Fuego y Miel (El Círculo Fuego y Miel #2) Capítulo 3La Noche Final Orgía Bajo las Estrellas
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Capítulo 3La Noche Final Orgía Bajo las Estrellas

La tercera y última noche del fin de semana llegó con un cielo completamente despejado y lleno de estrellas.

El aire era fresco, pero el jacuzzi exterior estaba a temperatura perfecta, burbujeando con fuerza y rodeado de luces suaves que cambiaban de color.

Habíamos preparado todo: velas aromáticas alrededor del borde, botellas de champán enfriándose, toallas mullidas y, por supuesto, la maleta grande de juguetes que parecía no tener fondo.

Las seis estábamos desnudas bajo las estrellas, con el cuerpo aún marcado por los orgasmos del día: chupetones, marcas suaves de cuerdas, labios hinchados y una sonrisa permanente de satisfacción y anticipación.

Valeria fue la primera en meterse en el agua caliente. Se sentó en uno de los asientos con jets y suspiró de placer cuando las burbujas golpearon su espalda y sus muslos.

—Venid aquí —dijo con esa voz ronca que tanto me gustaba—. Esta noche quiero que sea épica.

Nos metimos todas. El agua caliente contrastaba con el aire frío de la noche, haciendo que nuestros pezones seendurecieran al instante. Nos colocamos en círculo, pero pronto el orden desapareció.

Empezamos suave, casi romántico. Nos besamos en cadena: yo besé a Valeria, ella a Sara, Sara a Carla, Carla a Noa, Noa a Maya y Maya volvió a mí. Lenguas lentas, manos acariciando pechos bajo el agua, dedos rozando clítoris hinchados.

El champán corría de boca en boca, derramándose sobre pieles mojadas y siendo lamido inmediatamente.

Luego subimos la intensidad.

Saqué el strap-on impermeable más grueso y lo pegué con ventosa al borde interior del jacuzzi.

Hice que Valeria se sentara sobre él primero.

Ella bajó lentamente, gimiendo cuando el dildo la llenó por completo.

Yo me coloqué detrás y empecé a moverla por las caderas, follándola con el juguete mientras le besaba el cuello.

Sara se puso delante y le chupó los pechos, mordiendo sus pezones duros.

Carla y Noa se arrodillaron a los lados y usaron sus dedos y lenguas en su clítoris y ano.

Maya controlaba un succionador potente justo sobre su botón hinchado.

Valeria se corrió con un grito largo y ronco, su cuerpo temblando violentamente mientras el agua chapoteaba a su alrededor.

No le dimos descanso. La siguiente fue Sara, montando el mismo strap-on mientras Valeria recuperaba el aliento y me comía el coño desde el borde.

La noche se volvió caótica y perfecta.

Cambiamos posiciones constantemente:- Carla y Maya follándose con el doble dildo largo dentro del agua, moviéndose cara a cara, pechos contra pechos, mientras yo usaba un vibrador rabbit en sus clítorisalternativamente.

- Noa sentada en mi cara mientras Valeria me follaba con el strap-on desde atrás, el agua haciendo que todo fuera más resbaladizo y profundo.

- Todas en círculo, cada una lamiendo a la de al lado mientras los jets del jacuzzimasajeaban nuestros culos y coños.

En un momento especialmente intenso, colocamos el columpio sexual portátil que había traído Maya justo al lado del jacuzzi. Atamos a Valeria en él, piernas abiertas y suspendida sobre el agua. Las cinco nos

turnamos para follarla: yo con el strap-on, Sara con los dedos, Carla con la lengua, Noa con un vibrador grueso y Maya usando el succionador. Valeria se corrió tantas veces seguidas que terminó riendo y suplicando “basta… pero no pares”.

Yo quise mi turno en el columpio. Me ataron y me dejaron expuesta bajo las estrellas.

Valeria se puso el doble strap-on y me penetró el coño y el ano al mismo tiempo, follándome con ritmo lento y profundo mientras las demás me besaban, chupaban mis pezones y usaban succionadores y vibradores en mi clítoris.

El orgasmo fue tan fuerte que vi estrellas de verdad, gritando al cielo nocturno mientras mi cuerpo se sacudía en el columpio.

La gran final la preparamos todas juntas.

Sacamos todos los juguetes que quedaban: el rabbit triple, el vibrador con app, los parches de electroestimulación suaves, el doble dildo y varios plugs.

Nos tumbamos en las hamacas grandes alrededor del jacuzzi, pero con los cuerpos medio dentro del agua, formando un nudo enorme de carne mojada.

Valeria y yo quedamos en el centro, besándonos profundamente, nuestras lenguas bailando mientras nuestros coños se frotaban en tijera. Sara se colocó debajo, lamiéndonos a las dos. Carla y Noa usaban strap-ons para follar a Maya y a Sara alternativamente.

Los vibradores zumbaban, los succionadores succionaban, las descargas eléctricas ligeras hacían que nuestros músculos se contrajeran de placer.—Todas juntas esta vez —jadeé contra la boca de Valeria—. Cuando yo diga… nos corremos todas.

Aceleramos el ritmo. Gemidos cada vez más altos. Cuerpos moviéndose en sincronía perfecta. El agua del jacuzzi chapoteaba con fuerza, las estrellas brillaban arriba y el aire se llenaba de olores a sexo, cloro y champán.

—¡Ahora! —grité.

El orgasmo colectivo fue devastador. Seis mujeres corriéndose al mismo tiempo bajo las estrellas: gritos, temblores, risas, lágrimas de placer. Valeria se corrió contra mí,

Sara contra su boca, Maya gritando en otro idioma,

Carla soltando un chorro caliente que se mezcló con el agua. Yo exploté con tanta fuerza que casi me caigo de la hamaca.

Cuando por fin bajamos de la ola, nos quedamos abrazadas dentro del jacuzzi, respirando con dificultad, riendo bajito y besándonos perezosamente. El agua caliente nos mecía suavemente.Valeria apoyó su frente contra la mía, sus ojos verdes brillando con la luz de las estrellas.

—Rubia… esto ha sido perfecto. No quiero que termine nunca.Sara, desde mi otro lado, besó mi hombro.

—Entonces no lo hagamos terminar. Cada mes. Cada dos meses. Cuando sea. Pero seguimos.

Carla levantó su copa de champán medio vacía.—Por el Fuego y Miel Club. Que nunca se apague.Todas brindamos, riendo y besándonos.

La noche siguió un rato más: besos suaves, dedos perezosos explorando, algún orgasmo pequeño y lento aquí y allá. Nadie quería dormir. Nadie quería separarse.

Cuando el cielo empezó a clarear, nos envolvimos en toallas y nos tumbamos juntas en las hamacas grandes, mirando cómo salía el sol. Cuerpos desnudos entrelazados, pelo mojado, sonrisas cansadas pero radiantes.

Valeria me abrazó fuerte y susurró al oído:—Te quiero, Lena. A ti y a esta locura que hemos creado.—Yo también —contesté, besándola suavemente—. A todas vosotras.El fin de semana terminaba, pero la historia no.

El Fuego y Miel Club acababa de nacer de verdad, y prometía muchas más noches como esta: intensas, divertidas, húmedas y sin ninguna vergüenza.