteligente, pero en este momento, la racionalidad está completamente ausente.
Elijo un comentario particularmente venenoso, uno que acusa a Amber de ser «una cualquiera» que nunca fue digna de confianza.
«Juzgar desde el sofá siempre es fácil. Demostrando qué clase de persona eres».
Mientras escribo la respuesta, mis dedos golpean el teclado con una fuerza inusitada.
Mark me observa desde la tumbona, y sus cejas se alzan cuando ve que no me detengo ahí.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —me pregunta, con un tono lleno de cautela—. No sé yo si es la mejor opción…
—Sé que no es lo correcto, pero es que ¿estás viendo todo lo que dicen de ella?
Deslizo el dedo sobre la pantalla, indicando un nuevo tuit.
«Me parece vergonzoso que…» comienzo, pero las palabras no suenan bien.
Suena demasiado severo, demasiado agresivo.
Borro todo y vuelvo a empezar. «Quizás deberíais considerar…
» escribo, pero de manera inmediata me detengo.
No, eso suena como si estuviera pidiendo permiso, como si dudara de mi propia convicción. Borro de nuevo, cada vez más frustrado.
Miro al vacío, buscando las palabras correctas, aquellas que puedan expresar lo que realmente siento.
«Es fácil dejarse llevar por rumores y hablar sin saber. Las mentiras que circulan son solo eso: mentiras. Amber es una persona excepcional, y estoy orgulloso de estar a su lado».
Con un suspiro de alivio y una última revisión, presiono enviar, lanzando mi defensa al mundo.
—Deberías darte un chapuzón porque me da a mí que dentro de segundos ese teléfono va a ser una bomba de relojería —me advierte mi amigo.
—Tendría que haber esperado a hablar con ella, ¿no?
—Puede, pero ahora ya no lo puedes eliminar porque seguro que alguien ha hecho captura.
—Genial —comento, con desgana.
Me dirijo hacia la piscina y me sumerjo de un salto, buscando enfriar los nervios que arden bajo mi piel. El agua fría es un alivio momentáneo, alejándome de la tensión digital que ahora seguramente se apodera de mi teléfono en la superficie.
Al salir, sacudo la cabeza, esparciendo gotas de agua alrededor, mientras recupero el aliento. Al levantar la vista, veo a Mark, que está absorto con mi teléfono en su oído.
—Sí, ahora se pone. —Oigo que dice, alargando su mano.
Me pongo el teléfono en la oreja sin mirar quién es.
—¿Tanto te costaba mantener los dedos quietos?
Parece cabreada. Bueno, no lo parece, lo está.
—Por si todavía no te habías dado cuenta, sé defenderme sola. Además, ¿qué me importa lo que digan esas personas? Pero no, era mejor opción contestar a varios de ellos y luego, escribir un tuit. Claro que sí.
—Yo no quería…
—Van a salir cosas tanto tuyas como mías —esa frase me da a entender de que sí que tiene algo con ese chico—, pero tenemos que comportarnos de manera profesional. Porque adivina, ya tenía a John de buena mañana llamándome.
—Tendría que haberte preguntado antes, lo sé.
—Pero no lo has hecho.
—No. —Paso mi mano por el pelo mojado y veo cómo caen las gotas—. Podemos solucionarlo, podemos salir y…
—Nuestros representantes ya han pensado qué vamos a hacer, así que, ahórrate tus ideas. De hecho, el tuyo te llamará en breve. Ahora mismo está hablando con el mío.
—Perfecto.
—Sí, todo va perfectamente —ironiza.
—Amber, lo siento. En serio… No podía leer esos comentarios y no hacer nada.
—Esos comentarios iban hacia mí —recalca—. La única que tiene derecho a decir qué hacer con eso soy yo. —Después de decirme esa frase, cuelga.
Cuando alzo la vista, veo a Mark resoplando y moviendo su mano de arriba abajo, de manera agitada, recordándome lo que me espera.