Fuera de contrato Capítulo 16
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Capítulo 16

Tiempo muerto: Es ese momento en que necesitas una pausa para reencontrarte contigo mismo, aunque el juego siga corriendo en tu cabeza.

Amber

Es domingo por la tarde y no me apetece hacer nada.

A pesar de estar de vacaciones, el mood de domingo sigue presente.

¿Y qué significa eso? Que mi mente no para de darle vueltas a mi pasado; más en específico, a los momentos en los que más vergüenza he sentido o los que me han dolido.

Vamos, es parecido al síndrome premenstrual, pero sabiendo que ya me bajó hace semanas.

Cuando empecé a destacar en el fútbol, uno de mis miedos era justo la regla.

Sé que puede parecer algo ilógico, puesto que no es algo que se elige, pero sabía que el hecho de estar con la menstruación me afectaba en el rendimiento.

Bueno, a mí y a todas. Sin embargo, me di cuenta en el vestuario, del equipo con el que jugaba en ese momento, de que era algo normal y, sobre todo, que se hablaba.

Aquello supuso sentirme comprendida a niveles que ni yo sabía que existía.

Por suerte, hoy la regla no me acompaña y el bajón del domingo puede ser más llevadero. Mis dedos se deslizan por el mando de la televisión, cambiando de canales, como si mi vida dependiera de ello.

Al final, desisto.

No encuentro nada que me guste. Quizás estoy muy quisquillosa y todo me parece poco.

Me incorporo, ya que estaba totalmente tirada en el sofá, y cojo el teléfono de la mesita. Resoplo al ver que tengo más de dos mensajes de la misma persona.

Asher:

¿Estás enfadada?

Asher:

No quería decir eso

Asher:

Lo siento, Amber.

El evento de ayer fue raro, o, al menos, esa fue mi percepción.

El gran motivo de ello fue que no estoy acostumbrada a acudir con Henry como su pareja.

Me sigue pareciendo algo paradójico. Otro de los motivos fue esa frase de Asher.

No obstante, somos hermanos y es normal discutir.

Cuando éramos más pequeños, me enfadaba porque no me contaba nada de sus ligues.

Ahora, desde hace tiempo, habla demasiado y prefiero que se guarde todos esos detalles.

Pero lo más raro de todo fue el beso falso. Ese intento. Ese engaño que me comí con patatas por parte de Henry. Y, lo peor, es que noté que a una parte de mí no le importaba besarlo. O sea, ¿dónde estaba en ese momento mi mente? ¿Dónde estaba mi cerebro? ¿Se había churruscado?

No tengo ninguna norma escrita sobre no salir con futbolistas, porque nunca me he fijado en ninguno.

En mi cabeza siempre ha existido la idea de cómo eran —exceptuando a Asher, por supuesto—, y la idea de ser una WAG no va conmigo.

No quiero criticar esa posición, ni a las novias de nadie, pero yo soy una jugadora.

No quiero que mi imagen pase de ser de «jugadora» a «novia de».

En parte siento que ya es un poco tarde para eso, porque el contrato está firmado, nuestra farsa es… ¿real? Nunca pensé que utilizaría farsa y real en la misma frase, pero, a vistas de algunas personas, sí, soy una WAG.

La realidad es que Henry no mentía, porque sí que había un paparazzi. Esta mañana ya he podido ver la noticia que ha publicado en su revista digital.

Desconozco si Henry tiene mucha experiencia en esto, pero ha clavado la perspectiva. O sea, si fuese una persona ajena a esto, pensaría que realmente nos hemos besado.

La notificación del teléfono me saca de mis pensamientos.

Asher:

Necesito verte.

Asher:

Necesito un domingo de hermanos.

Resoplo porque no aguanto más sin contestarle.

Amber:

Puedes venir.

Amber:

Prohibido hablar de algo relacionado con lo de ayer.

«No soy la única a la que le afecta que sea domingo», pienso.

De hecho, Asher y yo teníamos la costumbre de ver una película de comedia el último domingo de cada mes. Esa rutina se vio afectada cuando Asher se mudó por su equipo de fútbol. Yo, todavía, estaba lejos de llegar a su nivel.

No obstante, desde que los dos vivimos en la misma ciudad, esa costumbre no se ha retomado. Y, en parte, me entristece, porque esos momentos me hacían sentirme unida a él.

Después de esperar alrededor de veinte minutos, Asher se persona en mi casa. Me fijo en que lleva chándal y una camiseta de deporte. Un outfit muy dominguero, sí. Aunque con mi camiseta hiperlarga y mis shorts estoy yo como para ponerme exquisita.

—Pasa —le indico.

No hace falta que le diga nada más, porque sé que se siente como en su casa. Apoya la cabeza en uno de los cojines y, al estirarse, veo que sus pies sobresalen.

—¿No has pensado en comprarte un sofá más grande?

—Ahora tendré yo la culpa de que seas tan alto.

—Ven aquí, anda.

Ese movimiento simple de su mano contra el sofá era lo único que necesitaba para saber que volvemos a estar bien. Me acurruco, mirándolo.

—Das mucho calor, lo sabes, ¿no?

—Y tú no paras de quejarte. —Se queda mirando mi pared—. Quizás podría comprarte un…

—No vas a comprarme nada.

—Ni siquiera has escuchado qué era.

—Me da igual. —Resoplo—. ¿Cuál fue la última película que vimos juntos, Asher?

Coloca uno de sus brazos por detrás de la nuca, pensando.

—¿ Free Guy ?

—Puede ser, sí —afirmo—. Hace tanto.

—Sabes que podemos solucionarlo ahora mismo, ¿no? —Se incorpora, y coge el mando—. Eso sí, elijo yo la película.

—¡Ni de coña!

—¿Quién es el mayor? —pregunta de manera retórica—. Es que me parecía estar escuchando quejas. ¿Has escuchado algo tú?

—No es justo, y lo sabes. Porque la v…

Lleva su mano a mi boca para hacerme callar. Con su mano gigante silenciándome a la fuerza, es físicamente imposible articular palabra. Él empieza a reírse y cuando, por fin, consigo tomar distancia, lo hago yo también.

—Parece que el ruido ya se ha calmado —bromea, sonriendo.

—Eres odioso.

—Y tú, una mandona, pero, mira, nos queremos todos.

Nos echamos a reír, y me doy cuenta de cuánto necesitaba esto; cuánto necesitaba un momento así con él. La risa se calma, pero una cálida complicidad queda flotando en el aire, y me doy cuenta de cuánto extrañaba esta conexión sencilla y sincera.