Fuego Exquisito (Saga Chase nº 4) 29 #2
75%

29 #2

Se puso de pie de golpe y corrió hacia la mesa donde ellos estaban trabajando.

Las balas volaron por el aire. El cuerpo de Shery se interpuso justo antes de que el disparo impactara.

El proyectil atravesó su abdomen.

Sylvan, en un acto reflejo, pensando que venían más balas, empujó a Shery y a Nash al suelo y la bala que estaba a punto de volarle la cabeza a Nash acabó en el hombro de Sylvan.

Los francotiradores, al ver que habían fallado, continuaron disparando.

Nash reaccionó, sin siquiera analizar la situación, y desde el suelo, le pegó una patada a la base de la mesa. La volcó entera justo en el momento exacto para cubrirlos de las siguientes balas.

Acto seguido, Nash sacó el arma que estaba enganchada en su cinturón. Una pistola militar de alto calibre que siempre llevaba encima. Tomó puntería entre las hiedras decorativas y disparó en la cabeza a uno de los francotiradores.

El segundo francotirador ya no estaba a la vista. Había cambiado de posición.

Naomi buscó rápidamente el mando de las persianas y presionó todos los botones. Las persianas se cerraron, cubriendo el hueco en el techo, pero más disparos podían llegar en cualquier momento por cualquier parte. Nada parecía seguro.

Sylvan se arrodilló junto a Shery, que estaba sobre el suelo, consciente, jadeando, con mucha sangre sobre su vientre, que estaba tiñendo de rojo su vestido y su abrigo blancos.

—Ve a por el coche —le dijo Nash a Naomi, en tono bajo porque no le salía la voz por la tensión—. Ambos están heridos. Tenemos que sacarlos de aquí lo antes posible y llevarlos con el doctor Gord.

Naomi salió del edificio a la calle de enfrente, donde estaba su todoterreno.

Sylvan colocó las manos sobre el vientre de Shery y susurró:

—No, por favor... Quédate. Ya cambié de opinión, ¿vale? Te quiero. ¡Te quiero! Te lo juro. No te vayas así…

Shery apenas lo escuchaba, todo estaba nublado ante sus ojos, pero sabía que él no estaba hablando con ella.

Sylvan también estaba sangrando mucho por la herida en su hombro y se estaba formando un charco sobre el suelo por la sangre de ambos, pero el dolor de su propia herida era inexistente. Era como ruido de fondo.

Los músculos de Sylvan estaban entumecidos. Jamás, en su vida, había estado congelado así, incapaz de procesar el mundo alrededor.

Fabian se acercó a Shery, obligándose a sí mismo a ignorar el peligro. La sangre le empapó la bata enseguida. Vio lo que nadie más veía aún, debido a sus conocimientos médicos: esa bala le había desgarrado el útero y ella estaba a segundos de morir.

El bebé ya no tenía ninguna posibilidad. Shery todavía sí.

Fabian estaba horrorizado, pero sacó una inyección coagulante experimental de la mafia que no estaba aprobada en ninguna junta médica, y se la inyectó de inmediato en la muñeca a Shery.

Ella gritó por el dolor e intentó apartar a Fabian, pero él no se detuvo y logró inyectárselo todo forcejeando con ella. Podría sobrevivir… de momento. Eso bastaba. El resto, estaba en manos de su padre, el doctor Gord, y ellos deberían llevarla hasta él de inmediato.

Naomi trajo el coche delante de las puertas automáticas de salida, que los guardias desbloquearon para la emergencia.

Fabian no los iba a acompañar. Tenía mucho miedo. Sabía que aquellos que había enviado a los francotiradores los perseguirían para completar el trabajo. Él no era un soldado. No quería ser un estorbo.

Los gemelos ni siquiera lo estaban mirando. Shery tampoco.

Fabian se alegró de haber tenido el coraje de actuar rápido y así haber salvado la vida de Shery. Era su deber. Él no quería fallarle a los Chase.

Nash se acercó, con la pistola aún caliente en la mano, y al ver que Sylvan no estaba reaccionando, sacó a Shery de sus brazos y se la llevó él mismo al coche.

Shery se abrazó a él, mordiéndose los labios e hincando los dedos en su espalda por la frustración y el insoportable dolor físico:

—¡Creo que lo he perdido, maldita sea!

Nash besó su frente y le susurró:

—No pienses en nada.

La dejó sobre los asientos de atrás del coche y cuando miró hacia el interior del edificio, se sorprendió al ver que Sylvan seguía sin moverse junto a la mesa volcada y el charco de sangre.

—¡Ven al coche!

Sylvan apenas giró el rostro. Su tono era seco, contenido, como si nada pasara.

—Vete con ella al hospital o donde sea. Yo… me encargo de la retaguardia.

Nash no se lo creyó ni por un segundo. Regresó a su lado de inmediato.

—¿La retaguardia? ¿De qué hablas? Shery está en el coche, sangrando, ¡y te necesita!

La expresión de Sylvan era como un muro de entereza con grietas que sangraban como su propia herida de bala.

—Solo necesito un segundo más… antes de aceptar que le fallé.

Nash lo abrazó con fuerza y le dijo, con la voz quebrada:

—Vamos juntos con ella. ¡No me dejes solo en esto, joder!

Sylvan cerró los ojos… y asintió.

Ambos subieron al coche.

Sylvan se sentó en la parte de atrás junto a Shery, que seguía gruñendo por el dolor, pero no se estaba desangrando gracias a la inyección de Fabian.

Nash se sentó en el asiento de copiloto y Naomi arrancó.

Fabian, Auroro, Rhal y Voss los observaron marcharse, en silencio. Esperaban que los gemelos Chase pudieran sobrevivir.