Fuego bajo tierra (Herederos del desierto 1) Capítulo 2. Demasiado para un solo día #2
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Capítulo 2. Demasiado para un solo día #2

—Son temas de los microbios y bacterias que viene en el agua.

He viajado a otros países para tomar muestras y lo que encontré fue la bomba —comenta cambiando su tono entusiasmada.

La miro como el tonto adolescente enamorado que fui.

Ella sigue hablando de esos temas y no me entero de nada, pero verla mover sus labios hace que quiera atraparlos.

Se queda callada—. Ya vale de hablar de mí.

¿Qué hay de ti? Tu padre te convenció para meterte en la empresa.

—Obvio. Pero no tuvo que convencerme. Me gusta mi trabajo y nos hemos expandido. Nos va bien.

—¡Cómo no! —bufa.

—No es malo tener dinero, Juli. Ya sabes que mis orígenes son humildes.

—No, si eres un buen partido para cualquiera. Estarás casado a pesar de que… de que me besaste.

—Ni estoy casado ni tengo novia, no soy tan malo como para besar a alguien si lo tuviera.

Ella asiente, seria.

—Yo tampoco salgo con nadie. Marcus solo quiso… protegerme. Es un buen amigo y está casado.

—Vale.

—Y ahora, cuéntame el proyecto —suspira ella.

—Está bien. Verás, la idea es perforar la montaña para que no afecte al cañón.

Aunque nos cueste algo más de dinero, queremos pasar por el otro lado.

O al menos esa fue siempre mi idea. Excavar varias millas, donde solo hay desierto.

Y entre el oleoducto y el cañón, quiero plantar árboles, para minimizar ruidos, olores y de paso, convertir en un paseo verde.

Se echa para atrás, casi tirando la copa.

—No puede ser, Noah. No es eso lo que hemos visto en el proyecto.

—Sí lo es. Así es como le pedí al ingeniero y al resto del equipo que lo diseñase.

—Pretendes engañarme y quieres que sea tan ingenua que me crea que estás buscando algo ecológico en destruir un paisaje natural.

—No lo entiendo, Juli. Ese es el proyecto.

Ella se remueve y me mira asombrada. Luego, saca el móvil y busca algo.

—He conseguido que me pasen tu proyecto y no es como tú dices. ¿Crees acaso que no podría verlo? ¿Me tomas por tonta?

—Jamás haría eso. Enséñamelo.

—Míralo tú mismo.

Cojo el móvil y abro el documento para ver a qué cojones se refiere. Una vez que estoy mirándolo, niego.

—Este no es el proyecto que se ha presentado. Debes de estar equivocada. Sí que uno de mis socios, Clive Barnes, quería hacer esto por el coste, pero mi hermana y yo nos negamos. ¿De dónde lo has sacado?

—Es el que está presentado en el ayuntamiento y las obras que han comenzado lo siguen al pie de la letra.

Me quedo pálido. No es en lo que quedamos. Clive se empecinó en esa alternativa que era más directa desde nuestras instalaciones y menos costosa. Dijo que había hablado con un equipo de protección medioambiental y que estaba solucionado. No entiendo nada.

—Puedes creerme o no, Juli, pero este no es el proyecto que yo quería hacer. Algo ha pasado. Dame un día para averiguarlo.

—¿En serio?

Veo la duda en sus ojos y le tomo de la mano.

—En serio. Esto no es lo que Karen y yo habíamos planeado. Lo aclararé antes de que vaya a más, te lo aseguro.

—Siempre… fuiste muy honesto, Noah. Quiero creerte, pero el proyecto oficial es el que te he enseñado, aunque supongo que no me mentirías a la cara.

—Claro que no. Joder, Juli, me conoces.

—Te conocía cuando éramos niños, ahora no lo sé. Ha pasado mucho tiempo y yo he estado fuera. Quizá has cambiado.

—¿Tú crees que tu abuela me invitaría a comer si lo hubiera hecho? Me habría dado un sartenazo.

Sonríe y se muerde el labio. Finalmente, asiente.

—Está bien, de verdad que quiero creerte, pero las pruebas dicen lo contrario. Esperaremos a mañana para hacer cualquier cosa, ¿vale?

—A primera hora hablaré con Clive y te llamaré. No creas que quiero destruir el cañón, jamás lo quise. Me trae demasiado recuerdos…

Ella asiente, nerviosa. Allí, en una de sus playas escondidas ambos perdimos la virginidad. No sé ni cómo llegamos a conseguirlo, porque estábamos muy nerviosos. Suspiro y ella me mira. Luego, su móvil.

—Tengo que irme. Entonces, tu familia… ¿todos bien?

—Sí, mi padre está en cama, pero aguanta. Mi madre se pasa todo el día cuidándolo y Karen ya sabes, a lo suyo, con esa mezcla de mandona y gamberra.

—Lo recuerdo —dice sonriendo. Coge la nota, pero le tomo la mano y ella me mira.

—Déjame invitarte y, si quieres, me invitas tú otro día.

—Está bien.

Pago y la acompaño hasta su coche. Ella se vuelve hacia mí antes de entrar.

—De verdad que quiero creerte, Noah. Ojalá sea así. Yo…

—Es así. Y si no lo es, se las verá conmigo.

Me paro delante de ella, su respiración se agita y yo quiero besarla, porque todo lo que había estado reprimiendo por años ha salido como si alguien hubiera agitado mi cuerpo y abierto el corcho de la botella.

—Estás muy guapo, Noah. De verdad. Lo bueno, que sigues siendo tú. Lo veo en el fondo de tus ojos.

Sonrío y suspiro un poquito. Ella abre la puerta y se marcha. Fue la única que me vio de verdad en aquellos tiempos tan complicados. Ojalá algún día pueda encontrarla de nuevo. Camino hacia el coche, que está cerca del club cuando alguien me da una palmada por la espalda.

—Noah, tienes cara de tonto —dice mi amigo Mateo, Tex para los más amigos.

—No tengo ganas de hostias, Tex.

—¿No era Juli? ¿Tu primer amor? —pregunta preocupado. Él siempre se preocupa de los demás, aunque a primera vista parezca otra cosa.

—Lo es. Lo era. Ha venido por lo del oleoducto. Pero me ha pasado algo que no entiendo.

—Vamos al club y nos lo explicas, seguro que los demás quieren escucharlo.

Levanto una ceja, pero sí. Mis mejores amigos se reúnen esta noche y necesito hablar con ellos porque estoy más que mosqueado, no solo por ella sino por lo del proyecto.

Darius es abogado, así que tal vez pueda ayudarme.

Mateo me da unas fuertes palmadas en la espalda.

Es tan alto como yo, pero más fornido, supongo que trabajar en un rancho de caballos es lo que tiene.

Sonrío algo más relajado y nos metemos al club, pero… algo está pasando.