Frío como la piedra 2 LEE #2
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2 LEE #2

—Esa chica volvió aquí por una razón, Lee. Quizás deberías averiguar cuál es esa razón en lugar de intentar pegarme por tomar una decisión.

Me giro y encuentro a Kya de pie en la puerta, con los brazos cruzados y los ojos echando chispas.

—Si vosotros dos habéis terminado de hablar de mí como si no fuera capaz de tomar mis propias decisiones, tengo un bar que dirigir.

La ira en su voz corta mi rabia protectora. Mierda. No quería que esto fuera así.

—Kya...

—No. —Levanta una mano—. Lo pillo. Lo primero que haces al verme es cabrearte porque estoy aquí. Mensaje recibido.

—No es eso...

—Tengo clientes.

Desaparece dentro y me deja en el callejón con la mirada cómplice de Devil clavada en la espalda.

—Arréglalo —dice sin más, y vuelve adentro.

Me paso las manos por el pelo, frustrado. No lo entiende. ¿Cómo iba a entenderlo? No sabe nada de las amenazas, de la gente desaparecida, del peligro real que supone Summit.

Cuando por fin vuelvo a entrar, está detrás de la barra, sin mirarme a propósito. El dolor se nota en su postura, y odio ser yo quien lo ha causado.

—Kya.

—¿Qué te pongo? —Su tono es frío, profesional.

Suelto el aire.

—Siento haber sido un gilipollas. No va contigo. Va con que Devil es un capullo. ¿Podemos empezar de nuevo?

Arquea una ceja y se queda callada.

Saco un billete de cincuenta de la cartera y lo meto en el bote de las propinas.

—¿Y ahora qué?

Me sostiene la mirada un momento, con una sonrisa reacia asomando en los labios.

—Puede. ¿Qué quieres beber?

—Ponme la cerveza más cara que tengas.

—Buena elección. Con dinero es más fácil perdonarte. —Se agacha, saca una cerveza de importación de una de las neveras, le quita la chapa y la desliza por la barra.

—Déjame empezar de nuevo. ¿Cuánto llevas en el pueblo? —pregunto, porque necesito saber cuánto tiempo he estado sin enterarme de que la amiguita de Emma se ha convertido en... esto.

—Una semana más o menos.

Una semana. Lleva aquí una semana y es la primera vez que me entero. En un pueblo de este tamaño, eso es casi imposible, a no ser que alguien lo haya ocultado a propósito.

—Mi madre murió —dice de repente, como si pudiera leerme la pregunta en los ojos—. Accidente de coche. Tuve que volver a ocuparme de todo.

Las palabras me golpean como un puñetazo.

—Joder, Kya, lo siento. No tenía ni idea.

—No tenías por qué saberlo. —Se encoge de hombros, pero hay dolor oculto tras ese gesto despreocupado—. Me dejó algo de dinero. Y surgió esta oportunidad.

—¿Y decidiste comprar un bar?

—Es una buena oportunidad. Devil me hizo una oferta y... aquí estamos.

Aquí estamos, desde luego. La mejor amiga de Emma ha vuelto, es la dueña del bar, y yo me he pasado cinco minutos mirándole el culo como un salido. El día no para de mejorar.

Echo un vistazo por encima del hombro y veo a Devil al acecho en el pasillo. El muy cabrón. Sabe la mierda en la que está metido el pueblo y aun así decidió venderle a Kya.

Se me tensa un músculo de la mandíbula mientras me vuelvo hacia ella. Ya hablaré con él más tarde.

Antes de que pueda decidir qué contestar, la puerta se abre y entra Cash, seguido de Mack y Bones. Se ríen de algo y traen consigo el frío de la noche. Sus voces resuenan por el local, y veo que Kya se tensa un poco, con los ojos siguiendo sus movimientos.

Todavía no me han visto, pero no tardarán. Y cuando lo hagan, van a querer que les presente a la nueva dueña. Van a mirarla como yo acabo de mirarla, y por alguna razón eso hace que algo oscuro y posesivo se me retuerza en las tripas.

Lo cual está jodido a unos diecisiete niveles distintos.

—Debería irme —digo mientras me incorporo.

—No tienes que...

—Sí, tengo que irme. —Dejo un billete de veinte en la barra, demasiado para una cerveza, pero parece que mis manos no obedecen a mi cerebro ahora mismo.

Asiente como si lo entendiera, pero ¿cómo iba a hacerlo? No sabe nada de los asuntos del club, ni del equilibrio delicado que tengo que mantener como ejecutor. No sabe que se supone que soy el que mantiene a todos a raya, no el que pierde el norte al ver a una vieja amiga.

Una vieja amiga que no se parece en nada a la chica que conocí. ¿Y ahora? Ha vuelto, es toda una mujer, y demasiado sexy para mi tranquilidad. Y, siendo sincero, una amiga que sin duda va a protagonizar mis fantasías más guarras.

—Lee. —Mi nombre me detiene a medio camino de la puerta. Cuando me vuelvo, me mira con una expresión que no sé descifrar—. Me alegro de verte.

Las palabras son sencillas, pero me golpean más fuerte de lo que deberían. Porque, a pesar de la confusión, yo también me alegro de verla.

Demasiado.

—Sí —digo, con la voz más ronca de lo que pretendía—. Tú también, cría.

La palabra cría sale sola, y en cuanto la suelto, hago una mueca. Odio que me llamen así. Cada vez que alguien lo hace, es como si borraran todo lo que he pasado. Y aun mientras lo digo, sé que no encaja. Kya no es una cría en absoluto. Hace mucho que dejó de serlo.

Veo cómo se le enfría la expresión y la sonrisa se le borra. Da un pequeño paso atrás, y noto la disculpa formándose en la punta de la lengua.

Joder.

Necesito largarme de aquí antes de hacer alguna gilipollez.

Empujo la puerta y salgo al frío de la noche. Me monto en la moto, agradecido cuando el motor ruge y cobra vida, ahogando la música del bar y el ruido de mis propios pensamientos, que no paran de dar vueltas.

Kya Sullivan ha vuelto.

Kya Sullivan es la dueña del Devil's Bar.

Kya Sullivan está para pecar.

Ni se te ocurra, Armstrong.

Piso el acelerador y salgo disparado del aparcamiento, pero no logro escapar de la sensación de que todo se acaba de complicar. El orden meticuloso que mantengo, las reglas que impongo, las líneas que nunca cruzo. De repente, todo es mucho menos claro que hace una hora.