Fuego Exquisito (Saga Chase nº 4) 25
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En la cubierta del barco, Nash y Naomi estaban mirando el menú oficial de Sireno que había propuesto Eloy, porque decía que era muy bueno cocinando marisco.

Naomi recordó lo que Sylvan le había mencionado, que Eloy era el guardaespaldas de la reina Adamarisse antes de naufragar. Ella siempre soltaba lo que tenía en mente, no guardaba los secretos de otros. Eso ni siquiera debería ser un secreto.

—Eloy, ¿no recuerdas dónde aprendiste a cocinar? Tal vez servías en el palacio de Keamat —dijo Naomi, riéndose—. Sé que ese era tu hogar antes de acabar aquí.

Eloy no se inmutó. Solo se encogió de hombros y respondió:

—Bueno, no recuerdo nada. No digo que aquella época no fuera buena, no sé si lo era o no. Solo sé que ahora estoy muy conforme con mi vida. Me alegro de haber llegado hasta aquí y ser parte del imperio de Nash.

Eloy estaba hablando como un hombre normal por primera vez, no como un ridículo poeta. Naomi casi lo respetó un poco más. Solo un poco.

Nash aprobó los platos descabellados que Eloy estaba sugiriendo porque confiaba en que él le pondría esmero a todo y el menú sería un éxito por no ser convencional.

Acompañada de varios guardias de Sireno que la estaban guiando y babeando por ella, Fiona llegó hasta Nash.

Él la tomó del brazo y se fue con ella junto a la proa, donde estaba la enorme estatua de sirenas besándose, y cámaras profesionales tomaron muchas fotos de ellos.

Nash llevaba guantes que combinaban a la perfección con el traje.

Parecían otro elemento cuidadosamente elegido para la sesión, pero en realidad ocultaban el corte que tenía en una mano.

Nadie necesitaba saber que había sido su propia novia quien lo había herido.

Evangeline tenía el poder de curar sus heridas, pero ella estaba en otro reino para la expansión de su empresa de flores e iba a regresar el mes siguiente.

Naomi se quedó mirando, esperando a que la sesión acabara. Sabía desde antes que Nash iba a invitar a Fiona a la inauguración de Sireno. Era obvio. Ahora subirían muchas publicaciones provocativas juntos para alimentar a sus fans.

Naomi frunció el ceño cuando, al terminar de posar, Nash le pasó una tarjeta llave a Fiona.

Uno de los guardias estaba cargando una maleta grande y acompañó a Fiona al interior del barco. Nash se quedó hablando con otros invitados de honor, sus propios rivales en la industria, que llegaron a su lado para posibles contratos nuevos.

Naomi no se quedó mirando a Nash siendo un ídolo nacional.

Siguió a Fiona.

■ ■ ■

Fiona había estado muy estresada últimamente. Por fin, tenía la oportunidad de relajarse por unos días, gracias a Nash, en un lugar seguro. Por fin podía olvidar por un tiempo todo lo ocurrido en Salamat.

Entró en una de las mejores suites privadas de Sireno, reservadas solo para la familia Chase.

La suite que Nash había decorado personalmente para Fiona parecía diseñada para convertir el lujo en tentación.

Una cama enorme, baja y circular ocupaba el centro, rodeada por cortinas de seda negra que descendían desde el techo.

El cabecero de terciopelo color vino llevaba una N grabada en metal dorado.

Había un vestidor automatizado lleno de prendas de la marca N escogidas para ella, un bar de cristal oscuro que preparaba bebidas por voz y un enorme jacuzzi en la terraza, separada por paredes de cristal desde donde solo se veía el mar.

Olía a Etéreo, el perfume que más se asociaba con Nash. No era solo una habitación. Era un capricho privado construido específicamente para Fiona.

Justo cuando la puerta automática se iba a cerrar, Naomi entró sin permiso. Fiona giró la cabeza, sorprendida. Se estaba recogiendo la melena roja en una coleta y se quedó congelada un segundo.

—¿Por qué me has seguido? —preguntó, con tono antipático.

—Porque soy la mujer del dueño de este barco y hago lo que me da la gana —replicó Naomi, con tono desafiante—. Mira qué gracia, llevas un vestido similar al mío, eres la mujer más hermosa de Nallane, la que tiene más seguidores y dinero… aún así, estás en mi territorio.

