Fortuna en Mallorca AMENAZA TANGIBLE
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AMENAZA TANGIBLE

Con paso más rápido de lo normal y una sensación de vértigo succionador en la boca del estómago, Victoria volvió a llamar a su padre. No hubo respuesta, ni en el móvil, ni en el trabajo, ni en casa.

—No será nada. Papá siempre es un caos.

Se apresuró sorteando turistas mientras cruzaba la Plaça Major, y bajó a grandes saltos hasta la Rambla buscando con la mirada el puesto de numismática, oculto entre frondosos plátanos de sombra.

Reduciendo el paso y aparentando tranquilidad, se aproximó al puesto.

La persiana metálica estaba echada, pero sin candado.

—Cada vez se olvida de más cosas .

El pequeño habitáculo apestaba al familiar olor a tabaco, aunque en esta ocasión percibió notas discordantes: una pizca de cabello quemado mezclado con un extraño toque a electricidad.

Las luces estaban apagadas. Buscó el interruptor, pero antes de pulsarlo pisó algo blando.

Más que ver, intuyó: había una sombra colapsada en el suelo.

—¡Papá! ¿Estás bien? —Notas de emoción tintaron la voz de Victoria mientras se lanzaba al cuerpo, que tenía un folio sobre la espalda.