Fuego y Miel (El Círculo Fuego y Miel #2) Capítulo 5Un Año Después El Círculo se Cierra
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Capítulo 5Un Año Después El Círculo se Cierra

Había pasado exactamente un año desde aquella primera noche en la mansión donde una pelirroja salvaje y una rubia platino se devoraron contra la pared de una biblioteca.

Doce meses de encuentros mensuales, escapadas improvisadas, mensajes calientes a las tres de la mañana y un vínculo que ya no era solo sexo: era amistad, confianza y un deseo que seguía ardiendo más fuerte cada vez.

Para celebrar el aniversario, volvimos al principio… pero a lo grande. Alquilamos la misma mansión donde todo empezó, esta vez por una semana completa.

La misma biblioteca, la misma piscina, el mismo sofá de terciopelo rojo. Pero ahora éramos más expertas, más atrevidas y con una maleta colectiva de juguetes que pesaba más que todas nosotras juntas.

Llegamos al atardecer. El cielo estaba teñido de naranja y rosa cuando las seis entramos por la puerta principal, riendo y besándonos ya en el pasillo.

Valeria llevaba un vestido negro corto que se quitó nada más cruzar el umbral, quedándose solo con unas braguitas de encaje rojo que combinaban perfectamente con su melena.

—Bienvenidas de nuevo a casa, chicas —dijo con esa voz ronca que todavía me ponía la piel de gallina—. Esta semana es para recordar por qué empezamos… y para superar todo lo anterior.

La primera noche fue nostálgica y salvaje a partes iguales. Volvimos a la biblioteca. Yo empujé a Valeria contra la misma pared donde nos besamos por primera vez.

Esta vez no había nadie más bailando alrededor: solo nosotras seis. La besé con fuerza mientras mis dedos bajaban directamente bajo sus braguitas. Estaba empapada.

—Sigues mojándote igual de rápido, pelirroja —susurré contra su boca.

—Y tú sigues siendo una provocadora insoportable, rubia —contestó ella, mordiéndome el labio.

Sara se arrodilló entre nosotras y empezó a lamer el coño de Valeria mientras yo la besaba y le pellizcaba los pezones. Carla y Noa se unieron, chupando los pechos de Valeria y los

míos. Maya, siempre creativa, trajo el succionador y lo colocó sobre mi clítoris mientras yo seguía besando a Valeria.

Nos corrimos casi en cadena, allí mismo, de pie. Gemidos familiares, risas conocidas, cuerpos que ya se sabían de memoria pero seguían sorprendiéndose.

Los días siguientes fueron una mezcla perfecta de ternura y depravación.

Por las mañanas hacíamos el amor despacio: baños largas en la piscina donde nosacariciábamos sin prisa, desayunos desnudas en la terraza donde alguien siempre terminaba con miel o nata en los pechos y una lengua lamiéndola.

Por las tardes subíamos la intensidad: sesiones en la sala de juegos con cuerdas, azotes suaves, doble penetraciones y electroestimulación que nos hacían gritar y reír al mismo tiempo.

Una noche especial la dedicamos solo a Valeria y a mí. Las demás nos observaron desde los sofás mientras nos devorábamos en el centro de la biblioteca. Yo la follé con el

strap-on más grueso mientras ella estaba atada suavemente a la mesa antigua. Luego ella me montó la cara hasta que me mojé toda la barbilla. Las otras se tocaron mirándonos, corriéndose en silencio para no interrumpir nuestro momento.

Pero la cumbre llegó la última noche.

Organizamos una orgía final en la piscina exterior bajo la luna llena. Luces tenues, música suave de fondo, champán y todos los juguetes desplegados sobre las hamacas.

Empezamos con un ritual que inventamos para la ocasión: cada una eligió a otra y le dio un orgasmo “de aniversario” con la boca y las manos, sin juguetes. Yo elegí a Valeria.

La tumbé en una hamaca, le abrí las piernas y la lamí durante más de veinte minutos: lento, profundo, saboreando cada gemido, cada temblor. Cuando se corrió, gritó mi nombre tan fuerte que las demás aplaudieron. Luego vino la parte salvaje.

Colocamos una gran colchoneta flotante en la piscina y nos subimos todas. Seis cuerpos

desnudos, mojados y brillantes bajo la luna. Usamos el doble dildo más largo para conectar a Valeria y a mí mientras las demás nos follaban con strap-ons y vibradores.

Cambiamos constantemente: tijeras acuáticas, penetraciones dobles, bocas devorando coños mientras los jets de la piscina masajeaban nuestros culos.

En el momento más intenso, nos juntamos todas en un nudo imposible en el centro de la piscina. Lenguas, dedos, pechos, juguetes… todo en movimiento.

Yo tenía tres dedos de Sara en el coño, la lengua de Maya en mi clítoris, el strap-on de Carla entrando por detrás y los pechos de Valeria contra los míos mientras nos besábamos.

—Este año ha sido el mejor de mi vida — jadeé contra su boca.—El primero de muchos —contestó ella, mordiéndome.

Nos corrimos todas casi al mismo tiempo, un coro de gemidos y gritos que se perdió en la noche. El agua se llenó de olas causadas por

nuestros temblores. Algunas lloramos de puro placer y emoción.

Después nos quedamos flotando abrazadas en la piscina, respirando juntas, besándonos suavemente.

Valeria me miró a los ojos, su pelo rojo flotando como algas de fuego alrededor de nosotras.

—Lena… gracias por decir que sí aquella noche en la fiesta.—Gracias a ti por ser tan jodidamente irresistible —respondí, besándola con ternura.

Sara, Carla, Noa y Maya se unieron al beso grupal, sellando el momento.Esa noche dormimos todas juntas en la cama king size, exhaustas, felices y más unidas que nunca. Sabíamos que el Fuego y Miel Club no era solo sexo: era nuestra familia elegida, nuestro refugio de placer y risas.

Pero todavía quedaba una última mañana…