REMORDIMIENTOS
—¿Por qué lo habré complicado?
No podía evitar darle vueltas a la rapidez con la que había terminado en la cama de un desconocido.
En su cabeza, los vivos ojos del misterioso Mirtylo se transformaban en áureos dorados mientras la sombra de Alistair se cernía sobre él.
Todo, con ella en el centro de su polvorienta tienda.
Eso era el arte, eso era la historia: sangre, pasión, unos segundos de decisión que se fijan en la memoria por los siglos de los siglos…
Ya sabía lo que pensaba hacer el fin de semana. Hacía mucho que no salía al campo.
La experta en antigüedades desconectó el modo avión del móvil y empezó a recibir un torrente de llamadas, mensajes y mails hasta ese momento ignorados.
—Ya está Ali persiguiéndome.
Procrastinó un rato devolverle la llamada.
En su lugar, revisó mails de trabajo, respondió uno de los típicos mensajes de media tarde de su padre, mandó un «cañas pronto» a un grupo de amigas…
Y ya, por último, se mentalizó para visualizar esa comisión pendiente pero tan necesaria, y sonrió forzadamente a la pantalla mientras marcaba el número de Alistair. Comunicaba.