Capítulo 56
Los golpes de la suela gruesa del conserje se acercaron por el pasillo.
Uve acababa de regresar a la cama. Se había metido los billetes recuperados en el calzoncillo, no le había dado tiempo de reunirlos con el resto del dinero que guardaba en la caja fuerte.
Tampoco lo hubiera hecho dela nte de los otros, que supervisaron cada uno de sus movimientos desde que entró por la puerta.
Uve cerró los ojos justo antes de que entrara el conserje.
Las luces estaban apagadas.
—Así me gusta, todos dormidos —dijo el Búho—. Como muñequitas.
—Eh, cabrón —respondió Quinto—. Muñequita lo serás tú.
—Anda, no llores, bonita, que mañana te cambio el pañal.
Las risas estallaron en el resto de las camas.
—Sabía que estabais despiertos —comentó el conserje—. Ahora haceos todas las pajas que queráis, pero nadie sale de la habitación a no ser que vayáis al baño a vaciaros por delante, por atrás o por arriba. Menos tú, muñequita, que puedes hacerlo en el pañal.
—Te odio, cojo asqueroso —respondió Quinto.
Consiguió que los demás rieran, incluido el Búho.
—Anda, que paséis buen fin de semana. Os veo el lunes.
Su peculiar andar continuó escaleras arriba, a las habitaciones de los cursos superiores. En cuanto se oyeron sus pisadas por el segundo piso, alguien chistó en la habitación.
—¿Vas a poder dormir? —susurró Replay a la oscuridad—. Porque seguimos queriendo el dinero. Y tu guardaespaldas no será el único con una navaja la próxima vez.
Uve se subió la colcha hasta la frente.