Frío como la piedra 12 LEE #2
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12 LEE #2

Da un sorbo largo y reverente al café, y la veo relajar los hombros, cerrar los ojos, y de sus labios escapa lo que solo puede describirse como un gemido de pura satisfacción.

—¿Mejor? —pregunto, intentando no pensar en cómo me afecta ese sonido.

—Ahora soy mínimamente humana —admite, dando otro sorbo—. Dame cinco minutos más y puede que hasta sea una compañía agradable.

Le doy la vuelta a otra tortita, sonriendo.

—Me gusta la Kya gruñona. Es adorable.

—Eso dices ahora, pero cuidado. La Kya gruñona es una amenaza para la sociedad.

—Estoy de acuerdo. Llamarme al baño fue diabólico —apilo tortitas en su plato y les echo sirope y una nuez de mantequilla—. Come. Estás demasiado delgada.

Levanta una ceja.

—¿Perdona?

—Me has oído. ¿Cuándo fue la última vez que desayunaste como Dios manda? Y no me digas que el café cuenta.

Se queda callada un momento, cortando las tortitas.

—La verdad es que no... no suelo desayunar. Café y quizás una barrita de cereales si me acuerdo.

—Joder, Kya —me apoyo en la encimera y la observo—. ¿Llevas un bar, trabajas catorce horas al día y sobrevives a base de café y barritas de cereales?

—He estado muy liada...

—Te has estado descuidando —la corrijo—. Menos mal que ahora me tienes a mí.

Suelta un largo suspiro y agacha la cabeza mientras corta otro trozo de tortita.

—Gracias. Es agradable tener a alguien que se preocupe por mí.

—No hay de qué.

Se reclina en la silla y me estudia con esos penetrantes ojos color avellana.

—¿Qué planes tienes para hoy?

—Iglesia a las 10.

—¿Iglesia?

—Reunión del club —explico mientras miro el reloj—. ¿Y tú?

—Abrir el bar a las once. Mercy se encarga del turno del almuerzo para que pueda ponerme al día con el papeleo —arruga la nariz—. La vida glamurosa de una dueña de negocio.

—¿Necesitas ayuda con algo? Podría pasarme después de la iglesia.

—¿Ya buscando excusas para verme, Armstrong?

—Siempre —digo sin dudar, y la hago sonrojarse—. Pero también lo digo en serio. Cargar cosas pesadas, intimidar a proveedores, estar guapo. Se me da bien todo.

Se ríe.

—Puede que te tome la palabra.

Me levanto para recoger los platos, pero ella me agarra de la muñeca.

—¿Lee?

—¿Sí?

—Anoche... esta mañana... todo. Gracias.

—¿Por qué?

—Por hacerme sentir... —se calla.

Espero mientras busca las palabras.

—Cuidada —dice en voz baja—. Es agradable.

La confesión me golpea en pleno pecho. Dejo los platos, me giro para mirarla de frente y le tomo el rostro entre las manos.

—Acostúmbrate —digo mientras le acaricio la mejilla con el pulgar—. Pienso cuidarte durante mucho tiempo.

Antes de que pueda responder, la empujo contra la nevera y la beso. La beso de verdad, profundo, intenso y posesivo. Se derrite contra mí con un suave gemido que me hace querer olvidarme de la iglesia y pasarme el día descubriendo cada sonido que puede hacer.

Joder. Nunca había querido escaquearme de mis obligaciones.

Cuando nos separamos, los dos respiramos con dificultad.

—Podrías haber tenido esto antes —digo contra sus labios—. Pero me hiciste esperar.

Se ríe, jadeante.

—Pero es mucho mejor sin el aliento de por la mañana.

Con un gruñido, nos doy la vuelta y la subo a la encimera de la cocina para que quedemos a la misma altura. Me rodea la cintura con las piernas automáticamente, y me acomodo entre ellas como si ese fuera mi sitio.

—Hola —murmuro mientras le coloco un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Hola a ti también.

La beso de nuevo, más suave esta vez pero igual de intenso. Cuando me aparto, me mira con una expresión que no logro descifrar del todo.

—¿Qué? —pregunto.

—Ya hemos hecho tres cosas —dice sonriendo.

—¿Tres cosas?

—De nuestra lista de anoche. Café juntos por la mañana, besarnos contra la nevera, y... —hace un gesto señalándonos—. Ahora la encimera.

—Parece que somos unos empollones —digo, y le robo otro beso lento y prolongado.

—Eso parece —murmura cuando por fin me aparto.

Miro la hora en el móvil y maldigo en voz baja.

—Tengo que irme. La iglesia empieza en una hora y tengo cosas que hacer.

—Ve —dice, pero me aprieta más con los brazos alrededor del cuello—. ¿Te pasas por el bar esta noche a hacerme compañía?

—Hecho —la beso una vez más, rápido e intenso, y luego me obligo a apartarme—. Te escribo después de la iglesia.

—Aquí estaré.

Cojo el casco y el chaleco, y me detengo en la puerta para mirarla. Sigue sentada en la encimera, con el pelo revuelto, los labios hinchados por mis besos, completamente desaliñada y absolutamente preciosa.

—¿Kya?

—¿Sí?

—La mejor puta noche de mi vida.

Su sonrisa podría parar el tráfico. —La mía también.

Camino hacia atrás por el sendero de su jardín. —Y eso que ni siquiera te he follado todavía.

Sonrío mientras echa la cabeza hacia atrás y se ríe.

El trayecto hasta la sede del club debería llevar menos de diez minutos, pero lo alargo a cuarenta tomando el camino largo por las colinas a las afueras del pueblo. Necesito espacio para aclararme las ideas.

Para cuando llego al aparcamiento detrás de la sede, la mayoría de las motos ya están ahí. La reunión empieza a las diez en punto y son las 9:55. Llego justo, pero eso no es nada nuevo.

Entro por la puerta trasera y me dirijo directamente a la capilla. Cojo un café de la máquina del pasillo. La sala ya está llena, con voces bajas y serias mientras los hermanos se acomodan en sus lugares habituales alrededor de la vieja mesa de madera llena de marcas.

Stone levanta la vista cuando entro y me repasa con la mirada experta de un padre que lleva décadas leyendo el estado de ánimo de sus hijos. Hay un pequeño fallo en mi plan de mantener en secreto lo que está pasando con Kya: llevo la misma ropa que ayer.

Joder.

—Llegas justo, hijo —dice con suavidad.

—Me quedé dormido —miento mientras me deslizo en mi asiento habitual entre Bones y Cash.

Bones me echa un vistazo y sonríe. —¿Noche dura?

—Algo así —murmuro mientras doy un sorbo al café, que sabe a aceite de motor.

—Muy bien, empecemos —dice Stone, golpeando la mesa con los nudillos—. Se abre la sesión.

La siguiente hora transcurre con los asuntos de siempre: actualizaciones de seguridad, próximos viajes, una disputa entre dos aspirantes que hay que resolver. Intervengo cuando es necesario, pero mi mente no deja de volver a esta mañana. A la sonrisa somnolienta de Kya, sus bromas, su sabor, el sonido que hizo cuando yo...

—Lo que nos lleva a la situación de Summit —dice Stone, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Alguna novedad?

Hawk se endereza en la silla. —Han estado callados desde su visita a Devil's. Mi instinto me dice que están tramando algo gordo.

—¿Qué hay de la abogada? —pregunta Duck—. ¿Josie está avanzando?

—Algo. Ha presentado las medidas cautelares preliminares para bloquear los cambios de zonificación, pero es un proceso lento. Podrían pasar meses hasta conseguir una audiencia.