Fuera de contrato Capítulo 10
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Capítulo 10

Ola mediática: Cuando la atención pública se convierte en una fuerza imparable, llevándolo a donde no esperabas.

Henry

Abro las redes sociales para ver la gravedad de lo que me ha contado mi representante esta mañana.

En cuestión de segundos, mi pantalla se llena de fotos y comentarios sobre nosotros.

Las imágenes de la sesión de fotos son las más populares, con cientos de opiniones hablando de la «química» que hay entre Amber y yo.

Leo algunos comentarios en voz baja:

@yolibn

¡¡¡¡Parecen hechos el uno para el otro!!!!

@bernapw

Somos MUY tontos, ¿cómo no lo hemos visto antes?

@estefv

Definitivamente, hay algo entre ellos, míralos.

Continúo deslizando y veo que incluso nos han dado un mote para el shippeo : #HarrBer. No puedo evitar una mueca de incredulidad al ver la etiqueta.

—¿En serio? —murmuro, mientras sigo explorando las publicaciones.

Todo esto por unas fotos. ¿La gente realmente cree que estamos juntos solo porque posamos bien?

Entonces, veo la foto en la que estoy montado en la moto y Amber está casi apoyada en ella. Parece que incluso nos estamos riendo. La instantánea captura un momento que podría interpretarse de muchas maneras.

Leo otro comentario:

@galactico1

¿Pero habéis visto cómo la mira?

Suelto un suspiro, incapaz de creer lo que estoy leyendo. La gente ve lo que quiere ver, supongo. Pero esto ya está llegando a un nivel surrealista.

Dejo el móvil a un lado, tratando de procesar toda esta información.

Me doy cuenta de que no me había enterado antes porque tengo mi nombre silenciado en las redes sociales.

Normalmente, no quiero lidiar con el ruido constante de los comentarios y menciones.

Ahora, sin embargo, soy consciente de que me he mantenido al margen de un auténtico tsunami.

Tony, mi representante, me ha explicado que Football for All quiere que aprovechemos esta situación. Quieren que Amber y yo finjamos una relación durante el tiempo que dure el proyecto, y a mí todo esto me sigue pareciendo una auténtica locura.

Pese a lo descabellado de la propuesta, no he sido capaz de decir que no. O sea, ¿tenía opción? Porque yo creo que ellos ya han decidido por nosotros.

El sonido de mi teléfono interrumpe mis pensamientos. Es Asher. Contesto la llamada y su voz suena casi de inmediato.

—Menos mal que no ibas a hacer un movimiento en falso, ¿eh? —dice con tono sarcástico.

—¿Qué culpa tengo yo de lo que la gente piense? —respondo, sintiendo la necesidad de defenderme.

—Es más que evidente que mi hermana te pone —replica Asher, sin rodeos.

—Eso no te lo voy a negar —admito, porque la verdad es la verdad.

—¡Joder, pero no me lo digas! —exclama, probablemente llevándose la mano a la frente.

Decido ser honesto sobre la situación.

—Football for All quiere que finjamos una relación durante el proyecto. Ya sabes, para atraer más atención y apoyo.

—Estás de broma, ¿no? Porque no tiene gracia —responde, incrédulo.

—Ojalá. —Suspiro.

—¡Me cago en todo! ¡Joder!

—Creo que el que tendría que cagarse en todo sería yo —indico, intentando mantener un tono ligero.

—Prométeme que es solo una relación falsa, Henry. No quiero ver sufrir a Amber —dice Asher, con un tono de seriedad.

—Lo prometo. Es solo una relación falsa —respondo con firmeza.

—Más te vale.

Cuelgo el teléfono, sabiendo que tengo que manejar esta situación con mucho cuidado. La presión es real y no solo por el proyecto, sino también por la confianza de Asher.

No puedo fallarle ahora. No después de todo lo que él ha hecho por mí.

Cierro las cortinas de la sala con fuerza, tratando de bloquear el jaleo que proviene del exterior. Los periodistas están acampados frente a mi casa con sus cámaras y micrófonos.

La luz del día apenas se filtra a través de las cortinas gruesas y pesadas, sumiendo la sala en una penumbra que se siente un poco más segura. No puedo creer que esto esté pasando. Cada rincón de mi casa parece sofocante, como si las paredes se cerraran sobre mí.

Camino hacia la cocina, asegurándome de que todas las cortinas estén bien cerradas.

El timbre de la puerta suena, haciéndome saltar.

Me dirijo a la entrada y miro por el videoportero. Es Mark. Respiro hondo y abro la puerta, dejándolo entrar con rapidez, antes de cerrar con llave de nuevo.

—¿Cómo estás aguantando?

—No lo sé, tío. Esto es una locura —respondo, pasándome una mano por el pelo—. No puedo ni salir de mi propia casa sin que me acosen.

Mark observa la sala, notando las cortinas cerradas y el ambiente tenso.

—¿Has comido algo? —pregunta mientras se dirige a la cocina.

—No tengo apetito —murmuro, siguiéndolo.

Mark abre la nevera y saca una botella de agua, lanzándomela. La atrapo al vuelo y le doy un trago largo, agradecido.

—Esto es una mierda, Henry —indica, sentándose en un taburete.

—Entre que me nominaron al jugador más joven, que ganamos la Liga, y ahora esto, van a estar hablando de mí durante meses —señalo, frotándome las sienes—. ¡Es que ni ganando la Liga acamparon en mi maldita puerta!

—Se han vuelto locos con el shippeo —responde, sacudiendo la cabeza—. ¿Has hablado con ella?

—Todavía no. Está siendo todo tan caótico que Tony ha llamado al equipo de seguridad para que rodeen mi casa.

Mark asiente, observando la tensión en mi rostro.

—¿Crees que su casa estará igual?

—No lo sé —respondo, sintiendo una punzada de preocupación—. Te juro que no sé cómo unas fotos pueden causar tanto revuelo.

—Si a veces las cosas se van de madre por un simple tuit, imagínate unas fotos. —Pone los ojos en blanco—. Y ya que vamos a vivir en la oscuridad, vemos una peli, ¿no?

El comentario me hace sonreír por primera vez en todo el día.

—Buena idea —acepto, mientras nos dirigimos a la sala de cine.

La sala está equipada con un proyector de última generación, butacas cómodas y una selección de películas que podrían rivalizar con cualquier cine.

Nos dejamos caer en las butacas y Mark selecciona una película.

—¿Y cómo vas a hacer lo de la relación falsa? —me pregunta mientras se acomoda.

—No tengo ni idea —respondo, suspirando—. Es un desastre. Ni siquiera sé cómo fingir algo así sin que todo el mundo se dé cuenta de que es falso.

Mark sonríe, intentando aliviar la tensión.

—Hazlo simple, Henry. Sé tú mismo, pero un poco más encantador de lo habitual —aconseja, dándome una palmada en la espalda—. Ahora, olvida esto por un rato y disfruta de la película.

Me acomodo en la butaca, tratando de centrarme en la pantalla, pero mi mente sigue divagando, pensando en Amber; en cómo vamos a manejar esto y en lo complicada que se ha vuelto mi vida.

Necesito un plan, una estrategia. Pero, por ahora, dejo que la película me transporte a otro lugar, aunque sea por un rato.