Epílogo
N oah
—Vaya, vaya, la parejita feliz —dice Darius cuando nos ve aparecer en el club. Hace un mes que ella se ha instalado conmigo y no podemos ser más felices. No solo por estar todos los ratos que podemos encamados, sino porque ella ha conseguido el trabajo y su abuela está emocionada.
La tomo de la cintura y ella sonríe a Darius.
—¿Es envidia, abogado? —pregunto y él resopla.
—¿De ver salir florecitas y estrellas de vuestros ojos? No es para mí.
Mateo se acerca con el rostro serio y se deja caer. Nos mira y como parece que quiera hablar, Juli se dirige al lavabo, dándonos espacio.
—Tienes mala cara, Tex.
—Belinda y yo hemos roto. O sea, no es que fuera la mujer de mi vida. Dijo que… que no me implicaba.
—Querría que dieras el paso, atraparte con un anillo —responde cínico Darius.
—Supongo que si la has dejado ir no estabas tan enamorado —comento pensativo. Él asiente.
—Veros a Juli y a ti me ha hecho ver qué es el verdadero amor y lo que tenía con ella no era sino una relación cómoda, tranquila, con momentos de sexo. Pero no había esa pasión que veo en ti, Noah. O en ella.
—Estás siendo una mala influencia para todos —dice Darius. Chasqueo la lengua.
—Si ser una mala influencia es mostrar lo enamorado que estoy, entonces sí. ¿Y Logan?
—Tenía un viaje. Vuelve en una semana, aunque está algo tenso. Le hará falta sexo —dice Darius.
—Joder, tío. ¿Todo lo arreglas así? —pregunta Tex molesto. Él se yergue.
—Es lo único verdadero. Sí, veo que tu chica y tú os queréis y debéis follar mucho, y eso es lo que da coherencia a una pareja.
—Yo no creo en eso —digo molesto—. Si supieras las horas que pasamos hablando de todo. Es algo especial, como si el mundo fuera correcto.
—Chorradas —dice alejándose de mal humor. Tex se vuelve hacia mí.
—No se lo tengas en cuenta. Está jodido con ese tema de la demanda que no quiere contarnos. Me encantaría encontrar a alguien así, Noah. Alguien como tu chica.
—Lo harás. Eres un gran tío. A Juli le caes muy bien, dice que eres muy guapo y buena persona. Además te dejas la piel, no sé. Muy tonta tiene que ser una tía para no darse cuenta de eso.
—Creo que Belinda quería casarse. Se ha marchado a Pasadena, porque según ella, lo único que la retenía aquí era yo. Y ni siquiera pude hacerlo.
—¿Quieres ir a por ella? Ve.
—Ese es el problema. Que, de alguna manera, me he sentido aliviado de que ella diera el paso.
—Entonces no era amor.
—No. No lo era.
—Pasar por varias relaciones es normal, tío.
—Tú has acabado con tu primera amor.
Me echo a reír. Es cierto.
—Yo.. tuve una relación hace años, acababa de cumplir treinta y tuve que estar un par de meses en Alabama. Allí conocí a una chica, pero tenía su trabajo. Puede que no me lo tomara en serio, pero a veces me acuerdo.
—¿Y no sabes nada?
—Sí, se casó. O sea, a los dos años de viajar vi en sus redes una fotografía de su boda. Son trenes que pasan y que si no los coges, se marchan para no volver.
—Sí. Casi pierdo a Juli. Escucha, Tex. Si vuelve a presentarse un tren o una oportunidad, no la cagues y lánzate a por ella. No eres un tío de solo sexo como nuestros amigos. Sé que te gustaría tener una relación más estable.
—Sí. E hijos. Deseo con todas mis fuerzas llenar el rancho de niños. Mis padres ya son mayores y quiero que tengan nietos.
—Joder, no le digas eso de buenas a primeras a una mujer o se largará.
—Lo sé, lo sé.
Darius sale y me dice que está todo preparado. Sonrío. Hemos montado una pequeña fiesta sorpresa con motivo del cumpleaños de Juli. Estoy nervioso y emocionado por lo que llevo en el bolsillo.
Bianca llega, sin Logan, también mi hermana, su novio, la familia de Juli y otros amigos. Todos van a la zona de la terraza posterior, que está adornada con flores blancas y guirnaldas. Quiero que sea muy especial.
La veo rondando y cuando Tex se levanta, viene hacia mí. La tomo de la cintura, feliz y le doy un beso.
—Estoy hambrienta y no de comer. —Me echo a reír—. ¿Tex está bien? Lo he visto muy serio.
—Ha cortado con Belinda. O más bien, ella se ha marchado.
—No parecían estar muy enamorados.
Acaricio su cintura. Ya se ha colocado entre mis piernas y empiezo a emocionarme.
—Eres una brujilla.
—¿Tenemos que quedarnos? Lo mismo podríamos volver a casa.
El pecho se me hincha cuando dice volver a casa. Niego.
—¿Vuelves a tener ganas de mí desde esta mañana? Me siento halagado.
—Es que tenemos que recuperar muchos años, Noah.
—Nos escaparemos pronto. Vamos.
—Está bien.
Me levanto y la tomo de la mano. Caminamos hacia el jardín trasero y una suave música empieza a sonar. Chasing cars, nuestra canción. Me mira, nerviosa.
Susurro en su oído.
If I lay here (Si me acuesto aquí)
If I just lay here
Would you lie with me and just forget the world? ¿Te acostarías conmigo y te olvidarías del mundo?
La tomo de la mano y avanzamos hacia el centro de la terraza.
No sé si hay gente a mi alrededor, ni siquiera noto que algo cae por encima, algo muy suave, solo veo sus ojos, sorprendidos, divertidos y llenos de amor.
La tomo de las manos y me pongo de rodillas.
Ella lleva una mano a la boca y saco el anillo.
—Julieta María Muñoz, ¿quieres mirar a las estrellas cada noche junto a mí y mojarte los pies en el río? ¿Deseas que caminemos de la mano descalzos y sobre la arena? —carraspeo, nervioso— ¿Me harías el honor de ser mi esposa?
Ella tiene gruesos lagrimones y extiende la mano, para que le ponga el anillo. Cuando lo hago, nos sobresaltamos porque hay un gran aplauso y gritos de alegría. Creo que ambos nos habíamos olvidado del mundo. Ni siquiera me había dado cuenta de que tenemos pétalos en la cabeza.
La beso y se me olvida que soy un hombre. Siento que mi corazón se vuelve ligero hasta que escucho a mi hermana.
—Venga, dejar eso para luego, que parece que te la vayas a comer.
Se echa a reír y nos separamos. La familia nos felicita, su abuela y su tía están llorando emocionadas, incluso sus amigos, que también han venido para la ocasión. Los míos me abrazan y yo sonrío como un tonto. Porque esto y solo esto, es el principio de lo mejor que me va a pasar en la vida.