Frío como la piedra 12 LEE #3
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12 LEE #3

—No tenemos meses —dice Axel con gravedad—. El recuento se cerró anoche. Se hicieron con dos de los tres escaños que perseguían.

Estallan las maldiciones alrededor de la mesa.

—Nos encargaremos —digo, interviniendo por primera vez—. Cueste lo que cueste.

Stone me busca con la mirada desde el otro lado de la mesa. —Has estado rondando Devil's. ¿Alguna noticia?

Hay algo en su tono. No es exactamente burlón, pero casi. Algunos de los hermanos intercambian miradas y me doy cuenta de que he caído de lleno en la trampa.

—Nada que no haya compartido ya —respondo con cautela.

—¿Y aun así merece tanta atención? —pregunta Duck, pero el viejo cabrón me está sonriendo.

El muy hijo de puta.

—Devil's es importante para la comunidad —digo, cruzándome de brazos, decidido a no dejarme arrastrar a sus putas gilipolleces.

—Claro que lo es —dice Cash con una sonrisa—. Y seguro que tu repentino interés no tiene nada que ver con la nueva propietaria, que está buenísima.

Mierda.

—¿Habéis terminado de tocar los cojones, cabrones? ¿O podemos volver a lo importante?

Hawk resopla. —Ni de coña. Tú nos diste la lata a Axel y a mí durante semanas, ahora te toca probar tu propia medicina.

—Yo no... —empiezo, pero me callo. Claro que lo hice. Vaya si lo hice. Maldita sea.

—¿Conocéis a la nueva camarera de Devil's, Mercy? Pues ella y yo estuvimos hablando anoche y resulta que nuestro hombre aquí se vio con Kya en su casa anoche. —Cash mueve las cejas de forma sugerente—. ¿Quieres compartirlo con el grupo, bombón?

La sala estalla en risas y silbidos. Bones me da una palmada en la espalda tan fuerte que me hace vibrar hasta los dientes, mientras Duck murmura algo de «ya iba siendo hora» por lo bajo.

—Esto es ridículo —protesto, pero nadie me hace caso.

Cash levanta la mano y silencia la mesa una vez más. —Y —dice, llevándose una mano al pecho con dramatismo—, parece que nuestro hombre aquí decidió no rematar la faena. Mercy me acaba de enviar un mensaje. Parece que Kya y Lee se lo están tomando con calma.

Como era de esperar, esto desata una nueva ronda de burlas. Sacudo la cabeza y les dejo desahogarse. Para mi desgracia, parece que Cash venía preparado para esto.

Se pone de pie con el teléfono en alto. —Abro una porra —anuncia—. Acepto apuestas sobre cuánto tardarán Lee y Kya en...

—Ni se te ocurra —le advierto.

—...se pongan horizontales —termina con una sonrisa.

—Yo entro —dice Bones de inmediato, echando mano a la cartera—. Veinte a que no llegan a final de semana.

—Estáis todos locos —digo, pero Duck ya está asintiendo con aire pensativo.

—Yo apuesto por dos semanas —dice—. El chico es terco, pero no es tonto.

—Cinco días —interviene Axel—. Esa mujer lo tiene loco. No aguantará más.

—Estoy aquí sentado, ¿sabéis? —les recuerdo.

—Tres días —dice Hawk en voz baja, y todos se giran para mirarlo. Se encoge de hombros—. ¿Qué? ¿La habéis visto? Es justo su puto tipo.

Las apuestas se disparan: los hermanos van gritando plazos y cantidades mientras Cash garabatea frenéticamente en el móvil. Hasta algunos prospectos se suman, juntando lo poco que tienen para apostar a largo plazo.

—¿Tú no apuestas? —le digo a Stone, que observa el caos con diversión apenas contenida.

Sonríe.

—Ya lo he hecho.

—Joder. Traicionado por mi propia sangre. Es inquietante, ¿sabéis?, apostar por esta mierda.

Stone se limita a sonreír.

Deja que las burlas sigan otro minuto antes de poner orden.

—Vale, vale, imbéciles. Ya basta. Tenemos asuntos de verdad que resolver.

Pero el daño ya está hecho. Durante el resto de la reunión, pillo a los hermanos sonriéndome y soltando comentarios nada sutiles sobre «encargarse del asunto» y «cerrar el trato». Cuando nos dan el visto bueno para irnos, estoy listo para partirle la cara a alguien.

—No pongas esa cara de amargado —dice Bones mientras salimos de la capilla—. Está bien verte contento por una vez.

—Siempre estoy feliz —protesto.

—Siempre estás conforme —corrige—. Hay una diferencia. Y lo que sea que esté pasando entre tú y Kya, te viene bien, hermano. Nos alegramos por ti.

—Tenéis una forma muy rara de demostrarlo —digo al fin.

Me da una palmada en el hombro.

—Eso sí, te agradecería que aguantaras otras veinticuatro horas. Me juego trescientos pavos contigo.

Le hago un corte de mangas y me dirijo a mi moto, pero sonrío a pesar de todo. Porque con todas sus burlas y sus apuestas absurdas, los hermanos tienen razón en una cosa.

Soy feliz. Más feliz de lo que he sido en años.

Y si eso significa aguantar bromas verdes y que apuesten sobre mí, es un precio pequeño por lo que sea que esto con Kya pueda llegar a ser.

El móvil me vibra mientras me pongo el casco.

Desconocido

Dile a tu novia que venda.

El buen humor se esfuma de golpe, sustituido por una rabia fría y concentrada.

Summit.

Hago una captura del mensaje y se la mando a Stone. Luego arranco la moto.

¿Quieren jugar? ¿Amenazar a Kya?

Muy bien. Pero han elegido mal la pelea y peor al rival.

Van a descubrir por qué meterse con el Stoneheart MC es el último error que cometerán en su vida.