Capítulo 13. Al final, salió
Al final, salió
J ulieta
—¿Qué me pasa?
Conduzco con cuidado, el coche va cargado con toda mi vida.
Esta mañana he renunciado a mi puesto de trabajo y, aunque no les ha encantado, lo entienden.
Les he dicho que tengo que cuidar a mi abuela.
Incluso aunque no tenga otro puesto. Por suerte, he ahorrado algo y me servirá para mantenerme unos meses. Suspiro fuerte pensando en él.
¡Ha venido a buscarme! Noah. Y yo me he quedado parada. Me ha dicho que me ama y no he podido contestarle, maldita sea. ¿Se puede ser más imbécil? Claro que lo amo, joder.
Lo quiero con toda mi alma, pero creo que… estoy aterrada. Puede que tenga tanto miedo de perderlo, como perdí a mis padres y a mi hermano que sea incapaz de expresarme.
—No es excusa —me riño. Debía decírselo. Las palabras que se quedan atascadas son las que más lamentas. Miro por el retrovisor, va detrás de mí, sin estar muy alejado.
Puesto que tengo el móvil conectado a mi coche, lo llamo.
—¿Ocurre algo? ¿Te sientes mal? —pregunta y lo miro por el retrovisor, se ha acercado un poco más.
—No, tranquilo. Estoy bien. Te agradezco tu ayuda y… quería decirte que yo también te quiero. Te amo con toda mi alma. Y siento no habértelo dicho antes.
Miro por el retrovisor, está sonriendo y me manda un beso con la mano.
—Me alegro de que me lo digas, Juli. Luego me lo repites, cuando estés debajo de mí.
—Qué bruto eres.
—O encima, que no tengo problema. O en la ducha.
Suelto una carcajada.
—¿Te quedas en mi casa? Así sería más fácil, para no tener que trepar todas las noches a tu cuarto.
—Yo… quería estar con mi abuela.
—Solo cuesta quince minutos llegar. Puedes ir a desayunar cada día.
—Tienes razón, supongo. Será mucho más práctico.
—Eso sin duda. Entonces, ¿vamos directos a descargar? Hoy me he tomado el día libre. Y luego vamos a visitar a tu abuela.
—Me parece muy bien.
—Estupendo.
—Hasta ahora…
—Te quiero, Julieta María Muñoz.
—Y yo a ti.
Cuelgo con una sonrisa. Lo miro y él también parece muy feliz. Suspiro. Igual no era tan difícil como yo me lo había planteado. Puede que el miedo me hubiera atrapado y no supiera cómo salir.
Llegamos sin problemas y cuando aparco, él sale corriendo, me besa y luego me coge en brazos, dejando todo ahí. Me echo a reír.
—¿Qué haces?
—Demostrarte lo mucho que te amo y además me has dicho que me lo repetirías cuando estuviera sobre ti.
Suelto una carcajada. No sé ni cómo abre, pero lo consigue y vamos directos al dormitorio. Y sí, le digo varias veces que lo amo.