Capítulo 11
El penalti: Una oportunidad única para cambiarlo todo, pero la presión es inmensa.
Amber
Llego a la oficina de John temprano por la mañana.
El edificio es moderno y elegante, con paredes de vidrio que dejan entrar la luz natural.
Me recibe la recepcionista con una sonrisa amable y me indica que siga por el pasillo hasta la sala de reuniones. Me siento un poco nerviosa, consciente de la magnitud de lo que estoy a punto de hacer.
Al entrar en la sala, veo una mesa de conferencias grande y varios documentos apilados en el centro. John está allí, revisando algunos papeles, y me saluda con un gesto amable.
—Buenos días, Amber —dice, indicándome una silla frente a él—. Aquí tienes el contrato que discutimos. Tómate tu tiempo para leerlo antes de firmar.
Me siento y tomo el contrato, sintiendo el peso de las expectativas, mientras empiezo a leer.
Las cláusulas detallan todo lo relacionado con la relación fingida: la duración del acuerdo, las apariciones públicas, las publicaciones en redes sociales e incluso cómo debemos manejar nuestras interacciones personales para que parezcan naturales.
Una cláusula específica capta mi atención:
«Las partes involucradas deberán mantener la apariencia de una relación romántica en todos los eventos públicos y privados organizados por Football for All. Cualquier violación de esta cláusula dará como resultado la terminación del contrato y posibles acciones legales».
Suspiro, consciente de la seriedad del compromiso.
Continúo leyendo hasta llegar a la última página, donde están las líneas para nuestras firmas.
—¿Henry ha firmado ya? —pregunto, sin levantar la vista del documento.
—Sí, lo ha hecho esta mañana —responde John—. Esta tarde nos reuniremos con ambos representantes: Henry, el equipo de Football for All y tú, para acordar los planes y detalles específicos.
Asiento, tomando el bolígrafo que John me ofrece y firmando mi nombre en la línea correspondiente.
—Perfecto —indica, tomando el contrato firmado—. Nos veremos esta tarde para la reunión. —Me preparo para levantarme cuando John me detiene con una pregunta—: Amber, ¿tú también tienes prensa en casa? —Me mira con preocupación.
—Sí, he visto a algunos periodistas merodeando, aunque todavía puedo moverme con cierta libertad.
—Al menos no es tan malo como lo de Henry —dice, frunciendo el ceño.
—¿Qué le pasa?
—Bueno, me ha contado que la situación en su casa es bastante complicada.
Los periodistas están prácticamente acampando en su puerta.
No puede ni salir sin ser acosado por las cámaras y los micrófonos.
Ha tenido que llamar a seguridad para que lo ayuden a mantener algo de privacidad.
—Suspira—. Pero por eso estamos aquí, para asegurarnos de que todo esto se maneje de la mejor manera posible y que ambos estéis protegidos durante todo el proceso.
Al escuchar eso, siento un nudo en el estómago. La presión sobre Henry debe ser enorme, y el hecho de que no pueda moverse con libertad me hace sentir culpable, aunque sé que no es mi culpa. Soy incapaz de imaginarme cómo reaccionaría yo en su situación.
La mañana se me ha pasado volando. No he podido evitar sentirme nerviosa por la reunión de hoy. Cada vez que intentaba concentrarme en otra cosa, mi mente volvía a Henry y a la presión mediática que debe estar soportando.
Entro en la sala de conferencias y veo a Henry ya sentado, junto a su representante y la persona de Football for All.
John me hace una señal para que tome asiento a su lado.
Cuando me giro hacia Henry, me fijo en la ropa oscura que lleva, y en las gafas de sol que tapan sus ojos.
—Bienvenidos, y gracias a todos por estar aquí —empieza el representante de Football for All—. Hoy discutiremos los detalles y planificaremos cómo llevar adelante esta relación pública. Queremos que esto sea beneficioso para todos.
Siento cómo la tensión en la sala se intensifica.
Henry y yo intercambiamos una mirada rápida antes de centrarnos en el representante.
