Fuego Exquisito (Saga Chase nº 4) 28 #2
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Naomi había decidido darles su propia suite a Auroro, Rhal y Voss porque ellos estaban esperando a su hijo como si fueran sus profetas. A Naomi, eso le parecía adorable y ya los castigaba menos.

Los ositos de peluche, que contenían almas de dos Encarnados de la Cárcel de Fracasos y de un genio gobernador, entraron en la nueva suite.

Cada uno tenía su propia cama. Se trataba de cápsulas de titanio blanco que se abrían como coches de lujo. Dentro, había pantallas holográficas donde podían jugar a videojuegos.

Una pared entera era una pantalla holográfica de ocho metros en la que podían ver lo que fuera, incluyendo documentales macabros sobre tiburones y Lutecios abisales.

En el centro, había un sofá que era un columpio con tecnología antigravedad, y en el techo había ventiladores con IA capaces de mantener una conversación.

A un lado, había un mini-bar robótico que servía bebidas sin alcohol y snacks de todo tipo.

La puerta tenía un escáner de rostro, para que no entrara nadie despistado y tuviera un encuentro con esas entidades. Había un protocolo especial contra el Lutecio de tentáculos.

Auroro inclinó la cabeza, agradecido, y dijo:

—Este lugar es digno. Lo aceptamos. Hembra de Nash, tienes un gran corazón.

Rhal ya estaba sobre el columpio, y la mitad de los muebles se habían volcado.

—¡YAAY! ¡Naomi es la fábrica del nuevo amo y ahora es buena con nosotros!

Voss, que solía hablar poco, pero cuando lo hacía era el más insolente, protestó:

—¿Y nuestros cuerpos qué? ¿Cuándo vamos a obtener corazas mejores que peluches de felpa?

Ella sonrió, como si ya tuviera un plan.

—Fabian, el doctorcito pringado pero prodigioso que modela para Nash, se ocupará de transferir vuestras almas a cuerpos de animales reales, cuando posea la tecnología necesaria. Le estoy metiendo presión para que se ocupe de este proyecto.

—Cuando llegue Nolan Chase, el nuevo amo, le hablaremos de la Cárcel de Fracasos y lo guiaremos para que libere a las almas allí confinadas que podrían ser útiles en Nallane —reveló Auroro.

—Eso podría hacerlo Nash, ¿no? ¿Por qué no se lo mencionáis a él? —dijo Naomi, pensativa—. Nash nunca hizo sufrir a nadie en su dimensión. Simplemente, lo dejó todo atrás, escogiendo esta vida. Si los que quedaron allí están sufriendo, él podría abrir un portal y hacer algo al respecto.

—No hace falta arruinar la agenda del amo actual.

Déjalo vivir su vida excéntrica como ídolo internacional —respondió Auroro, solemne—.

Allí, los Fracasos viven en paz, con muchos recursos, ajenos a que existe un modo de regresar a Nallane.

En unos años, solo quedarán aquellos que sean fuertes y de verdad dignos de venir a Nallane en corazas nuevas.

Solo entonces debe haber un portal. Es un trabajo para el futuro, para Nolan.

No necesitamos seres malignos o inútiles en este mundo.

—Por mí, que se vayan ambos mundos al carajo —musitó Voss.

Naomi estaba fascinada. Podría quedarse horas conversando con Auroro sobre la Cárcel de Fracasos, pero tenía cita en el salón de belleza.

—¡Portaos bien! ¡Y si Fiona viene de visita, decidle dónde he ido y que la invito a venir conmigo!

Naomi se fue del ático bloqueando la puerta con un código.

Dentro, ya se escuchaban golpes mojados y chirridos. ¿El Lutecio se había infiltrado?

■ ■ ■

Al día siguiente, Shery despertó temprano, porque había dormido muchas horas. Se encontraba en la cama, desnuda, solo con su antifaz de conejo, como siempre dormía.

Anoche se había quedado dormida en el jardín con el portátil delante, mientras estudiaba.

A su lado, había una bandeja con su desayuno favorito.

Sylvan entró en la habitación desde el amplio ropero que le planchaba la ropa. Se había puesto un atuendo casual, pero con ese toque extra erótico que era propio de él. Se estaba estilizando el cabello y se acercó al verla despierta.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, con afecto, porque el bienestar de Shery le importaba más que nada.

—Estoy bien —dijo ella, fijándose en él, esperando a que dijera algo sobre lo de ayer.

—Nash me preguntó si podías ir al centro comercial hoy. Allí están mamá y Naomi. Van a pasar el día juntas. Mamá solía ir de compras contigo, pero hoy ha quedado con ella. Eso no está bien. No queremos que te quedes atrás.

Shery soltó una carcajada muy fuerte, y respondió:

—No. Si Marinette quiere tiempo conmigo, que me lo pida ella.

Sylvan se encogió de hombros.

—Bueno, como desees. Yo no te presiono.

Sylvan se puso sus cremas habituales, según su rutina de cuidado de la piel.

Shery frunció el ceño al ver que él no parecía dispuesto a mencionar el embarazo.

Se mosqueó, porque según ella una noche había sido más que suficiente para acostumbrarse a que iba a ser padre.

Tendría que estar contento. Tendría que estar pensando en nombres ya mismo.

Rodó los ojos y pensó que ella tampoco tenía ganas de pensar en nombres, ropa o cosas de críos.

Solo quería un Chase. La idea de un Chase.

Al imaginar a un bebé llorón en sus propios brazos, se sintió incómoda.

Sylvan la miró de reojo, como si notara los cambios en su humor.

—Come y prepárate —dijo Sylvan, con tono cariñoso, acercándole el desayuno—. Vamos a salir, solo tú y yo. Iremos a algún sitio a pasear. Algo simple, para variar. Un picnic en el desierto, quizás. Lo que tú prefieras.

—¿Le contaste a Nash que estoy embarazada? —preguntó Shery, mientras probaba su desayuno favorito que él había preparado para ella con esmero.

—Sí, y no te preocupes por el futuro. Los dos nos las apañaremos para que todo vaya bien y estés cómoda. No hace falta decírselo a nadie más, por ahora —respondió él, con tono reconfortante.

Ninguno de los dos volvió a hablar del tema del bebé.

Pasaron todo el día juntos, como tortolitos, como si ambos se hubieran olvidado de su existencia.