Capítulo 8El Fuego Eterno La Noche Sin Fin
Habían pasado seis meses desde aquel primer reencuentro en el apartamento de Valeria.
Seis meses en los que el grupo se había vuelto adicto.
Ya no eran solo escapadas: eran necesidades.
Mensajes diarios cargados de fotos de coños mojados, vídeos cortos masturbándonos pensando en las demás, y promesas sucias de lo que haríamos la próxima vez.
Esta vez no fue en un apartamento. Valeria había alquilado la misma mansión por una noche. Solo para nosotras. El círculo completo.
Llegamos al atardecer. Apenas cruzamos la puerta, la ropa desapareció como si quemara. El vestíbulo se convirtió en el primer campo de batalla.
Valeria me empujó contra la pared de mármol, me levantó una pierna y metió tres dedos de golpe en mi coño ya chorreando.
—Estás empapada, mi rubia puta favorita — gruñó mientras me follaba con fuerza, su pulgar presionando mi clítoris hinchado.
Sara se arrodilló entre las piernas de Valeria y le devoró el coño desde abajo, lamiendo y chupando ruidosamente.
Carla y Noa me atacaron las tetas, mordiendo y succionando mis pezones hasta ponérmelos rojos e hinchados.
Maya, siempre la más traviesa, se colocó detrás de Valeria y le metió dos dedos lubricados directamente en el culo.
Los gemidos resonaron en toda la mansión.
No llegamos ni al dormitorio. Nos follamos en el suelo, sobre la alfombra, contra el sofá, en las escaleras. Valeria me puso a cuatro patas en el pasillo y me folló con un strap-on grueso y venoso que había traído especialmente.
Cada embestida era brutal, profunda, sus caderas chocando contra mi culo con fuerza mientras me tiraba del pelo.
—¡Más fuerte! ¡Rómpeme el coño! — supliqué, empujando hacia atrás como una perra en celo.
Sara se tumbó debajo de mí y me chupó el clítoris mientras Valeria me reventaba. Carla y Noa se besaban y se metían los dedos mutuamente a nuestro lado. Maya se sentó en la cara de Sara y se frotó contra su boca, gimiendo alto.
Cambiamos sin parar. En un momento tenía el strap-on de Valeria en el culo, dilatándome poco a poco mientras Sara me follaba el coño con cuatro dedos. El doble penetración me hizo squirt por primera vez esa noche: un chorro largo y caliente que mojó el suelo y las tetas de Sara.
—Joder, mira cómo chorrea la rubia —rio Valeria, acelerando las embestidas en mi ano.
Nos movimos a la piscina, como aquella última mañana. Pero esta vez no fue tierno. Fue salvaje.
Valeria me sentó en el borde, me abrió las piernas al máximo y me comió el coño y el ano alternando, metiendo la lengua lo más profundo posible en ambos agujeros.
Maya trajo lubricante y juguetes. Me metieron un dildo grueso en el coño mientras Valeria me follaba el culo con otro.
Carla y Noa me chupaban las tetas y me besaban, tragándose mis gemidos.
Me corrí tan fuerte que casi me caigo al agua.
Luego fue el turno de Valeria. La pusimos en el centro de la cama king size del dormitorio principal.
Todas sobre ella. Yo montando su cara, frotando mi coño contra su lengua experta.
Sara follándola con el strap-on más grande.
Carla y Noa chupándole las tetas y metiéndole dedos en el ano.
Maya usando un vibrador potente en su clítoris.
Valeria se corrió como nunca: gritando, temblando, squirteando contra la boca de Sara mientras yo le inundaba la cara con mi corrida.
La noche se volvió un mar de fluidos, sudor y placer sin límites.
Hicimos un tren largo sobre la cama: cada una lamiendo el coño y el ano de la siguiente en círculo. Lenguas entrando en todos los agujeros, dedos por todas partes, pechos frotándose, culos moviéndose. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, gemidos ahogados, nalgadas y súplicas sucias.
—Quiero correrme en todas vuestras caras — declaró Valeria en un momento.Y lo hizo.
Nos pusimos de rodillas alrededor de ella.
Valeria se masturbó con fuerza, dos dedos en su coño y otro en el ano, hasta que explotó.
Chorros potentes de squirt nos mojaron las caras, las tetas y las lenguas.
Nos besamos entre nosotras, compartiendo su sabor.
La última hora fue lenta, profunda y emocional.
Nos tumbamos en un nudo perfecto de cuerpos desnudos y pegajosos.
Lenguas moviéndose despacio, dedos entrando y saliendo con cariño, besos largos y babosos.
Nos corrimos una última vez casi al unísono: un orgasmo colectivo largo, intenso y tembloroso, abrazadas con fuerza, susurrando “te quiero” y “mi puta” entre gemidos.
Cuando el sol empezó a salir, nos quedamos quietas, respirando juntas, piel contra piel, coños aún palpitando.
Valeria me miró a los ojos, su melena roja desordenada y sus pecas brillando por el sudor.—Esto no termina aquí —dijo con voz ronca pero llena de amor—. Cada tres meses volveremos a quemarlo todo. La mansión, un hotel, donde sea. Pero siempre nosotras seis.
Asentí, besándola con ternura.—Porque una noche loca se convirtió en nuestra puta familia más caliente del mundo.Sara, Carla, Noa y Maya se unieron al beso grupal, lento y profundo.
Cerramos la puerta de la mansión por la mañana con una promesa sellada entre besos y caricias finales:
Por el Fuego y la Miel.Por nosotras.Hasta la próxima vez que ardamos.
Y así, el círculo nunca se rompió. Solo siguió creciendo en deseo, en amor y en placer sin límites.Fin