Fortuna en Mallorca AMENAZA EN CIERNES
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AMENAZA EN CIERNES

«La fiesta ha transcurrido entretenida, hasta he ganado algo de dinero, he dado su merecido a esos dos imbéciles: a Mirtylo y su acompañante psicótico». Es verdad que Cordero se le había escurrido entre los dedos, pero ya saldarían deudas en el infierno.

Bien. Volvía a sentirse un depredador, un megalodón en un estanque rebosante de jugosos atunes. La isla le daba todo lo que quería. Había hecho suya esta tierra.

—Soy el fucking amo.

Solamente un par de cosas menores le inquietaban: Bruto y Hans tardaban demasiado en llegar, y esa tonta de Victoria no le prestaba el debido respeto.

Pero hoy se ocuparía de todo, él mismo, sin delegar.

Llevaría a Victoria al cuarto de la colada, jugarían un rato, se enteraría de todo lo que había conspirado con ese Mirtylo y se demostraría a sí mismo que estaba en plena forma.

Saboreó el frescor de la madrugada que le llenaba los pulmones. La anticipación le hacía vibrar:

—Por fin probaré un trozo de ese pastelito.