Fuera de contrato Capítulo 6
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Capítulo 6

El regate: Esquivar los problemas con gracia, pero sabiendo que no puedes evitarlos para siempre.

Henry

La sesión de fotos se me ha hecho corta, lo cual es una agradable sorpresa. No ha sido como cuando grabé aquel anuncio para esas deportivas, que pareció durar una eternidad con tomas repetitivas y constantes ajustes de luces. Esta vez, todo fluyó de manera rápida.

Salgo del set, sintiéndome bastante satisfecho, y me dirijo hacia el estacionamiento.

Al llegar al aparcamiento, veo a Amber. Está de pie junto a la puerta de un coche, mirando su teléfono.

Ha cambiado su atuendo de la sesión de fotos por unos vaqueros cortos ajustados y una camiseta ceñida al cuerpo que resalta con sus ojos azules.

Se ve distinta, más relajada, aunque conserva ese magnetismo intacto.

Me subo a mi moto, poniéndome el casco y ajustando las correas. Pese a ello, un impulso me obliga a frenar.

Claro que sé quién es Amber. Es una de las mejores centrocampistas del fútbol femenino, con una habilidad para leer el juego y distribuir el balón que envidiaría cualquier jugador. Es cierto que en los pocos eventos en los que hemos coincidido, no hemos intercambiado más de dos palabras.

Arranco y me acerco hasta donde se encuentra.

Apago el motor y me quito el casco.

Sin bajarme de la moto, la observo. Desde aquí cerca y con el sol, su cabello parece todavía más rubio.

Al escuchar la moto, ella levanta la vista, un poco sorprendida.

Miro hacia su coche, un modelo normal, nada extravagante.

—¿Por qué me has llamado Henry? —pregunto directamente.

Ella me observa por un momento, como si estuviera sopesando su respuesta. Sus ojos azules se encuentran con los míos, y puedo ver una mezcla de sorpresa y algo más, tal vez nerviosismo.

—Nadie me llama así fuera del equipo —insisto, aguardando su reacción.

—Existe Google, ¿sabes?

—¿Me has buscado? —replico, con una sonrisa medio burlona.

—No te creas tan importante —contesta, cruzándose de brazos.

—Vamos, admite que algo de curiosidad tenías.

Ella rueda los ojos y suelta un suspiro, dando un paso más hacia mí. Su cuerpo está tan cerca del mío, que sus dedos rozan la moto de manera inconsciente.

—Mira, ¿sabes qué? No, no te he buscado en Google. Porque la verdad es que no sabía ni quién era la otra persona para este proyecto, hasta que te vi.

—Sigues sin responder a mi pregunta, entonces.

—Tengo prisa —dice, mirando su teléfono y luego de vuelta a mí—. Algunos de nosotros tenemos cosas que hacer.

Amber se separa de manera brusca y me da la espalda para abrir la puerta del vehículo.

—Bien, no te quito más tiempo —indico, poniéndome el casco—. Nos vemos en la inauguración, Amber.

Ella se sube al coche y da un portazo, sin siquiera mirarme de nuevo.

Abro la puerta de la casa y me recibe una ola de música a todo volumen.

Grito mientras mis pies cruzan la puerta:

—¡He llegado! —Más que nada por precaución. No es la primera vez que entro y veo algo que preferiría no haber visto. Con Mark, nunca se sabe lo que podría estar sucediendo.

Paso por el salón, donde la música retumba en las paredes, y me dirijo hacia el jardín.

Al salir, me quito la camiseta, sintiendo el sol en la piel, y veo a Mark en la piscina, flotando de manera perezosa.

La piscina es enorme, rodeada de una terraza de piedra clara y cómodas tumbonas. El agua brilla bajo el sol, invitándome a zambullirme.

—¿Disfrutando del día? —le digo, mientras me acerco a la orilla de la piscina.

Me quito los pantalones sin pensarlo dos veces, quedándome en calzoncillos. Me tiene sin cuidado; al fin y al cabo, solo estamos Mark y yo. Hemos hecho cosas peores delante del otro, y viceversa. Además, los calzoncillos se secarán después.

Me lanzo al agua con un grito ahogado, rompiendo la superficie en una explosión de burbujas y salpicaduras. El agua está refrescante, y es justo lo que necesito después del largo día.

Emerjo a la superficie y nado hasta donde está Mark, que me observa con una sonrisa divertida.

—Siempre, hermano. ¿Qué tal la sesión de fotos? —pregunta, apoyado en el bordillo de la piscina.

Me recuesto en el borde y respiro hondo.

—¿Te acuerdas de la llamada de mi representante? Pues bien, hoy he tenido la sesión de fotos para ese proyecto y adivina quién era la jugadora.

Mark frunce el ceño, tratando de adivinar.

—Hum, ¿Samantha? ¿La capitana del equipo nacional?

Sacudo la cabeza, divertido.

— Nope .

—¿Jessica, la del Estrella Negra?

—Tampoco.

—Tío, es que si no me das más pistas… —dice, frustrado.

—Amber.

—¿Amber? —pregunta, sorprendido—. ¿Y qué tal la sesión?

Me echo a reír, recordando el momento. Me reservo el decirle lo bien que le sentaba la ropa deportiva y lo atractiva que estaba. Si bien ya conocía su atractivo por los eventos, la cercanía de hoy ha ratificado mis sospechas.

—Interesante, por decir algo. Me ha llamado Henry, ¿sabes? No Harrington.

Mark levanta una ceja y luego se ríe, apoyando la cabeza en el borde de la piscina. Parece que está disfrutando demasiado de la situación.

—Vale, creo que es hora de decirte que tienes a su puto hermano en el vestuario —indica entre risas.

Frunzo el ceño, confundido, mientras Mark sigue riendo.

—¿Qué? ¿Quieres parar de reírte, tío? —Se endereza y se limpia las lágrimas de los ojos, todavía con una sonrisa en el rostro—. ¿Es una broma?

—No, no… En serio. Su hermano es nuestro portero, Asher Smith.

—No tienen el mismo apellido —señalo, intentando procesar la información.

Mark asiente, aún sonriendo.

—Son hermanastros.

Me quedo en silencio por un momento, tratando de asimilar todo.

—Eso explica…

—Ahora todo tiene sentido, ¿eh? —dice Mark, divertido.

Asiento, procesando la revelación.

Me recuesto en el bordillo de la piscina, dejando que el agua fría calme mis pensamientos. Mientras miro el cielo, me empiezo a reír y sacudo la cabeza, todavía incrédulo. La situación es tan surrealista que no puedo evitar carcajearme.