Fortuna en Mallorca SALVAJE Y AUTÉNTICO
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SALVAJE Y AUTÉNTICO

Alistair escuchó un tintineo metálico en el depósito, sin comprender lo que pasaba.

Una fina lluvia de gasolina lo estaba embadurnando y notaba picor en brazos y cara.

Era como si le hubiese golpeado una rama húmeda; en este caso una rama compuesta de plomo que vuela a doscientos veinte metros por segundo.

El motero agarró el manillar con fuerza y aceleró por instinto.

Una segunda nube de perdigones voló hacia él, con impacto en los nudillos.

Volvió a escuchar el desagradable tintineo metálico de los perdigones al golpear el chasis y los triples faros delanteros de la Harley.

Lo siguiente que vio, de nuevo sin entender nada, fue unas perezosas lenguas de fuego subir por las manos, envolviéndole y ardiendo por la camisa de seda.

Llamas anaranjadas, lascivas y caprichosas en mitad de la noche.

Continuaba ardiendo lentamente. El fuego, ascendiendo por el cuello, envolvió toda la cabeza.

Un cráneo tatuado miraba la oscuridad entre llamas.

Alistair estaba cumpliendo al fin su sueño: convertirse en un infernal, genuino y auténtico ángel caído.

Aun así, la moto avanzaba en la noche, rompiendo la tranquilidad campestre con su rugido.

Entonces lo notó, y comprendió todo: el dolor, la carne quemada, el aire agrio en los pulmones…

Pero era demasiado tarde: no pudo ver la curva que se aproximaba y se estrelló con chirrido de metal contra el muro de piedra rústico que separa la carretera del campo mallorquín.

La mente de Alistair apenas tuvo espacio para un último pensamiento antes de que una crepitante y anaranjada oscuridad lo envolviera:

— Fucking locals .