Fuegos artificiales Capítulo 44
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Capítulo 44

Las luces se apagaron en el pasillo.

También las del cuarto, con un comentario del Búho que los hizo reír a todos.

Uve ni siquiera usó su lámpara, se durmió enseguida.

Hasta que un ruido lo despertó en mitad de la noche.

O quizá solo hubieran pasado unas horas, o unos minutos, porque sentía que acababa de cerrar los ojos.

Oyó murmullos en la oscuridad.

Pasos que se aproximaban a su cama.

Un temor lo paralizó cuando notó manos en la colcha.

Los muelles del colchón rechinaron con la sacudida que le pegaron.

—Vamos, que son y cincuenta y siete —susurró Replay.

Uve parpadeó.

Se relajó al entender.

—¿De Jackson? —preguntó con voz adormilada.

—Sí, pesado, de Jackson —dijo Eté—. Sal, vamos.

Las manos sobre su cuerpo le arrancaron la colcha y lo impulsaron a bajar por un lado de la cama.

El resplandor de una linterna dirigida al suelo le permitió distinguir a los otros. Los cuatro llevaban pelos revueltos, caras hinchadas y pantalones de pijama retorcidos en las espinillas, pero lucían mucho más despiertos que él.

—Y cincuenta y ocho —apuntó Quinto.

—Vamos, vamos, vamos.

Replay lideró con la linterna hacia el pasillo y la habitación contigua. En cuanto los oyeron entrar, Gemelo, Latas y Barro bajaron de sus camas. Uve se fijó en la de Jota, en su volumen bajo las sábanas, tan distinto al de los demás. El haz de luz condujo al grupo hasta la cama de Jackson.

—Despertad al nuevo también —susurró Barro—, que aprenda las tradiciones.

Replay obedeció y meneó a Jota.

Le dirigió la linterna a la cara.

Tiró de sus auriculares.

—Despierta, hostia.

Jota lo agarró de la pechera del pijama como si llevara un rato en alerta.

—¿Qué coño haces? —Retorció la tela.

—Te estamos invitando de buen rollo, gilipollas —intervino Gemelo.

Uve se hizo visible entre los demás para que Jota supiera que era verdad, que no pasaba nada malo ni era un ataque.

—Es por un cumpleaños —explicó Uve.

A pesar de sus diferencias, seguía habiendo momentos en que volvían a ser simplemente un montón de chicos compartiendo habitación.

—¿Y a mí qué m…?

—¡Las doce! —anunció Quinto con un grito.

El grupo rodeó la cama de Jackson.

Entre todos hicieron vibrar su colchón.

—Terre-terre-terre-terre-terre-terremoto —balbucearon al unísono.

Destaparon por completo a Jackson y anunciaron que ya era su cumpleaños.

Uno por uno le fueron dando dos bofetadas como regalo.

Cuanto más sonaba la cachetada, más se reían todos.

Jackson se incorporó y aceptó la ceremonia entre fastidiado y divertido.

—Venga, ya está —dijo.

—Sí, hombre —replicó Eté—. Falta lo mejor.

Barro fue a su armario y regresó con dos bolsas de plástico cuyo contenido tintineaba. La algarabía entre los demás creció, compartieron choques de manos amortiguados.

—Todos en fila, a tomar tequila. —Barro lo canturreó subrayando la rima, como en una consigna—. Y el cumpleañero siempre es el primero.

De una de las bolsas, fue sacando vasos de chupito que repartió a los otros.

—Bah, tío, no me apetece nada —se quejó Jackson al coger el suyo.

Los demás se rieron porque sabían que no había opción.

Uve, como en cumpleaños anteriores, rechazó el vaso, pero Barro le obligó a cogerlo.

—Tú también brindas, aunque sea vacío.

La voz de Jota sorprendió a todos, que se giraron a mirarlo.

—¿Vais a beber tequila? —preguntó desde su colchón, incorporado sobre un codo—. ¿Tequila tequila? ¿Con alcohol?

—No, tequila sin alcohol, no te jode —respondió Barro. Sacó la botella de la bolsa y la agitó para que sonara—. Tequila del bueno.

Jota se dejó caer de la cama.

—Por fin algo divertido en este internado. —Se rio entre dientes y levantó una mano para solicitar un vaso—. ¿Puedo?

Latas y Gemelo empezaron a decirle que ya era tarde, que ya no podía unirse porque ahora no les daba la gana a ellos, pero Barro los calló con un chistido.

—Celebramos siempre juntos, que es el cumpleaños de nuestro querido Jackson.

