CONEXIÓN ENTRE PROVINCIAS IMPERIALES
Cordero ya tenía todo apalabrado dentro de la base.
Oficialmente, le mandaba un joven teniente recién despachado de la academia que no lograba reflejar en la realidad el poder del rango, especialmente con alguien tan curtido como Cordero.
El cabo le contó una historia sobre elementos sospechosos que había observado en las inmediaciones del colegio en construcción, y que en su humilde opinión sería beneficioso patrullar la zona adoptando una operativa de postura, presencia y perfil (PPP), si, por supuesto, su superior tenía a bien dar esa orden.
El teniente le agradeció la sugerencia, se ofreció a participar y suspiró tranquilo al saber que ni su presencia ni la toma de decisiones por su parte eran necesarias.
Eso sí, el teniente hizo el papeleo e incluyó a la patrulla de Cordero en la Daily Tasking Order ; cubriendo así las espaldas a Cordero por si llegaba a ocurrir algún incidente en las inmediaciones de El Hacha .
Los tres soldados recorrieron Echo Road en su todoterreno militar color blanco de la ONU, enfrentándose a los conductores locales, que se comportaban cual chihuahuas frente a un mastín: consideraban que sus tartanas de los ochenta tenían la misma, o incluso, más prioridad que un vehículo de alta movilidad táctico de dos toneladas.
El nevado Monte Hermón, apostado a la derecha del camino, con sus considerables dos mil ochocientos metros de altura, vigilaba el progreso de los soldados.
Stalin, que dormitaba por el efecto conjunto del desayuno y de recorrer una carretera a estas alturas ya harto conocida, dio un respingo en un bache y murmuró entreabriendo los ojos lentamente:
—¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?
—¿Qué demonios…? ¡¿Qué dices?! —Buzo gritaba por encima del traqueteo.
—Eh… nada, estaba pensando en mi nona. Le encantaría visitar todo esto y me ha venido a la mente algo que solía decirme a menudo. —Se despertó del todo—. He leído por ahí que esa montaña es uno de los sitios que Jesús visitó.
—Mucha religión y lo que quieras, polluelo, pero aquí se pelean por un recurso en concreto. De esa montaña es de donde todos sacan el agua —suspiró Cordero.
—Mi cabo, ¿es ahí mismo donde están las antiguallas, en la montaña?
—Eso es, esperándonos. Solo hay que cruzar a Siria.
—¿Y podemos fiarnos de estos cabeza-toalla? Porque parece que miran desde lejos, se hacen los simpáticos, pero hay algo en sus ojos que me rechina. Son turbios, como si se guardaran algo —dijo Buzo.
—Para empezar, estos con los que tratamos son maronitas, de los de la cuerda de Stalin, así que nada de toallas.
Un respeto por nuestros anfitriones. No confundas la aparente pobreza con primitivismo.
Estos saben más que tú y yo juntos, viven con miles de años de historia como si fuera el presente.
Así que, mantened la boca cerrada y atended.
—¿Has dicho Siria? Espera, ¿no están en guerra? —preguntó Stalin, a quien la misión le empezaba a escamar.