Fuera de contrato Capítulo 4
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Capítulo 4

Gol de vestuario: Justo cuando creías que todo estaba decidido, algo cambia el juego.

Henry

—Espero que tengan esa pasta que tanto te gusta —me dice Mark, a la vez que me da una palmada en la espalda.

—Más vale que sí. Después de la temporada que hemos tenido, me merezco ese plato —respondo riendo.

No hemos avanzado mucho cuando un grupo de adolescentes nos reconoce y se nos acerca a toda prisa, con los teléfonos listos para inmortalizar el momento.

—¡Harrington! ¡Mark! —gritan—. ¿Podemos hacernos una foto? —pregunta uno de ellos.

Es habitual que me llamen Harrington, ya que es el nombre que llevo en la camiseta durante los partidos.

—Claro, sin problema —acepto sonriendo, mientras nos detenemos para las fotos.

Tan pronto como terminamos, seguimos disfrutando de la noche, apenas avanzamos unos metros antes de que otro grupo de personas nos detenga. Esta vez son un par de turistas que parecen emocionados de habernos reconocido.

Nos paramos, nos tomamos otra foto y seguimos.

Finalmente, llegamos al restaurante y entramos, agradecidos por la relativa privacidad del lugar. Nos acomodamos en sillas de cuero suave, cerca de la ventana, para poder ver las luces de la ciudad y disfrutar de la tranquilidad.

Las mesas están cubiertas con manteles blancos impecables y adornadas con centros de mesa elegantes, que consisten en arreglos florales frescos y velas aromáticas.

Uno de los camareros, con su traje impecable, nos entrega los menús que están encuadernados en cuero.

—Esperamos a Jack, ¿no? —pregunto y dejo la carta encima de la mesa.

—Parece que lo has invocado. —Señala hacia la puerta.

Jack, el central de nuestro equipo, acaba de entrar al restaurante. Siempre es el último en llegar, fiel a su estilo de ser impuntual, pero con una gran sonrisa. Me giro y lo veo caminando de manera relajada y despreocupada.

—No sabéis cuánto necesitaba una noche así —dice nada más acercarse.

Jack está vestido con una camisa azul marino que resalta el tono de sus ojos azules, y que siempre parecen brillar con una chispa de diversión. Lleva unos pantalones de vestir negros y unos zapatos de cuero que completan su estilo casual pero elegante.

—Claro, porque hace mucho que no cenas, ¿no? —bromea Mark.

—O no sales a cenar, venga ya —añado yo, con una sonrisa—. Eso cuéntaselo a la prensa, pero no a tus compañeros de equipo.

Él se ríe y se sienta con nosotros.

—Vale, vale… Lo admito. No es la primera vez que salgo a cenar esta semana. Pero esta noche es especial porque estoy con vosotros. —Nos guiña un ojo.

La cena se desarrolla en un ambiente relajado y lleno de camaradería.

Pedimos una variedad de platos: pasta para mí, un filete para Mark y un risotto para Jack.

La conversación fluye con facilidad. Hablamos de la temporada pasada, de nuestras expectativas para las vacaciones y de los rumores sobre la próxima temporada.

En un momento, Jack se levanta y se dirige al baño.

Mientras tanto, Mark y yo seguimos conversando, disfrutamos de la comida y la compañía.

Es todo tan fluido que, cuando veo a Jack acercarse, dudo del tiempo que ha pasado.

Sin embargo, lo que me llama la atención son las tres chicas que parece que lo siguen.

Cuando vemos que nuestro compañero se gira para decirles algo, y ellas se ríen, ya sabemos cómo va a continuar la historia.

—Dime que no —me dice.

—Es Jack.

Conforme se acercan, Mark y yo intercambiamos miradas.

Jack no tarda en pedirle al camarero que añada más sillas a nuestra mesa.

—Hola, chicos —comenta una de ellas.

Jack las invita a sentarse. En cuanto se acomodan, me fijo en la que tiene el pelo castaño y ondulado. El vestido rojo que luce resalta bajo las luces del restaurante. Como se ha sentado a mi lado, giro mi cuerpo hacia el sentido contrario para susurrarle a mi compañero:

—¿No habíamos quedado en que sería una cena de amigos?

—Relájate, Henry. Un poco de compañía extra nunca viene mal.

—Siempre pensando en el equipo, ¿verdad? —Le miro con una sonrisa vacilona.

Jack se ríe.

—Exactamente, siempre pensando en el equipo.

Mientras tanto, Mark se las apaña para acaparar la atención de las tres, lanzando preguntas con ese tono casual suyo que siempre logra que la gente se relaje.

Las chicas parecen responderle con interés, incluso la del vestido rojo, que sonríe de manera casi involuntaria, como si intentara no dejarse llevar demasiado por el encanto natural de mi amigo.

Nunca me he preocupado demasiado por ligar.

Desde que estoy en los Galácticos, y mi cara es conocida, no necesito esforzarme demasiado.

Es una ventaja que viene con la fama y el éxito en el campo.

Me lo tengo creído, lo sé. Pero cada vez que salgo, las miradas y los acercamientos son inevitables, uno empieza a acostumbrarse.

No es que me disguste la atención; sencillamente, es algo que he terminado por dar por sentado.

Mi teléfono vibra en el bolsillo y lo saco discretamente. Es un mensaje de Jack.

Jack:

¿Vamos de fiesta o a casa? Por si no estás convencido de…

Levanto la vista y veo a Jack mirándome con una ceja levantada y una media sonrisa. Sabe que a veces prefiero una noche tranquila sin complicaciones adicionales. Reflexiono por un momento, mirando a las chicas que parecen estar disfrutando de la conversación con Mark.

Justo cuando mis dedos están deslizándose por el teclado para contestar a mi amigo, la chica de rojo se gira hacia mí y me pregunta:

—¿Qué tal sienta ser el campeón de la Liga? Debe ser increíble, ¿no?

Sonrío, captando su pregunta.

—Todo el trabajo duro vale la pena cuando consigues algo así —respondo, manteniendo el contacto visual.

—Supongo que será agotador, a la par que emocionante —añade, inclinándose de manera ligera hacia mí—. Me imagino que hay muchas celebraciones.

—Sí, hay muchas.

Ella sonríe.

No sé en qué momento hemos empezado a ligar, pero cuando me refiero a que no me hace falta hacer mucho, es justo esto. Mi teléfono vibra de nuevo y lo saco discretamente. Es otro mensaje de Jack.

Jack:

Vale, veo que prefieres irte a casa.

Levanto la cara y veo a Jack riéndose, disfrutando de la situación. Me río también y le hago un gesto para que se relaje.

—¿Planes para esta noche? —les pregunto de manera directa a las tres chicas.

—¿Alguna sugerencia? —responde la del vestido rojo, con una sonrisa.

—Bueno, puedo pensar en algunas cosas interesantes que podríamos hacer —digo, en el mismo tono.

De repente, Mark interviene, rompiendo la tensión del momento.

—De hecho, os voy a acompañar a su casa porque la llave de la mía está ahí.

—¿Te has vuelto a dejar tu llave en mi casa?

Mark se encoge de hombros, sonriendo.

—Ya sabes cómo soy.

Las chicas se ríen.

Durante la conversación que se desarrolla a posteriori, deduzco que la chica del vestido rojo se llama Laura, ya que lo han mencionado de forma casual.

—Entonces, ¿a dónde vamos esta noche, campeón? —pregunta, inclinándose hacia mí con un brillo en los ojos.

—Creo que tengo el lugar perfecto en mente —respondo con confianza. La noche apenas comienza.