Capítulo 5
Bajo los focos: Cuando toda la atención está sobre ti, y cada movimiento cuenta.
Amber
A mi llegada, el equipo de producción ya está en plena acción, ajustando luces y preparando los fondos para la sesión.
La recepción del estudio es moderna y minimalista, con paredes blancas adornadas con fotos de alta moda y una alfombra de terciopelo en tonos grises que amortigua el sonido de los pasos.
Un asistente me saluda con una sonrisa profesional y me dirige hacia el área de maquillaje. El pasillo que lleva hasta allí está decorado con elegantes cuadros en blanco y negro, y luces led empotradas en el techo que aportan un brillo suave y uniforme.
El área de maquillaje es un espacio brillante y organizado. Me recibe una maquilladora con un delantal negro impecable, que me invita a sentarme en una de las sillas cómodas, frente a un gran espejo iluminado por bombillas de luz cálida.
Mientras la maquilladora comienza a preparar mi piel con una base suave y contorno sutil, aprovecho para observar el entorno.
El estudio tiene un diseño elegante, con pisos de madera clara que contrastan con las paredes de color gris.
La calma del estudio choca con la expectativa que hay en el aire, mientras el equipo de producción se mueve con eficiencia, ajustando cada detalle para asegurar que todo esté perfecto.
—¿Cómo te sientes para la sesión? —me pregunta la maquilladora con una sonrisa amistosa mientras aplica el último toque.
—Lista para empezar —respondo, intentando no mostrar mi nerviosismo.
Una vez que la maquilladora se marcha, me dirijo hacia el área de la sesión de fotos.
A medida que me acerco al set, me detengo en seco al ver a Harrington en el centro, posando para la cámara. Tiene que ser una broma.
Decido acercarme a una chica del equipo de producción para confirmar mis sospechas.
—Perdona, ¿hay más futbolistas aquí hoy? —indago, tratando de mantener la calma.
Ella me sonríe, pero sus ojos revelan una pizca de sorpresa ante mi reacción.
—Solo vosotros. —Me señala a mí y luego a Henry.
Mi incredulidad crece. ¿En serio he vuelto a aceptar un contrato para un proyecto que ni siquiera cumple con las expectativas?
La rabia me hierve por dentro; no puedo creer que me haya metido en esto de nuevo.
La idea de tener que trabajar con Henry, un jugador que no esperaba ver aquí, solo agrava mi frustración.
De repente, alguien me llama para que me acerque al área de fotos.
Me resisto a una última mirada de desdén hacia el set y me dirijo hacia el grupo, tratando de recomponerme antes de enfrentar esta situación.
El técnico de la sesión, un hombre con una presencia imponente y un tono autoritario, se dirige a nosotros con una serie de instrucciones precisas.
—Bien, vamos a empezar. Lo que buscamos aquí son imágenes que resalten la conexión entre los futbolistas y el concepto del proyecto. Queremos transmitir fuerza, carisma y autenticidad. Así que, por favor, dadme lo mejor de cada uno.
Mi mirada se dirige hacia Henry. Lleva un conjunto deportivo de alta gama, con un diseño elegante y moderno que acentúa su figura atlética.
La camiseta entallada y los pantalones deportivos ajustados contrastan con el fondo neutro del estudio.
A primera vista parece cómodo en el entorno, aunque percibo que su expresión es algo distante, como si estuviera esperando que la sesión termine pronto.
De repente, Henry nota mi mirada. Se vuelve hacia mí y, con una expresión de leve curiosidad, me lanza un gesto interrogante, como preguntando: «¿Qué pasa?».
Es probable que en este momento Henry me vea como otra futbolista más, una compañera de profesión que está aquí para cumplir con su parte del trato.
Tal vez, incluso piense que me emociona trabajar con él, como si fuera un honor compartir el set con una estrella en ascenso.
La idea de que él se imagine que podría estar emocionada, por su presencia, me resulta irónica y frustrante.
He usado mis redes sociales para abogar por la igualdad en el fútbol, he hablado abiertamente en ruedas de prensa sobre la necesidad de mayor inclusión y he tratado de marcar una diferencia desde mi posición.
En cuanto a Henry, el silencio es absoluto.
Ni una declaración, ni un post en redes sociales.
Nada que indique que le importa usar su voz para algo más que promocionarse a sí mismo.
Podría aprovechar su influencia; no obstante, parece que el compromiso no entra en sus planes.
Nos posicionan frente a la cámara. El técnico de la sesión nos dirige, intentando captar la conexión que se supone que debemos mostrar.
—Acercaos un poco más —nos dice el fotógrafo—. No os preocupéis por el logo de FFA. Probablemente, irá encima de vosotros; o sea, que no lo taparéis. Así parecéis… No sé, algo raro.
Harrington y yo intercambiamos miradas incómodas mientras tratamos de seguir las indicaciones. Nos movemos más cerca el uno del otro.
—¿Os conocíais? —Ajusta la cámara—. Vale, acabo de hacer una pregunta tontísima. Sois los dos futbolistas. O sea, ¿cómo no os vais a conocer? —Se ríe.
—Conozco en general —respondo con una ligera sonrisa, mientras me llevo el pelo largo y rubio hacia atrás, dejándolo caer en ondas sobre mis hombros— a los futbolistas.
Henry levanta una ceja.
—¿Estás englobando a todos en el mismo saco?
—Quizás es porque… sé cosas —dejo caer, con una sonrisa enigmática.
Me resulta casi divertido saber más sobre él y sus compañeros de lo que probablemente imagina. Mi hermano ha compartido suficientes historias para que pueda hacerme una idea bastante clara de quién es Henry Harrington fuera del campo de juego.
Nos damos cuenta de que nos hemos acercado mucho, casi sin querer. Los flashes continúan inmortalizando el momento. La incomodidad inicial se mezcla con una tensión inesperada mientras seguimos posando para las fotos.
—Genial, genial. Quedaos así —expresa el fotógrafo.
Trato de conservar la pose y la expresión, mientras Henry y yo mantenemos el contacto visual.
—Así que sabes cosas, ¿eh? —murmura Henry, apenas audible para el fotógrafo.
—Más de lo que te imaginas —respondo en el mismo tono, sin apartar la mirada—. Digamos que tengo buenas fuentes.
Henry arruga la frente, claramente intrigado por mi comentario. Antes de que pueda decir algo más, el fotógrafo nos interrumpe.
—¡Perfecto! Con esto creo que tendremos suficiente.
Harrington se aparta y comienza a marcharse hacia el otro lado del set.
Justo cuando se aleja, algo cae de su bolsillo. Sin pensarlo, grito:
—¡Henry!
Él se detiene de repente y se vuelve, con una expresión rara en su rostro.
—¿Henry? —pregunta, como si el nombre le resultara extraño en mi boca.
La he cagado. Mierda. Se me ha escapado sin pensar. He visto esa hoja caer al suelo mientras sacaba el teléfono de su bolsillo y a mi cerebro no le ha dado tiempo a procesar antes de gritar su nombre.
—Solo me llaman Henry dentro del vestuario —dice, con una mezcla de curiosidad y desconfianza en su tono.
Trago saliva y me esfuerzo por sonreír, intentando restarle importancia al asunto.
—¿Acaso no es tu nombre?
Henry frunce el ceño, como si sopesara una respuesta que finalmente decide callar. Se encoge de hombros y se da la vuelta, alejándose en silencio.