Fuego de Dragón (Caballeros Dragón 13) 2 #3
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—Y casi impenetrables para las flechas normales.

Las que saqué de entre sus plumas solo tenían puntas de caza ordinarias.

No sé cómo resistiría esas monstruosidades con punta de diamante, pero las normales parecían tener dificultades para penetrar las capas de plumas y cañones para llegar a la piel, el músculo y el hueso que hay debajo.

Tiene algunos cañones rotos, pero supongo que volverán a crecer con el tiempo, ¿verdad?

No lo habría creído si no lo hubiera visto con mis propios ojos.

—Yo tampoco. — Genlitha cambió de tema tras ese intercambio y empezó a incluir al grifo en sus pensamientos mientras volaban, comentando su técnica de planeo y lo poco que difería de las que ella enseñaba a los dragones jóvenes.

Pasaron el resto del vuelo en una conversación amena y con algunas instrucciones, mientras Genlitha le enseñaba al joven cómo conservar mejor su energía y hacer que cada aleteo contara.

Gowan aprendió mucho con solo escucharla y ver cómo tanto el dragón como el grifo ponían en práctica sus estrategias.

Gowan no sabía que volar tuviera tantos matices, pero estaba adquiriendo un nuevo respeto por lo que los dragones hacían cada día sin alardes ni comentarios.

Para cuando llegaron a la Guarida, la noche había caído y las hogueras estaban encendidas en la repisa de aterrizaje para guiarlos.

Flurrthith tuvo miedo del fuego al principio, y Gowan entendía por qué, dadas sus alas hechas de plumas aceitosas y plumón inflamable.

Genlitha tuvo que animar al joven a aterrizar, mostrándole el camino y ordenando a los caballeros de la repisa que apagaran todas las hogueras menos una antes de que Flurrthith accediera a bajar.

Flurrthith no fue tan elegante como Genlitha al aterrizar, pero logró una presentación decente, derrapando hasta detenerse sobre las cuatro patas.

Gowan saltó del lomo de Genlitha y fue de inmediato al lado de Flurrthith.

El pequeño grifo había estado volando herido, y Gowan quería que le vieran las alas primero, antes de hacer cualquier otra cosa.

Seth ya estaba allí, esperando a que le presentaran al grifo antes de acercarse. Todos en la repisa se mantenían a distancia, habiendo sido informados sobre el grifo. Gowan hizo una señal a Seth para que se pusiera a su lado.

—Flurrthith, este es mi amigo, Seth, que tiene conocimientos de sanación. Me gustaría que permitierais que revisara los vendajes que os puse en las alas. Él es mucho más hábil que yo, y quiero asegurarme de que estéis tan bien atendido como sea posible. ¿Lo permitiréis? —preguntó Gowan formalmente.

Flurrthith se incorporó sobre sus garras delanteras, frente a ellos. Miró de Gowan a Seth e inclinó la cabeza. Seth hizo lo mismo, mostrando respeto sin bajar la mirada.

—Es un honor conoceros, Sseñor Sseth —dijo el grifo en voz alta.

—El honor es mío, señor Flurrthith, pero no soy caballero.

Me crié aquí en la Guarida. Mis padres son caballeros.

Yo soy el aprendiz de sanadora. Ella misma habría venido a atenderos, pero es demasiado anciana para subir a la repisa.

Os verá cuando descendáis, pero quería que tuvieseis atención experta a la mayor brevedad.

—Gracias, Sseth —dijo Flurrthith—. Haces honor a tu pueblo tratando a un vissitante con ssemejante cortesía.

Seth pasó unos minutos revisando el trabajo de Gowan, mientras este le proporcionaba ayuda y comentarios.

Gowan había guardado todas y cada una de las flechas que había sacado de las plumas y la piel de Flurrthith, y Seth examinó cada una, buscando signos de veneno o barbas que pudieran indicar problemas mayores.

Por suerte no los había, y solo una de las flechas tenía una punta de hoja realmente afilada.

Esa era la que había causado más daño, pero había atravesado la carne y golpeado el hueso, deteniéndose allí.

—Tienes bastantes cañones de plumas rotos —observó Seth, hablando directamente a Flurrthith—. ¿Hay algo que pueda hacer por ellos? He oído hablar de cómo a los halcones de caza a veces se les injertan plumas mudadas con aguja e hilo hasta que los nuevos cañones tienen tiempo de crecer.

—Nossotros hacemoss algo ssimilar —asintió Flurrthith—, pero no llevo ssuministross conmigo para tales cosass. Tendrán que volver a crecer por ssu cuenta. Aún puedo volar, assí que todo irá bien por ahora. Gracias.

Seth se apartó, terminando el examen. —Si estáis listo, podéis venir con nosotros al gran salón donde los líderes de nuestra Guarida están reunidos para conoceros y recibir vuestro mensaje.

Lo que siguió ocurrió más o menos como Gowan esperaba.

El joven grifo entregó un mensaje garabateado a toda prisa en un pergamino que llevaba escondido en un pequeño morral anudado al cuello y oculto entre las plumas del pecho.

El consejo de dragones estaba ansioso por ayudar a los grifos, pero los líderes humanos dudaban, y los dragones clave respaldaban a sus compañeros humanos.

Gowan creía entender la lealtad entre dragón y caballero, pero aquello rozaba lo ridículo en lo que a él respectaba.

Los dragones deberían ser lo bastante inteligentes como para ver que los ancianos que los lideraban habían perdido el gusto por la batalla y el riesgo.

Parecían querer esconder la cabeza bajo el ala e ignorar todos los problemas que habían surgido a su puerta.

Pero aquello era ingenuo en extremo, por no decir peligroso.

Había que hacer algo. Y si los veteranos no estaban a la altura, por todos los santos que Gowan mismo se encargaría del trabajo.