Fiona apretó los labios y siguió arreglándose el pelo, sin darle una reacción, esperando que, si la ignoraba, Naomi se iría y se ahorraría el drama.

—¿Cuánto tiempo te vas a quedar aquí? —preguntó Naomi, señalando hacia la maleta que el guardia había dejado en la sala de estar—. ¿No tienes cosas mejor que hacer que perseguir a mi novio todo el rato? ¿No estás ocupada en Salamat con tus asuntos?

Fiona sintió eso como un ataque, pero no reaccionó porque sabía que Naomi desconocía su vida personal.

—Solo me voy a quedar unos días. Por la marca N.

Naomi se cruzó de brazos y soltó una carcajada irónica.

—Como puedes ver, todo esto es mío. Si estás aquí, es solo porque yo le doy permiso a Nash de usarte para beneficiar a la marca N —dijo Naomi, articulando cada palabra con crueldad, como si quisiera afectarla lo máximo posible—.

Él tiene una vida perfecta conmigo. Tú solo eres…

un cuerpo con el que le gusta jugar cuando le apetece.

Fiona se estremeció al oír eso. Sintió como si el barco entero se sacudía bajo sus pies por un segundo.

“Un cuerpo más en el sistema”.

Las palabras de Norton, las que él había pronunciado aquella vez, resonaron en sus oídos.

Cerró los ojos para calmarse y solo vio las paredes moradas del club de bolos. El robot destrozado. Los cuatro hombres de la mafia acercándose a ella, dispuestos a romperla... Norton observándola como si los cuatro años que habían compartido no significaran nada…

“Deja que mis amigos disfruten de ti”.

Fiona se llevó ambas manos a la cabeza y se le escapó un grito agudo. Luego, se miró en el espejo y se sintió horrorizada por su propia forma de reaccionar. Naomi estaba mirándola con el ceño fruncido, sin entender nada.

—No vuelvas a reducirme a un cuerpo. Mi marido ya me llamó así —musitó Fiona, esforzándose por sacarse esa imagen de la cabeza, pero solo lograba recordarlo con más detalle—.

Se dio cuenta de lo que hice con Nash y Sylvan porque me estuvo vigilando sin mi consentimiento.

La última vez que lo vi, me encerró con cuatro hombres.

Me dijo que, por mi trío con los gemelos, para él yo había pasado a ser solo un cuerpo más en el sistema.

Les dijo a sus amigos que abusaran de mí brutalmente.

Toda la irritación desapareció del rostro de Naomi.

—¿Y ellos… lo hicieron? —preguntó en voz baja, tensa.

—Iban a hacerlo. Solaris entró por casualidad y los interrumpió.

Naomi se quedó en silencio, procesando eso.

Fiona comprendió entonces lo que acababa de contarle sin pensarlo. Se dio cuenta de que era la primera vez que había salido de su boca.

—Nash no lo sabe. Sylvan tampoco. Solaris tal vez lo sospechó, pero no dijo nada.

No se lo he contado a nadie. No quiero que nadie lo sepa.

¡Jamás! Es la realidad más fea de mi vida —aclaró Fiona, poniéndose muy nerviosa, mirando a Naomi con preocupación—.

No sé por qué, por lo que tú me dijiste, se me ha escapado todo. No era mi intención…

Naomi se acercó a ella y la abrazó de repente.

Fiona no se esperaba eso, pero empezó a calmarse poco a poco.

Esperaba que Naomi le hiciera más preguntas, o que la juzgara, o que le dijera que ella misma se lo había buscado por acostarse con los gemelos Chase, o que se burlara de ella diciendo que no era tan perfecta como aparentaba ante las cámaras.

Pero Naomi no dijo nada semejante. Solo la confortó en silencio y se apartó solo cuando Fiona empezó a respirar con normalidad otra vez.

—No debí llamarte así. Sé que le importas mucho a Nash y que no te usa solo por tu cuerpo.

Solo estaba insultándote para sentirme superior.

Fui muy inmadura —dijo Naomi, sin máscaras—.

En cuanto a tu secreto, está seguro conmigo.

