Fuera de contrato Capítulo 13
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Capítulo 13

El desmarque: Cuando te mueves fuera de la línea para encontrar un espacio en el caos.

Amber

La situación se siente surrealista mientras estoy sentada en el sofá. Respiro hondo y miro a Henry, quien parece estar tan nervioso como yo, aunque lo oculta bastante bien.

—Bueno, y ahora, ¿qué hacemos? —pregunto, tratando de romper el hielo.

Henry se inclina hacia delante, apoyando los codos en las rodillas, y me mira con seriedad.

—Tendríamos que hacer que esto parezca lo más auténtico posible —responde, con un tono decidido.

Miro alrededor y una idea empieza a formarse en mi mente.

—Entonces, ¿qué tal si nos hacemos unas fotos casuales aquí? —sugiero, sacando mi teléfono—. Algo sencillo para empezar. Nada demasiado elaborado.

Henry asiente y se levanta, dirigiéndose hacia una mesa cercana donde hay un par de botellas de agua y algunos aperitivos. Me ofrece una botella, que acepto.

—Buena idea. ¿Dónde quieres hacerlo? —pregunta, echándose agua en el vaso.

—Quizás en el sofá. Algo que parezca una tarde relajada en casa.

—¿Cómo quieres que nos pongamos? —Se sienta a mi lado.

—Algo natural —digo, mientras intento encontrar la pose adecuada—. Tal vez con tu brazo alrededor de mis hombros, como si estuviéramos viendo una película.

Henry asiente y pasa su brazo alrededor de mis hombros, acercándose más. Siento su calor y su cercanía, lo que dispara mis pulsaciones; no obstante, trato de mantenerme profesional. Le devuelvo la mirada y sonrío para la cámara.

—Listo —indico, revisando las imágenes—. Creo que estas servirán para empezar. Dime tu número y te las paso.

Me da el número y se las envío de manera rápida.

Ambos subimos las imágenes a nuestras redes sociales, acompañadas de un comentario casual, acerca de pasar tiempo juntos. Me siento un poco expuesta, pero sé que es parte del plan.

—¿Y ahora? —pregunto, sintiendo que el ambiente se vuelve un poco más relajado.

—Ahora, solo esperamos a ver cómo reacciona la gente —responde Henry—. Pero, mientras tanto, podríamos intentar conocernos un poco mejor. Si vamos a fingir esta relación, será más creíble si realmente sabemos cosas el uno del otro.

—Creo que no necesito saber nada más de tu vida —espeto.

La tensión en la habitación se intensifica después de mi respuesta cortante.

Henry se queda en silencio por un momento, y yo siento una punzada de arrepentimiento por haber sido tan brusca. Sin embargo, para mi sorpresa, Harrington sonríe.

—Ya que sabes tanto de mí, estaré encantado de escuchar todo lo que te ha contado Asher.

—¿Prefieres el informe completo de golpe o te lo dosifico para que no entres en pánico?

—Asustarme, ¿yo? Venga, Amber, dame tu mejor tiro.

—¿Qué hay de las historias sobre tu gusto por las aventuras de una noche? —le pregunto, sin apartar la mirada.

—Exageradas —responde con una sonrisa—. Aunque no voy a mentir, he tenido algunas. Pero estoy seguro de que Asher ha pintado un cuadro más dramático.

—Exageradas, ¿eh? —Sonrío con falsedad—. ¿Cuántas citas has tenido este mes?

—Solo unas cuantas.

—¿Más de cinco?

—Depende de cómo cuentes las citas.

Henry se recuesta en el sofá, cruzando un brazo detrás de su cabeza, y con la otra mano juega con el borde de su camiseta. Sus ojos no se apartan de los míos y una sonrisa pícara se dibuja en sus labios.

—Y ahora que has sacado este tema —dice, inclinándose un poco hacia delante—, si el proyecto va a durar estos meses de verano, no sé si podré aguantarme, ya sabes, sin follar.

—No pienso quedar como una cornuda delante de la gente, ni tampoco que se eche a perder este proyecto. Has firmado un contrato, Harrington. —Alzo el dedo—. Folla con quien quieras, pero en su casa. No aquí.

—¿Eso harás tú? Vamos, todos tenemos nuestras necesidades.

Cruzo los brazos, mirándolo directamente a los ojos.

—Sí, eso haré. No quiero poner en peligro esto, ni que las cosas se compliquen mucho más. A diferencia de otros, puedo mantener mis relaciones sexuales en la privacidad.

Henry frunce el ceño, molesto por mi comentario. Su mandíbula se tensa por un momento, antes de soltar una risa irónica.

—Golpe muy bajo, Amber.

—Asher me contó sobre aquella vez que te encontró con tres chicas en el vestuario después de un partido. —Mantengo mi mirada firme—. ¿Quieres continuar con lo que sé de ti?

—¿Qué puedo decir? Algunos tenemos más energía después de un partido.

—Solo espero que puedas canalizar toda esa energía en mantener las apariencias.

De repente, vuelvo a estar nerviosa. No sé qué hacer. Me levanto del sofá y empiezo a caminar por la sala, sin un destino claro. Solo necesito moverme para aliviar la tensión que siento. Mi mente está dando vueltas, pensando en todo lo que está en juego y en cómo vamos a mantener esta farsa.

Henry me observa en silencio por unos momentos, y luego se levanta también, acercándose a mí.

—Lo de las tres chicas no fue así. Estaba de broma —dice, con tono más serio.

Me detengo y lo miro, tratando de evaluar si está siendo sincero o solo intenta calmarme.

—Tu vida privada no me importa en absoluto.

Mientras esas palabras salen de mi boca, no me doy cuenta de la ironía.

Pero, en realidad, a partir de ahora, la vida privada de Henry se entrelaza con la mía.

Cada movimiento, cada interacción, cada mentira que construimos juntos forma parte de una narrativa compartida.

La línea entre lo que es suyo y lo que es mío se desdibuja.

Mis pensamientos se aceleran, y me doy cuenta de que, aunque su vida privada no debería importarme, ahora lo hace porque, cualquier error, cualquier indiscreción, afectará directamente a mi vida.