Le entregó a Jota un vasito igual a los del resto. De la otra bolsa, sacó una botella y desenroscó el tapón. Le pidió a Replay que le fuera alumbrando y sirvió tequila a todos. Se empeñó en servirle a Uve también, pero él apartó el vaso cada vez.

—Venga, tío —lo animó Jota—. No pasa nada.

Uve se mantuvo en su negativa. Oyó que Jota chasqueaba la lengua y se sintió idiota. Tras el cigarro, era la segunda vez que le rechazaba un ofrecimiento.

—Y ahora el toque maestro… —Con destreza, Barro cerró la botella, la guardó en la bolsa y sacó otra—. Que, si no, me lloráis con que sabe muy mal.

Añadió un último chorrito a cada vaso.

—¿Licor de mora? —reconoció Jota al olfato—. Quita, quita, yo paso, que me lo jodes.

Las bebidas de Quinto y Supermario se desbordaron con el licor, les mojaron los dedos. Con ellos, salpicaron a los demás.

Los vasitos chocaron en el aire en un brindis común, incluyendo el de Uve, que seguía vacío.

—El cumpleañero siempre es el primero —repitió Barro.

Inició así un cántico susurrado que los otros replicaron.

—El cumpleañero siempre es el primero.

El foco de la linterna iluminó el rostro del aludido.

Jackson cerró los ojos y se tragó el chupito.

Los demás lo celebraron azotando el colchón, la almohada.

—¡Al ataque! —Eté abrió la veda para que los demás bebieran.

Se tomaron sus tequilas de un trago y reaccionaron con carraspeos, lenguas fuera y ojos cerrados. Jota, que apenas se inmutó, alzó su vaso solicitando una segunda ronda.

—Sí, anda, no te flipes —respondió Barro.

—Felicidades, tío —le dijo Quinto a Jackson, con la cara aún arrugada por efecto del alcohol—. Otro año que no te ha servido para nada más que para hacerte pajas.

—Y todas pensando en tu hermana —respondió el cumpleañero.

Las risas se transformaron en toses, las toses en risas de nuevo.

—¿Ya te corres al menos? —preguntó Latas.

—¿Escupes o solo babeas? —secundó Gemelo, ceceando más de lo habitual.

—No lo sé, vuestras madres se lo tragan antes de que pueda verlo.

Las carcajadas aumentaron de volumen por efecto del alcohol, algunos se atragantaron con ellas hasta secar lágrimas en los ojos y decir otras barbaridades.

Supermario chistó para que controlaran el ruido.

—Va a acabar bajando el pesado de arriba. —Lo imitó moviendo los brazos como si nadara en una piscina y solo consiguió que los otros rieran más alto.

Replay dirigió la linterna al despertador sobre la cómoda.

—El que va a venir es el Búho.

—Venga, se acabó la fiesta. —Barro abrió una de las bolsas de plástico e invitó a los demás a soltar los vasos en su interior. Se la entregó a Jackson entonando otra de las tradiciones que todos conocían—: El que cumple es el que friega.

Jackson aceptó la bolsa sin rechistar y la escondió en el cajón inferior de su mesilla. Al día siguiente limpiaría los vasos en el lavabo durante las duchas matutinas y juntos comentarían entre risas el chupito de la medianoche, como ocurría con cada cumpleaños.

—¡Espera, espera, espera! —dijo de pronto Gemelo.

—Ezpera, ezpera, ezpera —repitió Latas, imitando el efecto de los dientes partidos de su amigo.

Los demás se rieron y le dijeron que era un cabrón mientras Gemelo cogía algo de su estantería. De regreso, se situó a los pies de la cama de Jackson y estiró los brazos todo lo que pudo, para alejar al máximo la cámara Polaroid que enfocó hacia sí mismo y los demás.

—Poneos —dijo.

—Poneoz —imitó Latas.

A Uve una mano en el hombro lo atrajo hacia el borde de la cama, donde todos se agruparon alrededor de Jackson.

Todos excepto Jota, que en algún momento se había vuelto a meter en la cama.

El destello del flash cegó al grupo entero y la fotografía se deslizó con un sonido de barrido mecánico.

Gemelo la sostuvo por los bordes y la mostró al aire, aún toda blanca.

—La prueba del delito —susurró Replay.

El ruido de la puerta principal de la casa al cerrarse resultó inconfundible.

Todos entendieron lo que significaba.

Barro corrió a su armario con la bolsa de las botellas, Gemelo se metió a la cama con la Polaroid.

Replay apagó la linterna y huyó a toda prisa, seguido de Uve y los que dormían en el otro cuarto, que lograron contener las risas bajo las colchas justo antes de que el zapatón del conserje alcanzara lo alto de la escalera.