Fortuna en Mallorca LA DESCONFIANZA TIENE RECOMPENSA
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LA DESCONFIANZA TIENE RECOMPENSA

—¿Por qué me preguntas tanto por Mirtylo?

—una voz femenina sonaba al otro lado de la línea—.

¿No he hecho lo que querías, Ali? Te encontré la moneda que buscabas, y no es que entrara sola rodando a mi tienda, ¿sabes?

Deberíamos estar hablando de mi comisión.

¿Qué? No. Solo me ofreció una para vender, nada más.

No lo sé. ¿Cómo quieres que sepa si tenía más?

Ya lo conociste, ese Mirty miente más que habla.

Lo sé, lo sé… No seas pesado, Alistair. Te he dicho que no lo conocía de nada.

Claro, te llamaré si se pasa por aquí. ¿Por? ¿Ha pasado algo?

La línea se cortó.

Un furioso Alistair dejó de mirar con el cogote a los, algo desmejorados, Hans y Bruto, y fijó sus afiladas pupilas en ellos. Los pluriempleados policías no sabían qué era mejor: si las cuencas tatuadas vacías, o las reales. Ambas transmitían un poder violento por igual.

—No me fío de esa pajarita, me la está jugando. Mantenedla vigilada.

—Sí, presidente.

—Pero no la caguéis, fuckers .

—Sí, presidente.

—Usad a los demás si lo necesitáis. Y decidle a Pavel que entre.

—Sí, presidente.

—Si juegas con fuego, sweetie pie , te abrasarás.

—¿Decía, presidente?

Sonó un golpe. Alistair pensó una última vez en Victoria, pero no le dedicó más tiempo; tenía que centrarse en ultimar los detalles de una de sus legendarias fiestas.

Bruto se alejó renqueante.