Fortuna en Mallorca INVITACIONES ENVENENADAS
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INVITACIONES ENVENENADAS

—Insisto, sweetie pie : ven a mi finca.

—Alistair, no tengo tiempo. Mándame un mensajero con el dinero y otro día te invito a comer, ¿vale?

—Justo podemos hablar de eso en la fiesta. Necesito tu ojo experto para valorar un par de objetos. Venga, dime que sí… ¿Cuánto quieres por la noche?

—Lo siento. Hoy imposible. —Victoria oyó que la pesada respiración de Alistair se alejaba del auricular, después un golpe sordo y el quejido de alguien.

— Fine. Por cierto, ¿has sabido algo de mi vendedor, ese tipo que tiene un nombre exótico?

—Nada de nada —mintió Victoria, y de nuevo percibió un silencio.

—De acuerdo. Nos vemos pronto, sweetie pie . Salúdame a tu padre .

Victoria colgó la llamada y se quedó mirando la pantalla, preocupada. De repente se activaron todas las alarmas vinculadas a un instinto tan básico como el de supervivencia.

—¿Qué ha querido decir con lo de papá? —Marcó el número de su padre; el tono de espera le golpeaba el tímpano con inusitada agresividad—. ¿Todo bien?

—Hola, hija —respondió la rasposa voz del numismático—: Aún estoy en la Rambla. ¿Necesitas algo?

Victoria dudó. Por una parte, se había sentido amenazada por Alistair, y además sabía que tenía una reputación alejada de lo que la gente corriente consideraría inmaculada.

Pero durante años no había tenido ninguna queja de él como cliente.

Como ser humano y hombre, era repugnante, pero como cliente…

Tampoco le había hecho a ella nada para que de repente estuviera temerosa, aunque ese tono de voz…

Lo gris de su negocio se estaba volviendo negro.

—Hija, ¿sucede algo? ¿Te has metido en un lío? Siempre te digo que hay que trabajar con gente que aprecie el arte, no con especuladores. Ten cuidado y ven a verme. Pasa por casa, tomaremos un té.

—Nada, papá… todo bien. Solo quería saber qué tal te había ido el día.

Victoria no conseguía tranquilizarse. Colgó y escudriñó el teléfono buscando una respuesta que sabía que no podía encontrar en el aparato.

—Algo terrible va a suceder en esa finca. Maldito Mirty y su misterio. No tengo ni su número.