Capítulo 46
Un súbito alboroto en el pasillo alertó a Uve y sus compañeros de cuarto, que apuraban el tiempo hasta el apagado de luces.
Supermario bajó la revista que leía. Eté, Replay y Quinto interrumpieron una partida de cartas.
Uve alzó la vista de una lámina en la que una mujer, vestida de blanco, buscaba a ciegas el bloque de madera donde la decapitarían.
Todos bajaron de la cama.
Eté fue el primero en asomarse a lo que ocurría. Sacudió la mano en el aire, tan alarmado como encantado con lo que veía. Uve salió el último.
Jota aprisionaba a Barro contra la pared del pasillo, empujándolo del pecho.
—... contando cosas de mi vida —terminaba de decir Jota, salpicando saliva.
—Lo sabe todo el mundo —se defendió Barro.
—Pero lo has contado tú.
—Porque me lo preguntaron. A lo mejor el problema es de tu amiguito.
—Pasa de mí. —Jota aumentó la presión de su empuje—. Olvídame. Ni me menciones.
Barro se percató de la aparición de Uve y dirigió los ojos a él.
—¿Otra vez mandando a tu guardaespaldas, pedazo de chivato? Está visto que no sabe controlarse y no haces más que pincharlo. —Devolvió la mirada a Jota—. Eres como un dóberman rabioso.
La intensa reacción de Jota alarmó al resto de los chicos, que corrieron a separarlos antes de que la pelea empeorara. Quinto, Gemelo y Latas lo empujaron dentro de su habitación. Los demás atendieron a Barro, le preguntaron si estaba bien.
—Nah, si no me ha hecho nada —respondió mientras se recolocaba el pijama—. Si va de chulito, pero es un mierda. Y tú…
Uve, que regresaba ya a su cuarto, intuyó que se dirigía a él y se volteó para mirarlo.
—Tú eres un gusano —le dijo Barro.