Capítulo 2. Demasiado para un solo día
Demasiado para un solo día
N oah
—Maldita sea —contesto cuando mi madre me dice que la ha visto aparcar en casa de su abuela. Todavía sigue viviendo en la casa de al lado, aunque les dije que les compraría una casa nueva. Me muero por verla y a la vez, no quiero.
Salgo de la oficina y me monto en el coche grande, ventanas tintadas, no quiero que me vea.
Paso delante de la casa de la abuela y veo su coche.
Me siento un poco acosador. Paro en la esquina y veo que ella sale, con una coleta floja, y aunque creo que está algo más delgada, sus curvas siguen siendo demasiado apetecibles para mi cordura.
Intenté olvidarla saliendo con algunas mujeres, pero tiene algo.
No solo porque ambos fuésemos el primero para cada uno, incluso aunque yo era un chico gordito, un nerd con gafas enormes.
Ella era preciosa, con una sonrisa que te deslumbraba.
Y, a pesar de ser tan bonita, me eligió a mí para su primera vez.
La sigo hasta el cañón, imagino que va a visitar a los que ya han acampado. Le doy un tiempo y después me acerco. No me gusta que tenga pareja, aunque no pegan. Así que me voy a casa de su abuela como quien no quiere la cosa, para averiguarlo.
— Granny , tan guapa como siempre —le digo cuando me abre la puerta. Eleva una ceja, pero sonríe y me deja pasar.
—Imagino que sabes que Juli ha vuelto.
—Sí, he hablado ahora con ella, pero pienso que todo esto se podría conversar tranquilos, en un lugar familiar, si no le es molesto.
—Claro que no, quédate a comer. ¿Una cerveza?
—Gracias.
Saca una de la nevera y me la da. Me mira atenta y mueve la cabeza.
—¿Qué pasó, Noah? Porque no me digas que nada. Ella nunca suelta prenda. Quiero pensar que no le hiciste nada.
—Me conoce, granny , jamás la dañaría. Es un tema que todavía no comprendo. Con el tiempo, me hubiera gustado… llegar a más con ella. Pero se fue y nunca volvió.
—Y tú no fuiste a buscarla, Noah.
—¿No conoce a su nieta? Ya podría haberme puesto de rodillas delante, que se hubiera ido. Quería conocer el mundo, estudiar biología. No es que en este pueblo tuviera mucho futuro.
—O sí, Noah. El futuro lo construimos nosotros. Solo sé que apenas viene porque le produce dolor. Y seguramente tenga que ver contigo.
Me mira con sospecha y niego.
—Si hice algo, fue inconsciente. Teníamos planes. Y de la noche a la mañana, me dijo que no podía seguir aquí, que se ahogaba. Solo eso. Ni pude reaccionar, Lidia.
—Tal vez algún día lo suelte. Esas cosas oscuras y malolientes se quedan en las tripas y te producen incluso enfermedades.
—Al menos, sale con alguien, ¿no?
—¿Juli? No, que yo sepa.
—Había un hombre en el campamento, Marcus…
—Ah, sí, vivió con él un tiempo hasta que se casó… con un hombre. Tiene marido. Eso sí, es como su hermano mayor. Te podría tumbar si te metes con ella.
—No pensaba —digo y doy un trago para disimular la sonrisa que quiere aparecer por mi boca. Porque si soy algo, es incapaz de meterme en una relación, pero si no es así, iré a por todas.
—No tardará en venir. Come y luego habláis. A ser posible sin pegaros, que de críos os liabais a tortas y luego os abrazabais como los mejores amigos.
—No eran tortas, tortas, solo algún cachete y solía llevarme yo todas. Nunca le pegaría.
—Sí, Juli siempre ha sido muy temperamental, pero con lo grande que te has puesto, no te podría ni tocar.
Pensé que sí, que me encantaría que me tocase, pero no se lo digo a su abuela.
La comida es menos tensa de lo que había pensado, pero luego, cuando hablamos y no puedo contenerme y besarla, sí, ella me da un buen puñetazo merecido.
Sin embargo estoy satisfecho. Ella ha abierto la boca y gemido suavemente.
Por suerte, llevaba vaqueros ajustados y no notaría la erección que me había producido.
Masajeo su mano y me deleito con su piel. Pero al final tengo que irme porque estoy demasiado trastornado. Ni siquiera sé si vendrá a la cena.
Me monto en el coche y voy hacia la explotación. Un cartel viejo en dos postes me recibe. Garza Oil. Levanto polvo cuando llego a las oficinas. A lo lejos, los gigantes motores que extraen el crudo. Un olor fuerte y ligeramente agrio rodea el entorno. Lo que se ha convertido en mi vida.
Subo las escaleras de dos en dos y veo a mi hermana con el ceño fruncido que me espera en mi despacho.
—¿Hoy no trabajas o qué?
—He ido al campamento de los que protestan. Estaba Juli y he comido con su ella y su abuela.
Ella cambia a un ceño más fruncido.
—¿Por qué, Noah? ¿Quieres que te vuelva a dejar hecho polvo?
—Ya no es lo mismo, Karen. Soy un hombre adulto y no un crío. Y además, no debes decidir por mí, tú eres mi hermana pequeña.
—Pero tengo más cerebro que tú, mira que acercarte a tu ex. De verdad.
—Es posible que cene con ella esta noche, si… si se presenta. Quiero explicarle el proyecto y que comprenda por qué va a ser bueno para la región.
