Capítulo 7El Reencuentro Ardiente Tres Meses Después
Habían pasado tres meses desde aquella última mañana en la mansión.
Tres meses de mensajes subidos de tono a altas horas de la noche, de videollamadas donde terminábamos tocándonos mientras nos mirábamos a los ojos a través de la pantalla, y de un vacío húmedo entre las piernas que ninguna rutina conseguía llenar del todo.
Hasta que Valeria decidió que era suficiente.
—Este fin de semana. Mi apartamento. Todas. Sin excusas —ordenó por el grupo, y ninguna se atrevió a negarse.
Llegué la primera. Apenas cerré la puerta del ascensor cuando Valeria ya estaba sobre mí. Me empujó contra la pared del pasillo con esa fuerza posesiva que tanto me ponía, su boca devorando la mía mientras sus manos subían por debajo de mi vestido corto y me agarraban el culo con fuerza.
—Joder, rubia… cómo te he echado de menos —gruñó contra mis labios, mordiéndome el inferior.
No llegamos ni al sofá. Me levantó el vestido hasta la cintura, se arrodilló y me bajó las bragas de un tirón.
Mi coño ya estaba empapado. Valeria separó mis labios con los pulgares y hundió su lengua directamente en mi interior, lamiendo con hambre, chupando mis jugos como si se estuviera muriendo de sed.
—Ahh… Valeria… sí… —gemí, agarrándole el pelo rojo mientras movía las caderas contra su cara.
Estaba follándome la boca con desesperación cuando escuchamos la puerta. Sara, Carla, Noa y Maya entraron casi al mismo tiempo. No hicieron falta palabras. En segundos, la ropa voló por el salón.
Sara se colocó detrás de Valeria, le bajó los pantalones y empezó a comerle el coño desde atrás mientras Valeria seguía devorándome. Carla y Noa me quitaron el vestido y atacaron mis tetas: una chupando un pezón con fuerza, la otra mordisqueando el otro.
Maya, la más flexible, se subió al respaldo del sofá, abrió las piernas encima de mí y me ofreció su coñito depilado y brillante. —Lámeme, Lena… —suplicó.
No me hice de rogar. Mientras Valeria me follaba con la lengua y dos dedos gruesos, yo enterré mi cara entre las piernas de Maya, lamiendo su clítoris hinchado y metiendo la lengua lo más profundo que podía. Sus gemidos agudos llenaron la habitación.
El salón se convirtió en un caos de carne, gemidos y fluidos.Valeria se levantó, se limpió la boca con el dorso de la mano y ordenó con voz ronca:—Al dormitorio. Todas. Ahora.
Nos arrastramos hasta la enorme cama. Allí nos convertimos en un nudo salvaje de cuerpos desnudos. Valeria me puso a cuatro patas y me metió tres dedos de golpe en el coño, follándome con fuerza mientras
Sara se tumbaba debajo de mí en 69 y me chupaba el clítoris.
Yo tenía la cara enterrada entre las piernas de Carla, lamiendo su coño jugoso y metiendo la lengua en su ano de vez en cuando.Noa y Maya formaron su propio 69 a nuestro lado, lamiéndose con desesperación, sus gemidos vibrando contra los muslos de la otra.
—Quiero correrme en tu boca, rubia —gruñó Valeria, cambiando de posición. Se sentó sobre mi cara, aplastando su coño caliente y empapado contra mi lengua.
Empezó a montarme la cara con fuerza, frotando su clítoris contra mi nariz mientras yo le metía dos dedos en el ano.
Sara, debajo, me abrió las piernas al máximo y me folló con cuatro dedos, curvándolos justo en mi punto G. El sonido de mi coño chorreando era obsceno y delicioso.
—Estoy cerca… joder… —jadeé contra el coño de Valeria.—Córrete, mi puta rubia —ordenó ella, moviéndose más rápido.
Explosé. Mi cuerpo se sacudió violentamente, chorros de squirt saliendo alrededor de los dedos de Sara mientras gritaba contra el coño de Valeria. Ella se corrió casi al instante, inundándome la cara con su corrida dulce y espesa.
No paramos.
Cambiamos posiciones una y otra vez. En un momento tenía a Carla sentada en mi cara, a Maya chupándome las tetas y a Valeria follándome el coño con un strap-on grueso que había sacado del cajón.
Sara y Noa se besaban y se metían los dedos mutuamente a mi lado, mirándonos.
Follamos como animales durante horas. Sudorosas, pegajosas, sin vergüenza. Hubo doble penetración con dedos, lenguas en todos los agujeros, pechos frotándose, besos babosos compartidos.
La última ronda fue la más intensa: todas en círculo sobre la cama, cada una lamiendo el coño de la siguiente. Un tren de placer húmedo y ruidoso. Los gemidos se mezclaban, los cuerpos temblaban.
Cuando el orgasmo colectivo llegó, fue devastador. Gritos, temblores, chorros de corrida mojando sábanas y muslos. Caímos exhaustas, formando el mismo nudo de siempre: piel contra piel, respiraciones agitadas, manos acariciando perezosamente tetas, culos y coños aún sensibles.
Valeria me besó despacio, saboreando su propio sabor en mi boca.—Esto no va a parar nunca, ¿verdad? — susurró.
—Nunca —respondí, sonriendo contra sus labios—. Cada vez que el fuego arda demasiado… nos reuniremos y lo apagaremos a base de corridas y gemidos.
Sara rio bajito desde mi espalda.—Y cada vez será más sucio.Carla, Noa y Maya murmuraron su acuerdo, besándonos una a una.El apartamento olía a sexo, a nosotras, a deseo sin límites.Y sabíamos que este era solo el primero de muchos reencuentros.