Capítulo 2El Segundo Día Sin Límites y Sin Descanso
El sol ya estaba alto cuando despertamos todas enredadas en la cama gigante de la casa rural. El aire olía a sexo de la noche anterior, a vino derramado y a piel caliente.
Yo, Lena, abrí los ojos y lo primero que vi fue el pelo rojo de Valeria desparramado sobre mi vientre. Su boca descansaba peligrosamente cerca de mi coño, como si incluso dormida estuviera pensando en devorarme.
Sara estaba pegada a mi espalda, un brazo rodeándome la cintura. Carla y Noa dormían abrazadas al otro lado, y Maya se había quedado atravesada sobre nuestras piernas, su cuerpo flexible hecho un ovillo satisfecho.
Valeria fue la primera en moverse. Levantó la cabeza, me miró con esos ojos verdes llenos de travesura y sonrió con malicia.
—Buenos días, rubia. ¿Lista para el segundo round? Porque yo me he despertado con hambre.
No hizo falta decir más. Se deslizó hacia abajo y hundió la cara entre mis piernas sin preámbulos.
Su lengua caliente y experta lamió mi clítoris hinchado de la noche anterior, despertándolo al instante.
Gemí bajito y abrí más las piernas. Sara despertó con mi gemido y empezó a besarme el cuello, pellizcándome los pezones con dedos hábiles.
En menos de un minuto la cama se convirtió otra vez en un nido de deseo.
Carla se unió chupando uno de mis pechos, Noa el otro.
Maya gateó hasta arriba y se sentó sobre mi cara, ofreciéndome su coño pequeño y ya mojado.
Empecé a lamerla con ganas mientras Valeria me follaba con la lengua y dos dedos.
Los gemidos llenaron la habitación. Nadie hablaba. Solo sonidos húmedos, respiraciones agitadas y risas entrecortadas cuando alguna se corría demasiado rápido.
Valeria me hizo correrme primero, chupando mi clítoris con fuerza mientras Sara me metía tres dedos. Me corrí contra la boca de Valeria, gritando contra el coño de Maya.
Ella se corrió casi al mismo tiempo, inundándome la cara con su sabor dulce.
Nos levantamos solo para desayunar desnudas en la cocina. Comimos fruta, yogur y café, pero las manos no paraban quietas. Valeria vertió miel sobre mis pechos y la lamió
lentamente mientras las demás miraban y se tocaban. Carla se sentó en la encimera y Sara la comió allí mismo, haciendo que Carla gimiera con la boca llena de fresas.
Después del desayuno improvisado, decidimos que el segundo día sería aún más salvaje.
—Hoy probamos la piscina interiorclimatizada y la sala de juegos que hay abajo —anuncié, sonriendo—. Y traemos todos los juguetes nuevos que habéis traído.
La piscina interior era perfecta: agua caliente, luces LED que cambiaban de color y un chorro fuerte en un lateral.
Nos metimos todas desnudas, riendo y salpicándonos. Pronto las risas se convirtieron en besos y caricias bajo el agua.
Valeria me sentó en el borde y me abrió las piernas.
Mientras ella me lamía con hambre, Maya se colocó detrás de Valeria y le introdujo un vibrador rabbit acuático.
Carla y Noa se besaban y frotaban sus coños en tijera dentro del agua.
Sara usaba un succionador en mi clítoris mientras Valeria me follaba con la lengua.
El agua chapoteaba con fuerza. Cambiamos constantemente: en un momento tenía a Noa follándome con un strap-on mientras yo lamía a Carla. En otro, Valeria y Sara se follaban mutuamente con el doble dildo largo, moviéndose cara a cara sobre el agua.
Luego bajamos a la sala de juegos del sótano. Era un espacio oscuro y sensual con una cruz de San Andrés, un banco de azotes, columpios sexuales y luces rojas tenues.
Maya había traído cuerdas de shibari profesionales y un kit de impact play suave.
Primero atamos a Valeria a la cruz. Sus brazos y piernas abiertos, su cuerpo curvilíneo expuesto. Yo me puse delante y empecé a lamerla despacio, torturándola.
Sara usaba un flog de cuero suave en sus pechos, dando azotes ligeros que la hacían gemir. Carla introdujo un plug anal grande y lo movía mientras Noa usaba el succionador en su clítoris.
Maya controlaba un vibrador de alta potencia dentro de su coño.
Valeria se corrió tan fuerte que tiró de las cuerdas, gritando mi nombre y mojando el suelo.
Después me tocó a mí en el columpio sexual.
Me ataron las piernas abiertas y me colgaron a la altura perfecta.
Las cinco se turnaron para follarme: primero Valeria con un strap-on grueso, empujando profundo mientras el columpio se balanceaba.
Luego Sara con el doble dildo, follándome el coño y el ano al mismo tiempo.
Carla y Noa usaban vibradores en mis pezones y clítoris. Maya me besaba y me susurraba lo guapa que me veía corriéndome.
Me corrí tantas veces que terminé riendo sin control, el cuerpo temblando en el columpio.
La tarde se volvió una maratón sin freno. Probamos el banco de azotes con todas: azotes suaves con la mano, con pala, con flog. Cada una recibió y dio. El sonido de la piel contra piel se mezclaba con gemidos y risas.
En un momento cumbre, colocamos la cama extra grande que había en la sala y nos tumbamos todas en un nudo orgiástico. Seis cuerpos entrelazados. Lenguas en coños,
dedos en anos, pechos frotándose, strap-ons entrando y saliendo. Usamos el nuevo vibrador triple que había traído Maya: tres cabezas vibrando al mismo tiempo en tres de nosotras mientras las otras lamían y follaban.
Valeria y yo terminamos en el centro, besándonos profundamente mientras Sara nos follaba a las dos con un doble strap-on.
Carla montaba la cara de Noa, Maya usaba el succionador en todas las que podía alcanzar.
El orgasmo final del día fue colectivo otra vez. Nos corrimos casi al unísono, gritando, temblando, riendo y llorando de puro placer. Los jugos mojaron las sábanas, los cuerpos quedaron pegados por el sudor y la excitación.
Cuando por fin nos derrumbamos, exhaustas y radiantes, nos quedamos abrazadas en el suelo de la sala de juegos. Valeria se acurrucó contra mí, besando mi cuello.
—Rubia… cada vez es mejor —susurró.Sara, desde el otro lado, añadió:—Y cada vez quiero más.Carla soltó una risa cansada.—Mañana es el último día… ¿alguna idea para cerrarlo con broche de oro?Yo sonreí, mirando al techo con los ojos entrecerrados.
—Una orgía final bajo las estrellas, en el jacuzzi exterior… con todos los juguetes, sin parar hasta que salga el sol.
Todas murmuraron de acuerdo, besándome y acariciándome.
El segundo día había sido incluso más intenso que el primero. Cuerpos empujados al límite, nuevas fantasías cumplidas, risas constantes y un placer que parecía no tener fin.Y todavía quedaba el tercero.
Valeria mordió suavemente mi hombro y susurró contra mi piel:
—Te quiero dentro de mí toda la noche, Lena. Solo nosotras dos cuando las demás se duerman.
Sonreí y la besé profundamente.
—Hecho, pelirroja. Pero ahora… descansemos un poco. Mañana vamos a romperlo todo.
Las seis nos quedamos allí, en un montón de carne satisfecha y feliz, sabiendo que el fuego seguía ardiendo más fuerte que nunca.