Capítulo 14
La ruleta: Un giro inesperado que puede cambiar la dirección del juego.
Henry
—Todo estará bien —me digo a mí mismo, tratando de calmarme.
Me ajusto la corbata frente al espejo, sintiéndome extrañamente nervioso. No suelo ponerme nervioso por eventos sociales, pero esta vez es diferente. Estoy a punto de fingir una relación frente a un montón de personas y la prensa.
La puerta se abre y Mark asoma la cabeza, vestido con un traje impecable.
—¿Listo para tu gran debut como novio falso? —pregunta con una sonrisa burlona.
—Siempre supe que mi carrera en el fútbol solo era el trampolín hacia mi verdadera vocación: el teatro —respondo, soltando una carcajada.
Mark se ríe y niega con la cabeza, ajustándose la corbata.
—Ya no hay moto, ¿no?
Mi querida moto, una Ducati negra brillante, está aparcada en el garaje, atrapada en un exilio forzado. Es más que una máquina para mí; representa libertad, velocidad y una pequeña dosis de anonimato. Pero ahora, con todo este revuelo, sacar la moto es invitar al caos.
—No me lo recuerdes —indico, rodando los ojos—. Va a coger polvo en el garaje.
Mark se cruza de brazos y me da una mirada de complicidad.
—El que tú no vas a tener.
Ambos soltamos una carcajada.
Me acerco a la ventana y aparto de manera ligera la cortina para mirar afuera. La prensa sigue ahí, con sus cámaras y micrófonos listos. Desde que Amber y yo publicamos esa foto juntos en nuestras redes sociales, todo ha explotado.
La imagen nos muestra relajados en el sofá; ella recostada ligeramente sobre mi hombro y yo con una sonrisa despreocupada.
La reacción en redes sociales fue inmediata y abrumadora.
Entre los comentarios más repetidos, están los que elogian nuestra «química» y los que aseguran que siempre supieron que había algo entre nosotros.
Algunos incluso mencionan cómo nuestras carreras han coincidido en el tiempo, alimentando más las teorías.
—Joder, creo que mi comentario te ha afectado demasiado. —Noto la mano de Mark en mi hombro—. Veo que vas a llevar mal lo de no follar.
—No es eso —respondo, alejándome de la ventana y dirigiéndome hacia la puerta—. Estaba pensando en otras cosas.
Salimos de la habitación y nos dirigimos a la sala principal. Siento una oleada de nervios y adrenalina mientras me preparo para enfrentar la noche. Amber y yo debemos mostrar al mundo que somos una pareja perfecta, al menos por un tiempo.
Mark se despide con un gesto y se dirige hacia la puerta de casa.
—Nos vemos luego —dice con una sonrisa, antes de cerrar la puerta tras de sí.
Camino hacia el garaje y abro la puerta, revelando mi coche estacionado en el interior. La mirada recae momentáneamente en mi moto cubierta, con una sensación de añoranza. Suspiro y me dirijo a mi automóvil.
Me subo al coche y enciendo el motor. Coloco la ubicación que me ha compartido Amber por WhatsApp. Conforme salgo del garaje, siento cómo la adrenalina empieza a aumentar.
El viaje es corto, apenas unos veinte minutos, debido al tráfico ligero que hay a esta hora.
Cuando llego a la dirección indicada, estaciono el coche frente a la casa de Amber y respiro hondo. Miro a mi alrededor, asegurándome de que no haya demasiada atención indeseada, antes de tomar mi teléfono y enviarle un mensaje rápido.
Henry:
Estoy fuera.
Apago el motor y me quedo en el coche, esperando su respuesta.
Pasan un par de minutos, y justo cuando estoy a punto de enviar otro mensaje, la puerta del coche se abre. Levanto la vista y la veo a ella.
Amber está deslumbrante. Lleva un vestido negro ajustado que cae hasta el suelo, con un escote en V elegante. El vestido tiene detalles brillantes que captan la luz, haciéndola destacar aún más. Su cabello rubio está peinado en ondas suaves que caen sobre sus hombros.
—Veo que por aquí las cosas están calmadas —digo, refiriéndome a la prensa.
—Supongo que yo no soy tan mediática como tú.
—Ventajas de ser un Galáctico —suelto con ironía.
Conduzco con Amber sentada a mi lado. El silencio entre nosotros es tenso, pero no incómodo. Ambos estamos concentrados en lo que nos espera.
A medida que nos acercamos al lugar del evento, veo algunas cámaras y reporteros esperando, aunque no es nada comparado con la multitud de mi casa.
Al estacionar, respiro hondo y me vuelvo hacia Amber.
—Listos para el show —digo, tratando de inyectar algo de ánimo en la situación.
Salimos del vehículo y caminamos juntos hacia la entrada. Coloco mi mano en su cintura, tratando de parecer lo más natural posible. Las cámaras se enfocan en nosotros, pero no son tantas como esperaba.
Nos detenemos por un momento y me inclino hacia ella, susurrando en su oído:
—Si estás incómoda, recuerda lo del pelo.
Amber asiente de manera leve y me dedica una pequeña sonrisa, antes de que volvamos a caminar.
La entrada al lugar está decorada con luces suaves y alfombras elegantes.
Nos abrimos paso entre los asistentes, saludando a algunos conocidos. La música de fondo y las conversaciones animadas llenan el ambiente, mientras tratamos de mantener nuestra fachada.
Conforme continuamos por la sala, noto que alguien se acerca a nosotros de manera precipitada. En el momento en que veo que es Asher, de manera instintiva quito mi mano de la cintura de su hermana. Fingir esta relación frente a él, creo que va a ser más difícil de lo que creía.
—¡Amber! —exclama Asher con una sonrisa, dándole un abrazo a su hermana, antes de volverse hacia mí—. ¿Cómo vais?
Observo a Amber antes de contestar.
—Nos estamos adaptando —respondo, tratando de sonar convincente.
La sensación de que Asher me ignora es palpable. Apenas me mira a los ojos, concentrando toda su atención en Amber. Es justo ahora cuando maldigo no haber negado que su hermana me atraía.
—¿Te acuerdas cuando decías que no querías que hiciera un movimiento en falso? —le pregunto, a pesar de que sigue ignorándome—. Bueno, creo que estamos bastante coordinados.
Asher la mira, con una ceja levantada.
—Eso espero. Porque, si no, ya sabes lo que pienso.
—Vamos, Asher, no seas tan protector —respondo, tratando de aligerar el ambiente—. Prometo comportarme.
Asher finalmente me mira, aunque sigue con una expresión seria.
—Más te vale, Henry.
Nos quedamos en silencio por un momento, sintiendo la tensión en el aire.
—¿Mark está aquí ya? —pregunto, mirando a mi alrededor.
—Sí, está por ahí —responde mi compañero de equipo, señalando con la cabeza hacia el otro lado del salón.
—Genial. Os dejo, porque aquí sobro —indico, sintiendo que es mejor darles espacio.