YO SOY…
— Dear lord, ya me pareció que había visto algo. ¿Todo bien en el agua? Un poco lejos de la costa para un chapuzón. Venga, no seas vergonzoso, sube a bordo.
El velero había rodeado al náufrago en una larga y bien realizada maniobra, deteniéndose cuidadosamente al lado.
En la popa, con elegantes letras negras, lucía inscrito el nombre del buque salvador: Spartacus .
Se vio forzado a entornar los ojos para no deslumbrarse y logró distinguir a un esbelto caballero con una inmaculada camisa rosa, pantalón corto azul y una poblada cabellera plateada.
Un nervudo y fuerte brazo ayudó al señor Pons a subir a la embarcación.
Feliz de alejarse de la biodiversidad marina y de encontrarse de nuevo en dominios de lo humano, sin considerar su desnudez, se tiró a la cubierta.
Sentía que lo único que aliviaría el dolor de las extremidades sería arrancárselas.
La sal le quemaba la boca, y era incapaz de conseguir que el vaivén de las olas le dejara concentrarse en la realidad.
—¡Pero bueno, joven! Toma una toalla. Siento que aquí hay una historia.
Mirtylo escupió agua, tosió y se revolcó .
A través de todo aquel delirio, notó una punzada de agradecimiento a quien le ofrecía taparse:
—¿Eres…? —su frase se quedó en un quejido salado.
La blanca sonrisa que decoraba la fisonomía del impoluto galán que lo había rescatado se torció en una mueca de preocupación, y con un movimiento fluido se metió en el camarote.
—Me he quedado sin Evian. Lo único que he podido encontrar es esto. —El anfitrión reapareció con una champanera, dos copas coupe redondeadas y planas, y un mundano táper hermético, lleno a partes iguales de cerezas y fresas—. Toma un poco, te ayudará a reequilibrar el pH.
Se trataba de un espumoso a la temperatura ideal, pero Mirtylo estaba demasiado destrozado como para distinguir la etiqueta.
Apartó la mano que le ofrecía una enclenque copa y se agarró a la botella, bebiendo directamente tragos largos, hasta que por el efecto de la avaricia y el gas del champán un chorro de burbujeante líquido le salió por la nariz.
Cuando los conductos dejaron de arderle, se incorporó, sujetándose a una bancada acolchada y tapándose con la toalla.
Miró alrededor.
«¿Habré tragado demasiada agua salada? Estaba ya a punto de… ¿Qué habrá pasado con Buzo? No veo opciones para él. Sigo respirando, eso es importante. El caso es que tengo mucha sed, y hambre, y estoy cansado. Necesito descansar. Espera, ¿de que conozco yo a este tipo?».
—¿Eres…? ¿Eres M. D. el actor? —por fin expresó.
—No solo actor, también marinero. ¡Hoy es tu día de suerte! Y da gracias a que la hipermetropía hace lo suyo. De lejos veo como un águila, pero hacer un crucigrama sin gafas, ya es un verdadero reto.
Mirtylo trasladó toda su atención a la fruta de cortesía. Hacía tiempo que nada le sabía tan bien. Tal vez Victoria, pero eso parecía el pasado lejano. De refilón, vio que el actor le observaba, mientras hablaba con una voz que Mirtylo sólo conocía de las películas:
—He estado en fiestas bastante salvajes —M.
D. se sentó a su lado—. Una vez me desperté abrazado a Danny D.
y a una alpaca con sombrero. Verás, estábamos rodando en un pueblecito encantador en mitad de la nada, en México.
¿Cómo se llamaba? Algo parecido a Osaka del Campo…
No importa, y déjame decirte una cosa: cuidado con el mezcal.
Pero encontrarse desnudo en mitad del mar a estas horas, eso es una fiesta a nivel profesional. Bien hecho, ¡cuéntame los detalles!
Mirtylo trató de levantarse y volvió a colapsar sobre el banco.
Solo pudo agarrarse a la toalla a modo de protección.
Necesitaba tiempo para recomponerse. Sacó un puro de la bolsa impermeable y mecánicamente ofreció uno a M.
D., que lo rechazó con un gesto, actuando como si el rescate de náufragos que cuentan con su propio alijo fuera lo más natural del mundo.
Mirtylo mordió el tabaco y a su vez rechazó la lumbre que le ofrecía el anfitrión.
Se ajustó el reloj a la muñeca. Esos pequeños gestos lo devolvían al mundo de los vivos.
—¿M. D.?
—¡En carne y hueso! Mi barco es tu barco, amigo. Son las siete de la mañana del viernes, por si necesitas un punto de referencia. El momento ideal para pescar. Ya sabes lo que dicen: el pájaro tempranero consigue la lombriz.
