Fortuna en Mallorca EL INTERIOR ES LO QUE CUENTA
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EL INTERIOR ES LO QUE CUENTA

—¿Por qué tienes tan claro que tenemos que ver al intendente? —habló Buzo.

—Es el último que vio el cargamento. Además, ¿nunca te has llevado un lápiz de la oficina?

—¿Quién eres?

—¿Has recordado ya dónde está Cordero?

—No me fío de ti.

—Fabuloso. Muy sensato por tu parte. ¿Sabes?, te queda bien ese color. Ahora tienes aspecto de hípster. Aún podremos hacer un millonario áureo de ti .

Llegaron a Inca en menos de una hora, en la que Mirtylo respetó escrupulosamente los límites de velocidad para no atraer la atención de las autoridades afines a Ali.

Inca era una población que en doscientos años no había tenido ninguna idea de negocio mejor que hacer zapatos.

El boom turístico había dejado de lado esta zona, y la ciudad se percibía amodorrada.

Aparcaron en una callecita de las afueras, frente a una señorial casa de pueblo de dos pisos.

Un par de años atrás Buzo fue convidado a una aburrida y escueta comida en la que conoció a la mujer del intendente y a sus cabezones y ruidosos hijos.

Siempre evitó repetir aquella soporífera experiencia, pero recordaba la dirección. Esperaron.

El señor Pons mascó un puro. Le iban quedando pocos.

—Venga, vamos a por él —se impacientó Buzo.

—Un momento. ¿Cuánta gente vive en esta localidad?

—Unos veinte mil locales, y unos diez mil forasteros, casi todos sureños.

—Un pueblo, entonces. Se conocerán todos. Vale, espérame en coche, te dejo sin llaves, ¿vale? Si ves a tu amiguito, no te muevas.

Mirtylo se acercó al estanco y entabló una conversación sobre puros con la amojamada estanquera, que estaba encantada de pasar la tarde charlando sobre los últimos cotilleos del lugar.

—Vaya, otro divorcio. La moral se va por los suelos —le seguía el hilo Mirtylo—: ¿Sabe? Seguro que será por dinero. Apuesto a que no pasaría si de repente él hereda una fortuna, o asciende en el trabajo o… le toca la lotería o algo así.

—Está usted en lo cierto, totalmente en lo cierto —la señora conservada en nicotina siguió la cháchara—: Mire, por ejemplo, el joyero al que le tocaron millones en la lotería de Navidad, este mismo diciembre.

Se decía que tenía unas peleas en casa… pues de repente pararon.

¡Madre del amor he rmoso! Mi hermana vive pared con pared, y a ella solo le tocó el reintegro…

—¿Ese es el militar?

—No, se equivoca. Es su cuñado, pero no se parece en nada a la hermana. Con ese dinerito yo haría un crucero, ¿sabe?, mi amiga Marga está siempre de crucero. Tuvo un marido que le dejó una pensión excelente.

Mirtylo regresó al coche con una sonrisa y un puro fresco en la boca.