—Primero vamos a detallar los eventos y situaciones en las que será necesario mostrar afecto.
También las publicaciones en redes sociales y cómo interactuaréis en público —continúa el representante de Football for All, mirando a todos en la sala—.
En cuanto a las muestras de afecto, hablamos de caricias, abrazos y, sí, besos en público —prosigue—.
No tiene que ser algo exagerado, pero sí lo suficiente para que parezca creíble.
Henry se quita las gafas de sol, dejando ver sus ojos oscuros y serios. Su mandíbula se tensa, y puedo comprobar que está tan incómodo como yo con la idea. No puedo evitar morderme el labio, nerviosa, mientras trato de asimilar la magnitud de lo que nos están pidiendo.
—¿Besos? —protesto, tratando de mantener la compostura—. No habíamos hablado de eso.
—Sí, besos —repite el representante, con tono firme—. ¿Qué clase de relación sería si no hicierais eso? Además, recordad que habéis firmado un contrato.
John interviene, tratando de calmar la situación:
—Entiendo que esto puede ser incómodo al principio, pero es esencial para que la relación parezca real. No exigimos un comportamiento inapropiado; basta con proyectar una complicidad que resulte creíble para el público.
—También vamos a necesitar que ambos publiquéis fotos y comentarios en vuestras redes sociales —agrega el representante de Henry—. Fotos de citas, salidas juntos, e incluso pequeños vídeos, si es posible.
—Por las redes sociales no hay problema —responde Harrington con tono seguro, lo que me toma desprevenida.
—Y hablando de eso, cuando salgáis de aquí, iréis a casa de Henry.
Vamos a aprovechar que tienes ahí toda la prensa para que os vean entrar juntos.
Así que, después de esta reunión, iréis directamente allí —añade el representante de Football for All, con expresión seria—.
Será mejor que, por seguridad, vayáis en el coche de Amber.
Henry sonríe de manera irónica, mientras yo trato de mantener la compostura.
—Estoy de acuerdo con él, Henry. No te recomiendo sacar tu moto —añade el representante de Harrington—. O si no, saca tu Aston Martin de una puñetera vez.
La idea de ir a casa de Henry con toda la prensa observándonos me hace sentir como si estuviéramos entrando en una jaula de leones.
—No me malinterpretéis, entiendo que esto puede parecer demasiado —dice el representante de Football for All—, pero la clave aquí es la credibilidad. Si la prensa y los fans os ven juntos en situaciones cotidianas, será mucho más fácil que crean en vuestra relación.
Me tomo un momento para procesar lo que está diciendo. La situación es más complicada de lo que había imaginado. Fingir una relación ya es suficientemente difícil, pero hacerlo bajo la mirada constante de la prensa es otra historia.
Me giro hacia Henry, buscando algún indicio de cómo se siente al respecto. Sus ojos se encuentran con los míos y, por un segundo, veo un destello de vulnerabilidad antes de que su expresión se vuelva neutral de nuevo.
—Entendido —dice Henry, finalmente, con tono firme.
El representante de este asiente y añade:
—Entonces, cuando salgáis de aquí, tenéis que comportaros como una pareja desde el primer momento. Y, Amber, recuerda que es importante que estéis juntos en público tanto como sea posible. La prensa va a estar observando cada movimiento que hagáis.
—Esperad —intervengo—. Solo quiero asegurarme de que estamos todos en la misma página. ¿Qué pasa si alguien sospecha que esto no es real?
—No os preocupéis por eso —responde el representante de Football for All con confianza—. Tenemos a un equipo de relaciones públicas listo para manejar cualquier situación. Solo seguid el plan y todo saldrá bien.
Nos levantamos de nuestras sillas. La tensión es palpable en el aire. Henry me ofrece una sonrisa tentativa mientras salimos de la sala de conferencias.
—Supongo que deberíamos empezar a actuar como pareja desde ahora mismo, ¿no? —dice con un toque de humor en su voz.
—Sí, supongo que sí —indico, tratando de igualar su tono ligero.