Capítulo 81
El tío de Uv e se ha quedado a solas con el piloto en el helicóptero.
Pasea las uñas por la tela vaquera de su pantalón.
A través de ella, pellizca los calcetines para subírselos.
En cuanto tomaron tierra, tanto la inspectora como el agente de los antebrazos cortos bajaron para unirse a los dispositivos movilizados en los alrededores del puerto del que parten los ferris.
Por lo que ha entendido, se espera que los chicos aparezcan en el utilitario de color granate que robaron a la propietaria del restaurante de carretera, pero no se descartan otras opciones.
De momento, se aproxima la hora de salida del último viaje a la isla y no ha habido rastro de ellos.
A través del cristal de la cabina, el tío de Uve ve reaparecer a la inspectora, que atraviesa a paso ligero el aparcamiento del puerto. Accede al descampado donde han aterrizado y retoma su posición en el helicóptero.
—Nos vamos —dice antes incluso de ponerse los cascos.
El piloto reinicia la puesta en marcha al tiempo que la inspectora le da indicaciones. El otro agente regresa también a su asiento en algún momento. En cuanto alzan el vuelo, el tío de Uve escucha la voz de la inspectora en sus auriculares.
—Los han visto. —Se gira un instante para mirarlo a los ojos, que sepa que le habla a él—.
Al parecer, cambiaron de planes, van en otra dirección.
Han provocado un accidente con una furgoneta y han dejado al conductor herido.
Según ha contado este conductor a los compañeros, los sospechosos…
—se corrige—, su sobrino…, han tenido que continuar a pie.
El coche que conducían quedó inutilizado.
—Pero ¿están bien? —pregunta el tío de Uve, presionando el botón para hablar.
—Parece que sí —le contesta ella al oído—. Y no pueden andar muy lejos.
El agente de los antebrazos cortos aprieta el puño sobre su rodilla uniformada.
—Los tenemos —dice.