Es algo tuyo. No tengo ninguna razón para decírselo a alguien. Ni siquiera a Nash.

Fiona se sentía muy vulnerable, por eso, en un intento de recobrar el control, dejó de mirarla y se acercó al tocador. Sacó un brillo labial de la marca N y se lo puso.

—No quiero ocupar tu lugar en la vida de Nash, Naomi —dijo—. Nunca quise ser una esposa convencional ni tener una familia. Con Norton, era solo una alianza que funcionó durante años, hasta romperse brutalmente ahora… Ni siquiera puedo tener hijos. No estoy aquí para reemplazarte.

—Entonces, ¿qué quieres? —preguntó Naomi.

Fiona tardó un momento en responder, porque necesitaba encontrar las palabras exactas para describir lo que sentía.

—Quiero mi propio lugar junto a la familia Chase.

Quiero ser parte permanente del “territorio Chase”, como lo suele llamar Nash.

No sé cómo lo conseguiré, pero una cosa está clara: mi identidad como Miss Nallane nunca fue un problema.

Lo que quiero lograr no borrará lo que ya he logrado en la vida.

Por eso, no hay prisa. Por ahora, solo necesito un lugar seguro, lejos del alcance de Norton.

Naomi la observó, todavía seria. Luego se acercó a ella otra vez y le quitó el brillo labial.

—¡Eh, no me digas que Nash hizo un producto de maquillaje exclusivo para ti!

—exclamó, riéndose—. Te adora de verdad.

Qué envidia, por Dios —giró el brillo labial entre sus dedos—.

¿Qué es este grabado sobre el metal? “Pelirroja consentida”.

¡No me jodas! ¡Nash no me ha puesto un apodo ridículo a mí todavía!

Fiona la miró muy asombrada, pero la entendió pronto. Naomi quería dejar el tema oscuro y decir tonterías para disipar la tensión.

Finalmente, la horrible imagen de ese club de bolos desapareció… y se reemplazó por productos de maquillaje personalizados.

—Yo lo llamo rubito, por eso él me llama así como venganza. No es romántico.

—¡Suena romántico, carajo! Necesito relajarme en el jacuzzi. ¿Te vienes? —ofreció Naomi, sonriéndole.

Era una sonrisa real. Fiona aceptó y las dos salieron juntas a la terraza de la suite.

Justo cuando iban a meterse en el jacuzzi, vieron que ya estaba ocupado… por dos ositos de peluche.

—¡Nash y Sylvan son un solo hombre rubio que se mueve muy rápido! —exclamó Rhal, como si estuviera revelando un secreto divino—. ¡Todo es mentira! ¡No hay gemelos Chase! ¡Hay un hechicero Chase malvado!

Auroro estaba mirando un documental sobre selección brutal de los Lutecios marinos, que se proyectaba en toda una pared.

—Sería maravilloso ser un tiburón blanco, invencible, con genes sobrenaturales, y vivir en paz entre corales en el fondo del mar.

Naomi pisoteó el proyector, que era un aparato caro, y el documental se apagó. Luego agarró a ambos ositos por los lazos y los tiró al mar por la barandilla de cristal.

Cuando estaban a punto de saltar al jacuzzi, aparecieron enormes tentáculos entre la espuma morada. Fiona y Naomi gritaron al mismo tiempo por la sorpresa y por la furia.

Cambiaron de plan y se fueron juntas al bar privado, donde solo había robots. Naomi los desactivó todos antes de que pudieran armar jaleo y se sirvió una copa de vodka ella misma.

Ambas intentaron ignorar el ruido de fondo que causaba el Lutecio al derribar botellas de vino, copas y vitrinas enteras mientras buscaba a Voss en el bar.

Naomi no pudo beber. Algo le causó arcadas.

—¿Estás bien? —preguntó Fiona.

—No, estoy rara últimamente.

Fiona se rió y sugirió:

—Tendrías que hacerte una prueba de embarazo.

Naomi se quedó pensativa un momento y luego asintió. Se fue a casa sin demorarse más. Fiona se quedó sola en esa suite de Sireno, si no tenía en cuenta a los seres sobrenaturales residentes.

Sonrió, satisfecha. Estaba en un lugar seguro.

Pero tarde o temprano, tenía que regresar a Salamat.