—Ambos conocemos a Juli. Y es cabezota como ella sola. No creo que puedas. A menos de que te la intentes llevar a la cama. A lo mejor entonces.
—Eres un poco bruta, Karen. Me voy a dar vuelta.
—Eso, huye, cobarde.
Me echo a reír y cojo el furgón que uso para visitar la explotación. Ella se asoma y me mira con preocupación. Tiene cinco años menos que yo, pero a veces parece mi madre.
Cuando me aseguro de que todo va como tiene que ir miro la hora. Son las cinco así que me cambio y me acerco al club King. Imagino que solo estará Darius, que para eso es el dueño, pero me apetece una cerveza y, de todas formas, el restaurante está solo a cinco minutos.
—¿Noah? ¿Tú tan pronto?
—He quedado a cenar. Juli ha vuelto.
—¿Julieta Muñoz? ¿La que te dejó hecho mierda?
Bufo y Wyatt, el encargado del bar, me pone una cerveza. Se hace el remolón supongo que para escuchar, pero una mirada intensa de mi amigo hace que se vaya al otro extremo.
—Ha venido por la protesta.
—Eso, además. ¿Sigue estando tan buena?
—Joder, Darius.
—Solo pregunto. Eso es que sí. Que yo solo digo que pases de ella. No tienen nada qué hacer con esa ridícula protesta. Ni siquiera será legal.
—Lo es, me lo dijo el sheriff. Por eso quiero explicarle el proyecto, para que comprenda que será bueno para Dusty Creek.
—Ya, para explicarle. O para tirártela.
—Joder, Darius, venía a por una charla tranquila.
Veo cómo se arregla su impecable americana y se ajusta la corbata. Debe de tener prisa.
—¿Tienes que irte?
—Sí, tengo cita con mi abogado. Pensé que iba a representarme yo mismo, pero prefiero alguien especializado.
—¿Es ese tema del tipo que vino a comprarte el negocio?
—Sí, pero que fuera un mafioso a mí me da igual. Yo qué sé. Quédate lo que quieras, pero me tengo que ir. Esta noche vienen todos, pásate y nos cuentas si te las follado o no.
—Ya vale, tío. Lárgate de una vez.
Sonríe y se marcha hacia su deportivo. Sí, Darius tiene mucha pasta y regenta el Club, un lugar donde la mayoría de los que entran tienen más de diez millones en las cuentas.
Aquí podemos hacer lo que nos dé la gana, por una cuota más que jugosa para él.
Hay habitaciones privadas para dos y otras para más personas.
Pero todo el que viene lo hace de forma voluntaria.
Y la parte del bar, donde ponen música y puedes tomar una copa es muy agradable y elegante.
Desde luego, no todos usan esas habitaciones. Yo no, al menos. Mis amigos, no lo sé. Darius, sin duda.
Wyatt me pregunta si me pone otra cerveza, pero deniego.
No suelo beber y menos entre semana, así que salgo a pasear mirando escaparates.
En realidad, tengo poco tiempo para esto y estoy nervioso.
La reserva es para las siete y son menos cuarto, así que camino despacio, esperando que aparezca.
No es que me arrepienta de haberla besado, pero me disculparé.
El camarero me pone en la mesa elegida, en un jardín trasero cubierto y rodeada de una celosía con plantas.
Es muy discreta y agradable. Los ventiladores del techo se mueven cadenciosamente y se oye una suave música de fondo que no impide escuchar las conversaciones, aunque no hay muchas personas cenando hoy.
Me traen una cerveza y al rato, miro el reloj. Pasan quince minutos de las siete y puesto que Juli siempre ha sido muy puntual, creo que no va a venir. Suspiro desanimado, pero ya que estoy aquí, cenaré. La pasta carbonara de este lugar siempre me encantó.
Al minuto, escucho un carraspeo.
—¿No me esperabas?
Levanto la vista y ahí está, preciosa con un vestido de tirantes azul oscuro, a juego con sus ojos. Su cabello oscuro está ahora alisado y puedo ver sus torneados brazos sujetando un bolso. Me levanto y voy a apartarle la silla, pero ella se sienta sin esperar.
—Gracias por venir y… quiero disculparme.
—Yo también. Fue un impulso.
—También el mío —digo mirándola. Ella se muerde el labio, algo que hacía cuando se impedía hablar o contestar algo. Coge la carta y empieza a leer. Ya no tiene gafas, como yo, aunque en mi caso me operé. No sé ella.
—¿Lentillas?
—Sí, claro —dice sin mirarme.
El camarero viene y pedimos los dos la pasta a la carbonara y una ensalada, con vino.
—¿Has traído el proyecto?
—Claro que sí, pero primero me gustaría saber algo más de ti.
—¿Algo de mí? ¿Con qué motivo?
—Joder, Juli. Éramos amigos. Llegamos a ser más que amigos.
—En el pasado. Ahora no lo somos. Estamos en bandos contrarios.
Sonrío. Siempre tan radical.
—Quiero saber qué ha sido de tu vida. Es fundamental para que nuestra conversación fluya —digo serio.
Ella me mira fijamente y luego mueve la cabeza, eso hace que su perfume que es tan dulce como sus labios, llegue a mí. Joder.
—Está bien, Noah, creo que es justo. Estudié biología, me contrataron en prácticas en un laboratorio y de ahí pasé al que estoy ahora.
—Resumir quince años en una frase es algo muy frío.
—Es lo que hay —contesta y toma un trago de vino. Largo.
—¿Y qué investigas ahora?