37 #2
Poco después, ya estaba sentado en la alfombra y había organizado a los Lutecios por territorios y números de tentáculos. Nida seguía arrastrando a todos a su territorio. Nolan le puso uno en forma de calamar rosa a Claude en la cabeza.
Arsen y Sylvan contemplaban a sus hijos y sonreían. Claude seguía hablando con toda la autoridad de un futuro rey, sin quitarse el juguete de la cabeza.
Los dos padres permanecieron allí un momento, contentos.
Juanito regresó a un agujero sospechoso en el ventanal, ajustándose el overol.
—Mi trabajo como director de vibras es perfecto —murmuró para sí mismo y continuó decorando el exterior del despacho con yedra metálica sorprendentemente elegante.
■ ■ ■
Un rato después, Shery entró en la oficina de Sylvan, recién salida de su clínica privada.
Llevaba una bata médica abierta sobre un vestido cortísimo con cadenas, de la marca N, y el cabello recogido en una trenza castaña.
Shery jamás había entendido por qué algunos médicos presumían de agotamiento como si fuera una virtud.
Ella había estudiado medicina para tener una carrera prestigiosa, no para sacrificar su comodidad.
Fue directamente hacia Sylvan, le rodeó el cuello con los brazos y lo besó. Después se sentó en su regazo, que era su lugar habitual en esa oficina y solía pasar todas sus horas libres pegada a su cuerpo mientras él trabajaba.
Sylvan pasó un brazo alrededor de su cintura y le acarició el cabello con la otra mano.
Nida, al ver a su madre, dejó de jugar, se levantó de la moqueta y caminó hacia ella con sus pasitos cortos, todavía un poco torpes.
Tenía el cabello castaño, como el de Shery, que Juanito había recogido en dos trenzas con lazos en forma de pingüinos, a juego con su vestido.
Sus mejillas eran redondas y sus ojos brillaban por la determinación de atravesar el despacho lo antes posible.
Llevaba la mano cerrada alrededor de un Lutecio pulpo de peluche que se había negado a soltar.
Llegó hasta Shery, le puso una mano sobre la rodilla y sonrió.
—Mamá.
Shery no respondió. No la miró.
Nida se quedó allí, esperando, por un momento. Shery continuó sentada sobre las piernas de Sylvan, acomodándose contra su pecho mientras miraba de reojo a Arsen.
Nida finalmente regresó con Nolan y Claude. Sylvan siguió a su hija con la mirada hasta que ella volvió a sentarse entre los juguetes. Después miró a Shery, pero no dijo nada.
Shery seguía mirando a Arsen. Ese genio de veinticinco años, exterrorista y ahora un príncipe consorte tan elegante, parecía un muñeco divino del que era imposible apartar la mirada.
Hacía años que él había reconstruido los órganos que la bala había destrozado, pero ella recordaba perfectamente aquella noche.
Shery siempre se preguntaba si para Arsen aquello había sido solo un procedimiento, o si él recordaba su cuerpo y el tacto de su piel.
Por un segundo, lo recorrió con una mirada lenta y luego lo miró a los ojos sin ni una pizca de pudor.
Arsen ya la estaba observando. Él no pareció sorprendido ni incómodo, pero sostuvo su mirada como si estuviera evaluándola en silencio.
Sylvan también lo vio.
Shery apartó los ojos y habló como si aquel breve intercambio nunca hubiera ocurrido.
—Arsen, me he asegurado de que en el menú de Sireno de nuestra boda estén tus platos de tofu favoritos y malvaviscos artesanales que te encantarán.
La boda de Sylvan y Shery iba a tener lugar la semana siguiente.
—Gracias. Ada, Claude y yo estaremos allí —confirmó Arsen, con una sonrisa cordial.
Shery frunció el ceño al oírlo hablar de su familia.
Sylvan miró la hora y se levantó con cuidado para no obligar a Shery a apartarse bruscamente.
—Arsen y yo tenemos que hablar con otro general. ¿Puedes quedarte pendiente de los niños hasta que vuelva, mi amor?
—No —dijo Shery, sin mirar hacia la zona donde estaban jugando los niños.
Se acomodó sobre el sillón, cruzando las piernas, sacó su móvil y se puso a mirar algo con toda su atención en la pantalla.
Sylvan y Arsen se quedaron mirándola durante un segundo, serios, hasta que Juanito entró otra vez desde su agujero y ofreció alegremente que se quedaría junto a los niños y activaría nuevos comandos graciosos en sus juguetes.
Sylvan aceptó. Antes de marcharse, se acercó a Nida, le acarició el cabello y comprobó que seguía entretenida con Nolan y Claude. Nolan ya había convencido a Claude de montar sobre el caballito de mar. El príncipe ya se había resignado a que Nida no iba a respetar las fronteras.
Sylvan, despreocupado, salió del despacho junto a Arsen.
■ ■ ■
En el ascensor, que tenía paredes de cristal y desde el que se veía gran parte de la ciudad mientras descendían, Arsen observaba a Sylvan en vez de las hermosas vistas, y dijo lo que tenía en mente:
—Shery me mira de una forma que no es inocente.
Sylvan no se inmutó. Continuó deslizando el dedo por el panel del ascensor, para activar el acceso a una zona restringida del gobierno.
—Lo he notado, Arsen, pero no me molesta. No puedo exigirle que deje de encontrar atractivos a otros hombres porque me quiera. Sería egoísta por mi parte.
—Estoy de acuerdo.
Sylvan lo miró de repente, con más interés.
—Entonces, ¿qué te preocupa?
—Las miradas no. Sus límites sí. Shery no siempre los respeta cuando quiere algo.
Arsen dijo eso con seguridad, porque conocía toda la historia de Shery, incluyendo la coerción reproductiva, ya que Sylvan confiaba en él sus temas personales.
—Confío en ella.
—Si alguna vez intentara algo conmigo, yo te lo comentaría a ti primero.
—Por supuesto.
—Pero no todos los hombres serán tu gemelo o tu mejor amigo, Sylvan. Solo quiero que lo tengas presente.
Sylvan se quedó en silencio por un momento, procesando eso. Luego volvió a sonreír.
—Lo tengo presente. Sigue sin preocuparme.
Arsen no había terminado la conversación. Su amigo le importaba y quería entenderlo, aunque tuviera que hacerle una pregunta incómoda.
—Bien, pero hay otra cosa. ¿De verdad no te duele verla ignorar a vuestra hija?
—No pasa nada. Nida me tiene a mí. Tiene a Nash y a toda nuestra familia y a nuestros amigos pendientes de ella. Podemos darle todo lo que Shery no le dé.
—No te he preguntado si Nida está bien. Ya veo que lo está. Te he preguntado si te duele a ti.
Sylvan no parecía incómodo, pero se quedó pensativo por un segundo, como si se hiciera esa pregunta a sí mismo antes de responder con sinceridad.
—No. Quiero a Shery como es. No necesito que quiera a Nida para quererla yo.
Arsen lo miró por un segundo, analizándolo. Luego la puerta del ascensor se abrió y estaba listo para salir.
—De acuerdo. Solo quería asegurarme de que tú veías las mismas cosas que yo.
—Las veo. El amor es lo único que me importa.
—Bueno, respeto tu decisión —concluyó Arsen.
Sylvan le sonrió y ambos se dirigieron a una reunión con militares sin hablar más al respecto.