Fuego y Miel (El Círculo Fuego y Miel #2) Capítulo 6La Última Mañana Despedida Dulce y Salvaje
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Capítulo 6La Última Mañana Despedida Dulce y Salvaje

La última mañana en la mansión amaneció tranquila y dorada. El sol entraba por las grandes ventanas del dormitorio principal, iluminando los cuerpos desnudos y enredados sobre la cama king size. Habíamos dormido poco, pero profundamente satisfechas.

Mi cabeza descansaba sobre el pecho generoso de Valeria, su brazo rodeándome la cintura con posesión. Sara estaba pegada a mi espalda, una pierna entre las mías.

Carla y Noa formaban un nudo cálido a nuestros pies, y Maya dormía atravesada sobre todas nosotras, su respiración suave contra mi muslo.

Abrí los ojos primero, como siempre. El olor a sexo de la noche anterior aún flotaba en el aire: una mezcla embriagadora de nosotras seis, de sudor, de jugos y de champán derramado.

Miré a Valeria. Su melena roja estaba desordenada sobre la almohada, sus pecas resaltaban bajo la luz suave y sus labios entreabiertos parecían invitarme incluso dormida.No pude resistirme.

Me deslicé hacia abajo con cuidado, separando suavemente sus muslos fuertes. Su coño estaba todavía hinchado y ligeramente brillante de la noche anterior.

Empecé con besos suaves en el interior de sus piernas, subiendo despacio hasta que mi lengua rozó su clítoris. Valeria soltó un gemido somnoliento y abrió más las piernas de forma instintiva.

—Mmm… rubia pervertida… otra vez… — murmuró sin abrir los ojos del todo, con esa voz ronca que tanto adoraba.

—Última vez aquí —susurré contra su piel caliente—. Quiero saborearte bien.

Mi lengua empezó a moverse con lentitud deliberada: lametones largos desde su entrada hasta el clítoris, círculos suaves, succiones suaves. Introduje dos dedos en su interior resbaladizo y los curvé buscando ese punto que la volvía loca.

Valeria arqueó la espalda y enredó sus dedos en mi pelo rubio, empujándome más contra ella.

—Joder, Lena… sí… justo así…Las demás empezaron a despertar con sus gemidos. Sara se incorporó y empezó a besar

y chupar los pechos pesados de Valeria, mordiendo sus pezones con cariño. Carla y Noa gatearon hasta nosotras y se unieron: una lamiendo el ano de Valeria, la otra besando su vientre y sus caderas.

Maya, siempre flexible, se colocó sobre la cara de Valeria en posición 69 inversa, ofreciéndole su coño pequeño y mojado.

La habitación se llenó otra vez de sonidos familiares: lenguas lamiendo, dedos entrando y saliendo, gemidos bajos y risasentrecortadas.

Valeria me follaba la cara moviendo las caderas mientras lamía a Maya con hambre.

Yo aceleré el ritmo, chupando su clítoris con más fuerza y follándola con tres dedos. Cuando sentí que estaba cerca, añadí un dedo mojado en su ano.

Valeria explotó con un grito ronco y largo, corriéndose contra mi boca, temblando violentamente mientras inundaba mi lengua con su sabor dulce y caliente. Maya se corrió casi al mismo tiempo sobre su cara, gimiendo contra los pechos de Carla.

No fue el final. Fue solo el comienzo de la despedida.

Nos movimos a la piscina exterior por última vez. El agua estaba fresca y cristalina bajo el sol de la mañana. Nos metimos desnudas, abrazándonos, besándonos con ternura y con deseo residual.

Esta vez no había prisa salvaje. Era lento, cariñoso, casi ritual.

Valeria me sentó en el borde y me abrió las piernas. Me miró a los ojos mientras bajaba la cabeza y empezaba a lamerme con devoción. Su lengua conocía cada pliegue, cada punto sensible.

Sara se colocó a mi lado y me besó profundamente, sus manos acariciando mis pechos. Carla y Noa se dedicaron a besarme el cuello y los hombros. Maya usó sus dedos hábiles para estimular mi ano suavemente.

Me corrí mirando el cielo azul, suspirando el nombre de Valeria contra la boca de Sara. Fue un orgasmo largo, cálido y emotivo, de esos que te dejan el cuerpo temblando y el corazón lleno.

Luego nos tumbamos todas en las hamacas grandes, desnudas, entrelazadas bajo el sol. Nos acariciábamos sin objetivo: dedos trazando curvas, labios rozando piel, manos entrelazadas.

Hablamos poco, pero lo que dijimos quedó grabado.

—Gracias por este año —dijo Valeria, girando la cabeza hacia mí—. Gracias por convertir una noche loca en algo tan bonito y tan jodidamente caliente.

Sara apretó mi mano.—Nunca pensé que seis mujeres pudieran encajar tan bien.Carla sonrió con lágrimas en los ojos.—Esto no es un adiós. Es un “hasta la próxima locura”.Noa y Maya asintieron, besándonos una a una.Decidimos cerrar el círculo donde todo empezó: en la biblioteca.

Volvimos dentro, desnudas y todavía húmedas de la piscina. Nos colocamos en círculo sobre la gran alfombra, frente al sofá de terciopelo rojo. Cada una besó a las demás con lentitud, saboreando.

Luego nos tumbamos en un nudo suave: yo sobre Valeria, Sara debajo de mí, Carla y Noa a los lados, Maya en el centro.

Hicimos el amor por última vez allí, sin juguetes, solo con bocas, dedos y cuerpos. Lenguas lamiendo coños con cariño, dedos entrando despacio, pechos frotándose, besos compartidos.

Nos corrimos todas casi al mismo tiempo, en un orgasmo colectivo suave y profundo, abrazadas, susurrando nombres y “te quiero” entre gemidos.

Cuando terminamos, nos quedamos quietas, respirando juntas, piel contra piel.Valeria me abrazó fuerte y me besó en la frente.

—Rubia… esto empezó con un reto en una fiesta. Terminó siendo la mejor historia de mi vida.

Yo sonreí contra su cuello, sintiendo las lágrimas de felicidad quemándome los ojos.

—Y seguirá siendo nuestra historia. Cada mes, cada escapada, cada vez que nos apetezca volver a arder.

Nos vestimos con calma, ayudándonos mutuamente a cerrar cremalleras y abrochar botones, robándonos besos y caricias finales. Cargamos las maletas entre risas y promesas. Antes de salir por la puerta, nos paramos todas en el umbral y miramos hacia dentro una última vez.

Valeria tomó mi mano, luego la de Sara, y las demás se unieron formando un círculo.—Por el Fuego y la Miel —dijo ella con voz emocionada.—Por nosotras —contestamos todas al unísono.

Cerramos la puerta de la mansión. El coche nos esperaba. Pero sabíamos que, aunque volviéramos a la rutina, el fuego nunca se apagaría del todo.

Porque una pelirroja salvaje y una rubia platino se habían encontrado una noche… y habían encendido algo que ya era imposible de apagar.