Capítulo 4Seis Meses Después La Escapada al Paraíso
Habían pasado exactamente seis meses desde aquel fin de semana rural que nos dejó a todas marcadas (en el buen sentido).
El “Fuego y Miel Club” ya no era solo un chat: era una hermandad real.
Nos veíamos cuando podíamos —algunas noches salvajes en la ciudad, fines de semana cortos—, pero esta vez lo habíamos planeado a lo grande.
Una villa privada en Ibiza, con vistas al mar Mediterráneo, piscina infinita, playa nudista privada y una cama que parecía hecha para diez. Solo nosotras seis. Sin hombres, sin reglas, sin ropa la mayor parte del tiempo.
Valeria había sido la organizadora principal y no paraba de enviar mensajes subidos de tono las semanas previas: “Traed los juguetes más sucios”, “Quiero correrme mirando el mar” o “Esta vez os ato a todas”.
Llegamos por la tarde. El sol aún calentaba fuerte.
Yo, Lena, bajé del taxi con un vestido blanco corto y transparente que no dejaba mucho a la imaginación.
Valeria ya estaba allí, esperándonos en la terraza con un bikini negro minúsculo que apenas contenía sus curvas generosas.
Su pelo rojo brillaba como fuego bajo el sol ibicenco.
En cuanto me vio, soltó la copa de sangría y corrió hacia mí. Nos besamos con hambre acumulada de meses: lenguas enredadas, manos apretando culos, pechos presionándose.
El resto del grupo —Sara, Carla, Noa y Maya — llegó casi al mismo tiempo y el saludo se convirtió en un beso grupal desordenado y risueño.
—Bienvenidas al paraíso, zorras —dijo Valeria con su sonrisa peligrosa—. Regla número uno: la ropa es opcional. Regla número dos: quien se corra primero hoy paga la cena… pero con la boca.
Nos reímos y, en menos de diez minutos, todas estábamos desnudas en la piscina infinita. El agua fresca contrastaba con el calor del sol. Nos perseguimos, nossalpicamos, nos besamos bajo el agua. Pronto las risas se convirtieron en gemidos.
Valeria me sentó en el borde de la piscina, abrió mis piernas y hundió la cara entre ellas.
Su lengua experta lamió mi coño ya mojado mientras el sol me daba en la espalda.
Sara se colocó detrás de Valeria y le metió dos dedos, follándola despacio.
Carla y Noa se dedicaron a mis pechos, chupando y mordiendo mis pezones.
Maya, siempre flexible, se metió debajo del agua y empezó a lamer el clítoris de Valeria desde abajo.
El primer orgasmo colectivo llegó rápido. Yo me corrí contra la boca de Valeria, gritando al cielo azul. Ella me siguió, temblando y riendo. Las demás se unieron en cadena, usando dedos y lenguas bajo el agua.
Después de la piscina, nos trasladamos a la terraza con vistas al mar. Extendimos toallas grandes y sacamos la maleta de juguetes: strap-ons nuevos, vibradores con app controlable desde el móvil, un kit de shibari ligero, plugs con joyas brillantes y un succionador ultra potente.
Valeria quería empezar fuerte. La atamos suavemente con cuerdas rojas a una de las hamacas grandes, brazos y piernas abiertos, expuesta al sol y al viento suave del mar.
Yo me arrodillé entre sus piernas y empecé a devorarla: lengua larga en su clítoris, tres dedos follándola profundo. Sara se sentó sobre su cara, dejando que Valeria la lamiera mientras yo la penetraba. Carla y Noa usaban vibradores en sus pezones.
Maya controlaba el succionador en su clítoris cuando yo me apartaba.
Valeria se corrió con un grito que debió oírse en toda la isla, su cuerpo arqueado contra las cuerdas, jugos cayendo por mis dedos.
Luego fue mi turno. Me tumbaron en la hamaca y me vendaron los ojos. Sentí seis bocas por todo el cuerpo: Valeria chupando mis pechos con fuerza, Sara lamiéndome el coño,
Carla metiendo un plug en mi ano, Noa usando el rabbit dentro de mí y Maya besándome mientras me pellizcaba los pezones. El placer era abrumador. Me corrí varias veces seguidas, temblando y riendo, hasta que les supliqué que pararan… solo para que siguieran.
La tarde se volvió una orgía sin pausa. Nos follamos en la piscina, en las hamacas, contra la barandilla con vistas al mar.
Probamos el doble strap-on: Valeria y yo follamos a Sara y Carla al mismo tiempo mientras Noa y Maya se comían mutuamente.
Usamos el vibrador con app: yo controlaba la intensidad mientras las demás se retorcían y gemían mirando el atardecer.
Cuando el sol empezó a bajar, pintando el cielo de naranja y rosa, nos metimos todas en la cama enorme del dormitorio principal con las puertas abiertas al balcón.
El aire olía a mar, a sexo y a aceite de coco que habíamos usado para masajearnos.
Allí la intensidad subió aún más. Colocamos la cama como un escenario: seis cuerpos desnudos, sudorosos y brillantes. Usamos todos los juguetes a la vez. Valeria montó mi cara mientras Sara me follaba con un strap-on grueso. Maya, en posición 69 con Carla, usaba el doble dildo.
Noa controlaba los parches deelectroestimulación suave en todas nosotras.
Los gemidos se mezclaban con el sonido de las olas lejanas. Cambiamos posiciones constantemente: tijeras entre cuatro, cadena de lenguas, penetraciones dobles y triples. En un momento, las seis estábamos conectadas de alguna forma: dedos, lenguas, juguetes, pechos frotándose.
La gran corrida final llegó cuando el cielo ya estaba oscuro y las estrellas aparecían. Nos tumbamos en un nudo perfecto: yo besando a Valeria, ella a Sara, y así sucesivamente. Los vibradores zumbaban, los strap-ons entraban y
salían, los succionadores succionaban sin piedad.—Todas juntas… como siempre —jadeé.
Y nos corrimos en un coro de gritos, temblores y risas. Fue tan intenso que algunas lloramos de placer. Jug os, sudor y lágrimas se mezclaron mientras nos abrazábamos fuerte.
Después nos quedamos allí, exhaustas, felices, con el sonido del mar de fondo. Valeria se acurrucó contra mí, su pelo rojo pegado a mi pecho.
—Seis meses y sigues siendo lo mejor que me ha pasado, rubia —susurró.Sara besó mi hombro desde el otro lado.—Y a mí.
Carla, Noa y Maya se unieron al abrazo grupal, besándonos y acariciándonos con ternura.
—Esto no termina nunca —dije yo, mirando las estrellas a través de la puerta abierta—. El Fuego y Miel Club es para siempre.
Nos reímos bajito, nos besamosperezosamente y nos quedamos dormidas así: seis cuerpos entrelazados, satisfechos y radiantes.
La escapada a Ibiza acababa de empezar, pero ya sabíamos que sería inolvidable. Más días de sol, mar, risas y placer sin límites nos esperaban.
Y ninguna de nosotras quería volver a la realidad todavía.