LANZAMIENTO DE PIEDRAS MODERNIZADO
Victoria separó y enraizó las piernas como le enseñó su familia, firmes pero flexibles, igual que un árbol.
Ante ella, a cuarenta metros de distancia, un tramo recto y estrecho de la carretera que conducía a la finca de Alistair se alineaba en la mira de los dos cañones.
Se recolocó ligeramente ladeada en un promontorio oculto por zarzas y entornó los ojos para que los faros no le deslumbraran.
Alistair se lo ponía fácil. Le oyó llegar :
—Por una vez agradezco que esas grotescas máquinas hagan tanto ruido.
Quitó el seguro y elevó la escopeta. Estaba furiosa pero a la vez relajada.
Podía ver perfectamente la inequívoca cabeza rapada avanzar hacia la mira, acompañó el blanco con el arma y avanzó el objetivo un par de cuerpos a la derecha, anticipando la posición de Alistair en movimiento.
Esperó… y sintiendo el momento justo, apretó el primer gatillo, y con un ligero retardo para reajustar la posición, hizo lo mismo con el segundo.
Se retiró con rapidez sin quedarse a ver el resultado, susurrando hacia la noche:
—Largo de mi isla.