Mirtylo miró alrededor: la única caña que había estaba tirada en un rincón, sin hilo en el carrete. El actor siguió la mirada del inesperado invitado.
—Tienes buen ojo, ¿no serás abogado? Porque si es así, te devuelvo al agua.
Vale, me has pillado. Lo cierto es que no me gusta el olor a pescado, incluso la idea de molestarlos en su día a día, ahí en el fondo el mar…
Todo el asunto me incomoda. Creo que llegué a mi límite de pescado crudo en un a película que hice en Tokio.
Andy y yo nos lo comimos todo, una experiencia total.
Y justo el día antes de volar de regreso, boom , la peor intoxicación de mi vida.
No he vuelto a tocar unos palillos. —Contempló el horizonte—.
Me gusta salir a dar una vuelta, es relajante, muy inspirador, grandes ideas, reflexiones.
En casa siempre tenemos críos, gente, llamadas.
Dispárame si quieres, es mi momento de paz.
Pero basta de batallitas mías. ¡Cuéntame, muchacho!
Me encantan las buenas historias. Para algo he hecho una fortuna con ellas. ¡Soy todo oídos!
Mirtylo no tenía fuerzas para combatir lo bizarro de la situación, es decir, el contraste entre una inminente muerte por ahogamiento y un velero de lujo; simplemente había sucedido y aceptaba agradecido, aunque desconcertado, uno de esos momentos que solo Mallorca puede ofrecer.
Decidió sincerarse con su salvador.
Lentamente, haciendo pausas, y animándose con el espumoso, lo contó todo, tanto su parte como la de Buzo, y aunque a priori pensaba omitir algunos detalles, al final la historia que oyó el actor y la vivida por él mismo eran casi idénticas.
—¡Eso es un hell of a story ! Una pizca fantasiosa tal vez. Pero es verdad que el público actual necesita aventuras. Ya no aguanta el ritmo pausado de antaño. Oye, ¿has pensado en vender el concepto?
—La verdad es que no. He estado liado.
—Dale una vuelta. Porque aparte de actor, la profesión me ha obligado a escribir un poco y…
—remarcó con un brillo en los ojos—: sobre todo a producir.
Joven, ahí hay algo con lo que trabajar.
Por supuesto, es sólo un concepto y habría que añadirle unos filtros actuales, desarrollar el guion, buscar inversores…
Mucho trabajo, mucho, pero me gusta. Es fresca.
Oye, deja que te invite a desayunar. Creo que tenemos gente en casa, pero uno más no incomoda .
M. D. se levantó, volvió a llenar la copa de Mirtylo y puso rumbo a la costa. Seguía hablando mientras navegaba, con la confianza de que su entrenada voz se oía y era inteligible en todo el barco.
—¡Has volado muy cerca del sol, muchacho!
Permíteme un consejo no solicitado: encuentra una buena chica, esa Victoria, por ejemplo.
Suena a mujer de armas tomar. Déjale claro que le quieres hacer unos cuantos críos y disfruta de la vida antes de que se acelere.
Aquí en el mar no existe el tiempo, te obliga a estar presente.
Por cierto, ¿qué hora es? Vamos a llegar justos.
Mira, ve al camarote, y en el armario de la derecha creo que hay algo de ropa de repuesto.
Ah, y ni una palabra a Kate sobre las burbujas —se frotó el cuello mientras lo decía—.
Aunque, por supuesto, lo sabe todo. Las mujeres siempre lo saben todo, pero hay que mantener las apariencias.
Mirtylo reapareció con un sencillo polo blanco, unos pantalones cortos parecidos a los del actor y unas gastadas sandalias de piel.
—¿Seguro que no le importa, señor M. D.? —Aquella generosidad le infundió respeto.
—¡Oh, por favor! ¿Para qué tiene uno, si no es para ayudar a los perdidos?
Y hablando de la historia, verás, Mirtylo, ¿Era Mirtylo, no?
En tu historia quedan varios cabos sueltos.
Para empezar, necesitamos alguna pelea con el malvado, algo a puño limpio, un buen clímax, ya sabes, cara a cara y con buena iluminación, que la sangre vuele hacia la cámara.
Y luego, ¿cómo llegaron todas esas monedas a la cripta enterrada?
Ah, y recuérdame agrandar el rol de Victoria, demasiado pasiva, demasiado guapa…
Eso ya no se estila. Pero tranquilo, no se suele tener todo en el primer borrador.
No te preocupes, contrataremos a algún escritor que nos rellene los huecos.
Como te he dicho, el proyecto requiere trabajo e inversión. Por cierto, ya hablaremos del precio.