Capítulo 8
Gol fantasma: Un impacto que todos sienten, pero pocos pueden ver con claridad.
Henry
La localizo al otro lado de la sala, hablando con mi compañero de equipo. Sin dudarlo, me dirijo hacia ellos. Mientras me acerco, los veo reírse juntos.
Cuando llego, me dirijo directamente a Asher con una sonrisa burlona.
—¿Sabes que me quería ocultar que erais familia? —digo, señalando a Amber con la cabeza.
Asher empieza a reírse.
—¿En serio? —responde, mirando a Amber—. O sea, no le hemos hecho novatadas y vas y se la haces tú.
Amber pone los ojos en blanco, claramente acostumbrada a este tipo de bromas.
—No es que intentara ocultarlo, solo que… Bueno, no surgió en la conversación —indica, cruzándose de brazos y lanzándome una mirada desafiante.
—Claro, claro —señalo, riendo.
Asher se carcajea con nosotros y luego pregunta:
—¿Y Mark y Jack? ¿Dónde están esos dos?
—Donde esté el jamón, ahí estarán —respondo, sin dudarlo.
—¿Jamón? Allá voy. —Se ríe aún más fuerte y nos hace un gesto para despedirse.
Nos deja solos.
Amber y yo nos miramos durante un momento, mientras que el bullicio de la fiesta se vuelve un eco lejano.
—La próxima vez será mejor que seas sincera, ¿sabes? —digo, con una sonrisa burlona—. Mira, podrías probar ahora.
Ella duda por un instante y sus ojos recorren mi cuerpo antes de responder:
—El traje no te queda bien.
Río, sacudiendo la cabeza.
—He dicho que digas una verdad, Amber. Es fácil. Ese vestido rojo te queda espectacular.
—Gracias, aunque los halagos fáciles no surten efecto conmigo.
—Creo que alguien tiene un problema para diferenciar un cumplido barato de una observación honesta.
—Guarda tus observaciones para alguien a quien le importen.
—Claro, lo tendré en cuenta —indico, aún sonriendo—. Pero, ya que estamos siendo honestos, podríamos intentar llevarnos bien. No quiero que esto sea más incómodo de lo necesario.
Amber me mira un momento antes de responder:
—¿Llevarnos bien? Eso depende de ti, Henry. Demuéstrame que puedes hacerlo.
—Desafío aceptado —digo, dándole un guiño.
Me alejo de ella, dirigiéndome hacia donde están Jack, Mark y Asher. Los veo riéndose y disfrutando de los aperitivos mientras conversan de manera animada. Cuando llego, Jack levanta la vista y me saluda con una sonrisa.
—¡Llegó el modelo! —exclama, elevando una copa que lleva en su mano.
—Futbolista —le corrijo con una sonrisa.
—Esas fotos no decían lo mismo, colega.
—Con esas fotos yo no dudaría en darte un buen beso —bromea Mark a mi lado.
—¿Solo un beso? —pregunto.
Nos unimos todos en una carcajada, disfrutando de la camaradería. La broma aligera el ambiente, y me siento más relajado entre mis compañeros.
—Oye, Henry —me susurra Asher—, no quiero verte haciendo movimientos en falso con mi hermana. —Me guiña un ojo.
Le sonrío, asintiendo.
—Tranquilo, solo intentamos llevarnos bien. Y ya que la mencionas, ¿qué mierdas mías le has contado? Porque creo que su imagen de mí es…
—Solo le he contado las cosas buenas —me interrumpe—, y alguna que otra historia sobre tus ligues.
—¿Mis ligues? —repito, arqueando una ceja—. ¿Qué has estado diciendo?
—Ya sabes, las historias que todos contamos en el vestuario. Que siempre tienes a alguien diferente en cada fiesta, que te persiguen las chicas y esas cosas. Nada fuera de lo común.
—Genial —respondo, con una sonrisa irónica—. Justo lo que necesitaba para mejorar nuestra relación profesional.
De repente, Jack pregunta en voz alta:
—¿Crees que esa camarera querrá hacer planes luego?
—¡Jack! —intervengo, con un tono de enfado.
—¿Estás bien? —pregunta Mark, levantando una ceja.
—Está trabajando, colega. No la agobies —indico, sin ocultar mi irritación.
—Solo era una pregunta.
—Pues hazla cuando no esté trabajando —le digo, manteniendo el tono firme—. Además, es un evento de inauguración, y no una fiesta.
Jack se limita a encogerse de hombros; yo, en cambio, noto cómo la irritación me quema por dentro. Necesito un respiro. Sin pensarlo dos veces, me dirijo a los baños, buscando un momento de soledad para recuperar el equilibrio.
Al llegar, me apoyo en el lavabo de mármol y dejo correr el agua fría. Me demoro en el lavado, disfrutando del frescor del agua sobre la piel. Miro mi reflejo en el espejo, observando la tensión en mis ojos y la rigidez de mi mandíbula.
Mark entra y se apoya en el marco de la puerta, mirándome con preocupación.
Suspiro, sin apartar la mirada de mi reflejo.
—¿Qué imagen tienen los demás de mí?
Mark se queda en silencio un momento antes de responder.
—¿Cómo? —dice, con tono más serio—. ¿Qué más da lo que piensen de ti, Henry? Tienes veintiún años, estás en uno de los mejores equipos de fútbol, la gente corea tu puto apellido y tienes colas para que les firmes. Dime que no se te está subiendo a la cabeza porque te bajo la fama de una hostia.
El problema no es lo que piensen los demás; al final, cada persona tiene una imagen, y muchas veces no podemos hacer nada para cambiarla.
Habrá gente que, incluso sin conocerme, le caeré mal.
Pero sí que siento esa presión de hacer todo lo mejor que puedo para continuar creciendo, para que las marcas confíen en mí, para que los fans vean que no soy solo un chico con talento, sino alguien que trabaja duro y se preocupa por su carrera y su impacto.
—¿Qué hacías tú a los veintiún años?
—Vale, ahora me estoy sintiendo ofendido porque me estás haciendo sentir mayor —responde con una sonrisa—. Hace tres años trataba de ganarme un lugar en el equipo, entrenando como un loco y evitando meterme en problemas.
—Bueno, al menos no tenías que preocuparte por las redes sociales y los paparazzi 24/7 —replico, intentando aliviar la tensión con un poco de humor.
Nos reímos juntos y la tensión en el ambiente se disuelve.
Mark se apoya contra el lavabo, cruzando los brazos.
—Henry, eres un buen tipo. No dejes que las tonterías o tus rayadas mentales te afecten. Y si necesitas hablar, estoy aquí.
Le sonrío, agradecido.
—Lo sé, Mark. Gracias.
Salimos del baño juntos, dejando atrás las preocupaciones y la tensión. La música y el bullicio de la fiesta nos envuelven de nuevo, recordándome que, a pesar de las presiones y las expectativas, tengo un equipo y amigos en quienes puedo confiar.