Fortuna en Mallorca NOCIONES BÁSICAS DE CONTRABANDO
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NOCIONES BÁSICAS DE CONTRABANDO

Stalin se agarraba a la consciencia con ambas manos, y con el resto de extremidades también, mientras su corazón se esforzaba en compensar el poco volumen de sangre que circulaba por su organismo.

Cordero daba órdenes:

—Buzo, dale de beber y ponle el uniforme.

Acuérdate de rasgarlo donde la herida. Atentos, la historia es la siguiente: volvíamos de nuestra patrulla sin ningún incidente, un día aburrido.

Antes de salir a la carretera en El Hacha, un rebaño de ovejas nos ha bloqueado la carretera, no vimos al pastor, no hicimos otra cosa más que esperar para seguir de buenas con los locales.

La espera se alargaba y aprovechamos para echar una descarga fisiológica.

A saber lo que movimos nosotros o las ovejas, pero lo siguiente que escuchamos fue un petardazo y Stalin sintió el pinchazo.

Le limpiamos, paramos la herida y seguimos de camino echando mistos.

¿Entendido? La culpa fue mía por dejaros merodear.

Y no, no hemos visto lo que ha explotado, no hemos visto ninguna oveja reventada.

Puede que esté, pero no la hemos visto. Tampoco sabemos lo que ha explotado, pero no era un IED, era una explosión floja. ¿Me escucháis?

—A sus órdenes, mi cabo —dijeron Buzo y Stalin, este con debilidad.

—Buzo, quédate al lado del vehículo. Y cuando me lleve a todos, guarda las bolsas dentro del VEC con la transmisión rota. ¿Sabes cuál es? El de la esquina. Haz caso a papá Cordero, que la fortuna sonríe al soldado viejo.

En la base Miguel de Cervantes todo transcurrió tal como había planeado Cordero. El pálido teniente, a momentos con peor aspecto que Stalin, no causó problemas y se fue a gestionar el papeleo. A Stalin se lo llevaron a los galenos, y el día se cerró con la fluidez que había faltado al comienzo.

Ya con Stalin fuera de combate, Buzo y Cordero se ocuparon de la logística del retorno.

Las autoridades libanesas sufrían repentinos ataques de hostilidad y revisaban cada maleta visible buscando armas, antigüedades, tabaco, pero lo que más buscaban era incrementar, a base de multas, las reservas de divisas de su banco central.

Ante lo copioso del botín, meter todas esas monedas en los petates quedaba excluido.

Cordero renunció a su plan original, que era mezclar antigüedades reales con suvenires que había comprado en Tiro; sólo se arriesgó a usar ese método con el gladio y las cuatro chucherías que encontraron en forma de figurita, dados y anillos, y en un último e impulsivo segundo no pudo evitar guardarse en la cartera una moneda a modo de recuerdo.

Fue entonces cuando Buzo le sorprendió demostrando iniciativa y proponiendo un método alternativo de transporte: a través de un conocido de la brigada logística había conseguido hueco en un contenedor marítimo que usaban para transportar material militar, saldrían de la base sellados y no pasarían aduana alguna.