CAPÍTULO 13 #2
Y de repente la tensión que había en mi pecho desde la comida familiar empieza a disolverse.
Porque esto es divertido. Porque Aiden está aquí conmigo y convierte algo que debería ser triste (una lista de cosas que nunca he hecho y que seguramente no volveré a hacer después de casarme) en una aventura.
—Nadar con tiburones —suelto, y no sé ni por qué lo digo.
Aiden se ríe tan fuerte que tiene que dejar el bolígrafo.
—¿Tiburones?
—¿Demasiado?
—Un poco —responde, pero está escribiendo de todas formas—. Pero lo pongo.
Escribe: Nadar con tiburones (?) con un signo de interrogación enorme al final.
Y ahora que hemos cruzado esa línea hacia lo ridículo no puedo parar.
—Escalar el Everest.
—Ahora te estás pasando —dice Aiden, pero está sonriendo.
—Saltar de un avión sin paracaídas.
—Definitivamente no.
—Luchar contra un oso —digo, y ahora estoy riéndome también porque esto es absurdo y maravilloso al mismo tiempo.
—Vale, vale —dice Aiden. Deja el bolígrafo y se gira hacia mí con esa sonrisa que hace que todo parezca posible—. No tienes que decidir todo esta noche. Podemos ir improvisando sobre la marcha. Lo que se te ocurra. Lo que quieras probar.
—¿Ni siquiera el oso? —pregunto con fingida decepción.
—Ni siquiera el oso.
Nos quedamos ahí sentados riéndonos como idiotas durante no sé cuánto tiempo. Y cuando finalmente la risa se apaga y volvemos a ese silencio cómodo que solo existe con gente que te conoce de verdad, me doy cuenta de algo.
Este es el primer momento de todo el día en que no me siento como si me estuviese ahogando.
Miro la lista en la mesa de centro. Solo tres cosas escritas. Dos reales y una llena de signos de interrogación. Pero parece una promesa, una tabla de salvación.
—Gracias —digo, y esta vez mi voz sale firme—. Por hacer esto. Por no pensar que soy patética.
Aiden me mira con una intensidad que vacía el aire de la habitación.
—No eres patética —dice, y su voz es tan firme que no hay espacio para dudas—. Eres la mujer más increíble que conozco. Y si nadie te ha dejado vivir hasta ahora, entonces vamos a compensar todo ese tiempo perdido.
Sus palabras me alcanzan con tanta fuerza que tengo que parpadear varias veces para contener las lágrimas.
—¿De verdad? —consigo preguntar.
—De verdad —confirma, y entonces añade algo que me para el corazón—. Vamos a hacer cada cosa de esta lista. Y vamos a improvisar más sobre la marcha. Lo que quieras. Cuando quieras. Te lo prometo.
Te lo prometo.
Como si esto fuese un pacto, algo más grande que una simple lista de actividades.
—¿Por qué haces esto por mí? —pregunto, aunque parte de mí no quiere saber la respuesta.
Porque si dice «porque somos amigos» voy a morirme un poco.
Y si dice algo más… no sé si voy a poder seguir fingiendo.
Aiden me sostiene la mirada durante un momento que se siente eterno. Y hay algo en sus ojos que no sé interpretar, algo que espesa el aire entre nosotros.
—Porque eres mi mejor amiga —dice finalmente—. Y quiero que seas feliz.
Mejor amiga.
Ahí está. La confirmación de lo que siempre he sabido. De lo que nunca he sido lo suficientemente valiente para desafiar.
Para él soy su mejor amiga. Nada más. Y nunca voy a ser nada más.
Asiento porque no confío en que mi voz no me delate si intento hablar.
—Además —añade Aiden con esa sonrisa traviesa volviendo a su rostro—, esto va a ser divertido. ¿Cuándo fue la última vez que hice algo realmente loco?
—No lo sé —respondo, agradecida por el cambio de tono—. ¿Cuándo?
—Exacto. Hace demasiado. Así que esto es tanto por ti como por mí.
Me río porque es mentira y ambos lo sabemos. Aiden hace cosas locas todo el tiempo. Entra en edificios en llamas. Rescata gente de coches destrozados. Vive su vida exactamente como quiere vivirla.
Pero quiere fingir que nos estamos haciendo un favor mutuo en lugar de un acto de pura generosidad.
—Bueno —digo, señalando la lista—. ¿Cuándo empezamos?
—Mañana —responde sin dudarlo—. No hay tiempo que perder, Walton. Solo te quedan unas semanas más aquí. Vamos a aprovecharlas.
Unas semanas más.
Es un recordatorio doloroso del tiempo limitado que tengo. De que esto es temporal.
Pero también me da sensación de urgencia. También me da determinación. Todavía tengo la promesa de que estas semanas que quedan van a ser memorables.
—Vale —digo, y mi voz sale más firme de lo que me siento—. Mañana.
Nos quedamos sentados unos minutos más en silencio. No incómodo. Solo… tenso. Como si ambos estuviésemos procesando lo que acaba de pasar. Lo que acabamos de prometer.
Finalmente me levanto del sofá porque si me quedo más tiempo voy a terminar perdiendo el control y voy a llorar o confesarle que cada día que paso aquí me enamoro más de él.
—Debería irme a dormir —digo—. Ha sido un día largo.
—Sí —confirma Aiden, levantándose también—. Descansa.
—Buenas noches, Aiden.
—Buenas noches, Walton.
Camino hacia mi habitación consciente de que él me está mirando. Puedo sentir su mirada en mi espalda como un peso físico.
Cierro la puerta detrás de mí y me apoyo contra ella con los ojos cerrados.
La lista está ahí afuera en la mesa de centro. Tres cosas. Dos reales. Una absurda. Y la promesa de más.
La promesa de que voy a vivir.
La promesa de que estas semanas van a ser mías.
La promesa de que cuando vuelva a Connecticut y me case con Julian y me convierta en la esposa perfecta que se supone que debo ser, voy a tener estos recuerdos.
Estos momentos.
Este tiempo con Aiden donde fui libre.
Abro los ojos y miro mis manos. Las mismas manos que esta mañana tocaron su pecho, que temblaban durante la comida cada vez que él me miraba, que ahora tiemblan por razones distintas.
Me meto en la cama sin cambiarme porque estoy demasiado cansada emocionalmente para hacer el esfuerzo. Me tapo hasta la barbilla y miro el techo en la oscuridad.
Y permito que las lágrimas que he estado conteniendo todo el día finalmente caigan.
Lloro por la familia que nunca voy a tener. Lloro por el hombre que nunca va a ser mío. Lloro por la vida que estoy a punto de vivir durante unas semanas sabiendo que después va a desaparecer para siempre.
Pero también hay algo más en estas lágrimas.
Esperanza.
Porque aunque estas semanas van a terminar, aunque voy a tener que volver, aunque mi corazón va a romperse cuando me vaya…
Al menos voy a tener esto.
Voy a tener recuerdos reales, experiencias reales, momentos en los que fui yo misma sin filtros ni máscaras.
Voy a tener a Aiden.
Aunque sea solo por un tiempo.
Y eso tiene que ser suficiente.
Tiene que serlo.