Fuego y Miel (El Círculo Fuego y Miel #2) apítulo 1 El Reencuentro
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Fuego y Miel (El Círculo Fuego y Miel #2)

Fuego y Miel (El Círculo Fuego y Miel #2)

Por Miranda Courtney

© inepub.com

apítulo 1 El Reencuentro

Habían pasado exactamente treinta y un días desde aquella mañana en la mansión.

Treinta y un días de mensajes subidos de tono a cualquier hora, fotos provocativas enviadas en grupo, y promesas susurradas porvideollamada que hacían que me mojara solo con leerlas.

El chat se llamaba “Fuego y Miel Club” y nunca estaba en silencio.

Yo, Lena, había vuelto a mi rutina: trabajo, gym, noches solitarias tocándome mientras recordaba la melena roja de Valeria entre mis piernas o las curvas canela de Carla rebotando sobre mí. Pero nada se comparaba con aquello.

El reencuentro estaba planeado para el fin de semana en una casa rural aislada que había alquilado Valeria. “Solo nosotras seis — escribió—. Sin reglas, sin límites… y con maletas llenas de juguetes nuevos.”

Llegué la primera. La casa era preciosa: madera oscura, chimenea enorme, jacuzzi exterior bajo las estrellas y una cama gigante en el dormitorio principal que parecía hecha a medida para lo que íbamos a hacer. Apenas había dejado la maleta cuando oí el motor de un coche.

Valeria fue la siguiente. Bajó del vehículo con unos vaqueros ajustados y una camiseta blanca que apenas contenía sus pechos generosos.

Su pelo rojo brillaba bajo el sol de la tarde. En cuanto me vio en la puerta, soltó la bolsa y corrió hacia mí.

Nos besamos como si hubiéramos estado separadas un año. Sus manos bajaron directamente a mi culo, apretándome contra ella. Mi lengua entró en su boca con hambre. Olía a vainilla y a deseo.

—Joder, rubia… te he echado de menos — gruñó contra mis labios, mordiéndome el inferior.

—Yo más —contesté, metiendo la mano bajo su camiseta para pellizcarle un pezón ya duro.

No llegamos ni al salón. Valeria me empujó contra la pared del pasillo, me bajó los pantalones cortos y se arrodilló.

Su boca caliente envolvió mi coño sin preámbulos.

Lamió mi clítoris con lametones largos y ansiosos mientras metía dos dedos dentro de mí.

Yo gemí alto, agarrándome a su pelo rojo, moviendo las caderas contra su cara.

—Estás empapada… —murmuró sin apartar la boca—. Sabes aún mejor de lo que recordaba.

Me corrí en menos de dos minutos, temblando contra la pared, inundándole la boca. Valeria se levantó, lamiéndose los labios con una sonrisa satisfecha, y me besó para que probara mi propio sabor.

—Bienvenida al reencuentro —dijo riendo.

Sara llegó poco después. En cuanto entró y nos vio todavía jadeando y medio desnudas, soltó una carcajada y se unió sin decir nada. Las tres terminamos en el sofá grande del salón: yo tumbada,

Valeria sentada sobre mi cara mientras Sara me follaba con dos dedos y chupaba mi clítoris. Me corrí otra vez, gritando contra el coño dulce y caliente de Valeria.

Carla y Noa llegaron juntas, riendo y ya besándose en la puerta. Maya fue la última, con una maleta enorme que prometía problemas deliciosos.

En menos de una hora las seis estábamos desnudas en el salón, bebiendo vino y poniéndonos al día… con las manos y las bocas.

—Regla de este fin de semana —anuncié, sentada en el regazo de Valeria mientras ella me acariciaba los pechos—: Cada una elige una fantasía que no pudimos hacer la vez anterior. Y la cumplimos todas.

Valeria fue la primera. Quería vermedominada por todas al mismo tiempo. Me tumbaron en la alfombra grande, me ataron las muñecas con cuerdas de seda roja que trajo Maya y me vendaron los ojos. Luego sentí seis bocas y doce manos sobre mí.

Valeria chupaba mis pezones con fuerza. Sara lamía mi coño lentamente. Carla y Noa me besaban los muslos y metían dedos en mi ano y mi coño.

Maya usaba un succionador nuevo en mi clítoris mientras controlaba un vibrador rabbit dentro de mí. Me corrí tantas veces que perdí la cuenta, gritando, temblando, suplicando que no pararan. El placer era abrumador, casi doloroso de tan intenso.

Después le tocó a Sara: quería que la folláramos todas con strap-on en cadena.

La pusimos a cuatro patas. Yo la penetré primero, profundo y lento, mientras Valeria se colocaba delante para que Sara la lamiera.

Carla usó un doble dildo con Noa al lado.

Maya controlaba un vibrador en el clítoris de Sara.

La habitación se llenó de gemidos y el sonido húmedo de carne contra carne.

Sara se corrió gritando, su coño contrayéndose alrededor de mi strap-on.

Carla pidió algo más salvaje: doble penetración real mientras la demás la tocaban. La sentamos sobre el strap-on grueso de Valeria (pegado al sofá) y yo la penetré por detrás con otro.

Sus curvas canela temblaban mientras Maya le chupaba los pechos y Sara y Noa usaban succionadores en sus pezones y clítoris.

Carla se corrió tan fuerte que soltó un chorro caliente que mojó el sofá, riendo y llorando de placer.Noa quería probar la electroestimulación en grupo.

Nos colocamos en círculo, conectadas con parches suaves.

El control remoto pasaba de mano en mano.

Cada vez que alguien subía la intensidad, todas gemíamos al unísono.

Terminamos corriéndonos en cadena, besándonos mientras las descargas nos hacían contraernos y reír.

Maya, la flexible, pidió una sesión de yoga erótico. Nos guio en posturas imposibles donde nuestros coños quedaban expuestos y rozándose. En una de ellas, yo estaba invertida mientras Valeria me lamía desde arriba y Sara me follaba con los dedos.

La flexibilidad de Maya permitió que nos comiéramos mutuamente en posiciones que parecían sacadas de un circo sexual. Nos corrimos riendo y sudando.

Mi fantasía era la más simple y la más intensa: que nos corriéramos todas juntas, al mismo tiempo, en la cama grande.

Nos tumbamos en un nudo de cuerpos: Valeria y yo en el centro, besándonos profundamente. Sara debajo de mí, lamiéndome mientras yo lamía a Carla. Noa y Maya a los lados, usando dedos, lenguas y juguetes. El rabbit, el succionador, los strapon… todo en movimiento.

—Cuando yo diga… todas a la vez —jadeé.

Aceleramos. Gemidos subiendo de volumen. Cuerpos moviéndose en sincronía. El aire olía a sexo y a vino.

—¡Ahora!

El orgasmo fue colectivo y brutal. Seis mujeres gritando, temblando, corriéndose al mismo tiempo. Jug os mezclándose, manos apretando, bocas devorándose. Fue tan intenso que algunas lloramos de puro placer.

Después nos quedamos abrazadas en la cama, sudorosas, exhaustas y felices. Valeria besó mi frente, Sara entrelazó sus dedos con los míos, y las demás se acurrucaron alrededor.

—Un mes ha sido demasiado —murmuró

Valeria con voz ronca.—Entonces hagámoslo cada mes —propuse —. O cada dos semanas.

Todas asintieron, riendo bajito.

El fin de semana apenas acababa de empezar. Quedaban dos días más de fuego, miel, vapor, juguetes y seis cuerpos que ya se conocían de memoria… pero que seguían descubriendo nuevas formas de darse placer.

Y esta vez, ninguna quería que terminara.